viernes, 1 de agosto de 2014

Mi experiencia con: Béaba Babycook® Solo


He pensado que de vez en cuando iré publicando algún post explicando mis experiencias con los distintos productos que he ido comprando o me han regalado desde que nació mi primer hijo.

La Babycook® me la regalaron, pero la verdad es que es una de las cosas que pensaba comprar yo misma. Había escuchado maravillas sobre ella y me parecía algo muy práctico.
Empecé a utilizarla en marzo de 2013 (que es cuando mi hijo empezó a comer sus primeras papillas) y hasta ahora, agosto de 2014 aún la sigo usando. 

Se trata de un robot de cocina al vapor para las comidas de los bebés. Descongela, calienta, cocina y tritura.
Su principal ventaja es que en apenas 10-15 minutos tienes una papilla completa y 100% casera lista para comer. Además solo ensucias dos cacharros, que se lavan en un segundo a mano o en el lavavajillas.

Su funcionamiento es de lo más simple. La jarra contiene tres medidas (nivel de agua 1, 2 y 3), que se usan dependiendo de la cantidad o el alimento que vayas a cocinar. 
Por ejemplo, yo para hacer una papilla con pollo, calabaza, judías, calabacín y patata, llenando el cestillo de cocción hasta arriba, uso el nivel 3 de agua. Midiéndolo con la jarra, hay que depositar el agua en el agujero que hay en la parte superior. Encajas la jarra en su compartimento, introduces el cestillo de cocción en la jarra, cierras la tapa superior y le das al botón de cocinar. 
En unos 15 minutos, la máquina pitará diciéndote que ya está la comida lista.

Al abrir la tapa, todos los alimentos están cocinados al vapor en el cestillo, solo hay que sacarlo y reservarlo a un lado. En el fondo de la jarra queda el caldo de cocción, yo lo pongo todo en un vasito y así puedo dosificar mejor la cantidad que voy a necesitar.
En la jarra se ponen todos los alimentos y se añade la cantidad de caldo según el gusto de cada uno. Se pone la tapa antisalpicaduras y se cierra la tapa superior. Damos al botón de triturar y ya tenemos la comida de nuestro peque lista para dársela.

Después de todo este proceso, el cual apenas dura 2 o 3 minutos, la comida suele estar bastante caliente  para dársela al bebé, según el tiempo que hayas dejado pasar desde que pitó la máquina, o si hace frío o calor. ¡Hay que comprobarlo siempre!

Yo, como estoy en casa, siempre lo preparo al momento, pero la mayoría de gente suele preparar y hacer raciones para congelar. Mi hermana lo hace así y queda estupendo.

Cuando empiezan con las papillas, con el cestillo hasta arriba tenía para dos raciones, pero Diego sobre los 9 meses ya se lo zampaba todo de una vez. El tema de las cantidades depende mucho de cada bebé. 

Al principio la empecé a usar para hacerle compotas, que se supone que son más digestivas. Salían genial, mi marido rebañaba todo lo que se dejaba el peque, estaba encantado. Después empecé a prepararle la típica papilla de fruta en crudo, pero no tenía mucho sentido hacerlo en la máquina. Con la minipimer se tritura mucho mejor y es más práctico.
Hasta que no empezó a cenar, la hacíamos trabajar una vez al día, porque un buen día ya no quiso más compotas.
En estos 16 meses hemos usado la Babycook una media de dos veces al día mayormente. Nunca me ha fallado en todo este tiempo.
De hecho, aún la sigo usando depende de lo que haga de comer en casa. O si Diego no ha comido mucha "comida de mayor" le preparo un papillón cada vez que me parece.

Solo tengo una queja importante: la cuchilla. Tritura correctamente, pero según que tipo de carnes, cuestan mucho de triturar. La ternera, por ejemplo se le resiste bastante.

Creo que hay tres puntos de la máquina que son mejorables:
- La cuchilla.
- El botón de triturar debería tener una posición fija, para así no tener que estar accionando todo el tiempo el botoncito y poder hacer otra cosa en ese momento. Aunque ciertamente no se tarda mucho tiempo en esta operación, a mi en esos momentos de comidas me falta tiempo para todo, jaja.
- La calidad del plástico de la jarra. Se ha usado muchísimo, sí, pero enseguida se deterioró. Esta bastante hecha polvo, muy rayada y gastada, pero no afecta al funcionamiento de la máquina.

En general, creo que es un producto muy recomendable. Es muy práctico y rápido, algo que se agradece mucho cuando vas falta de tiempo, que con un bebé es casi siempre. Mi madre la adora, dice que a ella le hubiera encantado tener un cachorro así en su época.
Además, el tipo de cocción al vapor es de lo más sano que hay, y añadiendo un buen chorro de aceite de oliva quedan unos purés muy ricos.

Yo le estoy sacando muchísimo partido porque a mi peque le ha costado bastante empezar a comer trozos, y ya os digo que con casi dos años aún la sigo usando.
Además, cuando guarde la Babycook no será por mucho tiempo, porque de aquí a unos meses volveré a repetir todo el proceso con mi segundo hijo. ¡Espero que la máquina aguante!

martes, 8 de julio de 2014

Preparando la llegada del bebé III: La habitación


El tema de la habitación del bebé está claro que depende de muchos aspectos, pero yo creo que los más importantes son: el factor espacio y económico y si el bebé va a dormir de inmediato en ella.
Yo voy a hablar de como lo enfoqué yo y de como ha sido y vuelve a ser esta experiencia para mí.

Mi marido y yo empezamos a vivir en nuestra casa hace ya casi diez años, cuando apenas teníamos veinte y nos quedaba muy pero que muy lejos lo de ser padres. 
Así que no pensamos ni tuvimos en cuenta para nada el tema a la hora de montarnos la casa. Entre una cosa y otra solo dejamos libre una habitación de las cuatro que tenemos. Montamos una habitación de invitados muy básica y listos.

Cuando me quedé embarazada de Diego, esa habitación tuvo que desaparecer por completo, porque en las otras dos (un vestidor y un despacho) no dejé hueco ni para una cama de 90 cm.
Es la habitación más grande después de la nuestra y la verdad es que es más bien pequeña, pero bueno, por lo menos tiene una forma bastante cuadrada y es luminosa. Tiene una ventana que da a nuestro jardincito y que tiene vistas al parque que tenemos en frente de casa, con unos pinos altísimos con muchos pájaros. No me puedo quejar, aunque preferiría una habitación de 20 metros, jajaja.

El caso es que a la hora de amueblarla decidí ser práctica. Evidentemente me hubiera gustado gastarme un pastón en una cuna de súper diseño y en un mueble cambiador de lujo pero pensé que ese capricho ya me lo daría más adelante. Al fin y al cabo la cuna y el cambiador los van a usar máximo hasta los 2-3 años. Y la habitación que va después de esa, si la planteas bien, les durará hasta la adolescencia, que son muchos años más.

De hecho, el cambio de habitación de mi chico se va a precipitar un poco con la llegada de su hermanito. El nuevo miembro de la familia va a usar los muebles de Diego, aunque eso sí, lo ubicaré en otra habitación. Y mi niño este verano estrenará su habitación infantil, aunque eso lo contaré más adelante.

Antes de comprar cuna y cambiador lo primero de lo que me ocupé fue del armario. Tenía muy claro que eso iba a ser lo único que se quedaría por muchos años en la habitación y que tenía que ser capaz de adaptarse a varias etapas y a mucha ropa. Así que decidí hacerlo lo más grande posible.
Lo ubiqué en la pared más grande y la única en la que no estorbaba ni la ventana ni otras cosas. Así que encargué a un carpintero un armario de pared a pared y de suelo a techo totalmente a medida tanto interiores como exteriores. Es en blanco lacado y con puertas correderas. Muy sencillo y muy práctico, y espero que sea por muchos años.

La elección de la cuna fue muy fácil. Tenía que ser blanca, muy sencilla y del tamaño estándar (60 x 120). También tenía que tener el somier regulable a tres alturas y que un lateral fuera móvil, ahora explico porqué me alegro de mi elección.

Hasta los 5 o 6 meses, que es cuando el bebé empieza a adquirir más movimiento, el somier se mantiene a la altura más alta. Es mucho más fácil cogerlo y dejarlo, y tu espalda lo agradece. 
En cuanto el bebé empieza a darse la vuelta solo lo mejor para nuestra tranquilidad es pasarlo a la altura intermedia. Así aún disfrutas de cierta comodidad un tiempo más y evitas movimientos bruscos al dejarlo en la cuna, que lo que hacen es que el peque puede despertarse. Aunque el bebé sea capaz de mantenerse sentado a los seis meses, aun le queda mucho camino aún para aprender a incorporase él solito.
Entre los ocho y nueve meses, cuando el bebé empieza a gatear, es generalmente cuando aprende a incorporarse por si mismo. Es cuando ya no puedes fiarte ni un pelo porque el día menos pensado se pone de pie. Desde entonces está el somier de la cuna a la última altura.

Lo del lateral móvil no tiene mucha utilidad para dejar al niño en la cuna porque se necesitan las dos manos para bajarlo y con el peque a cuestas como que es bastante difícil. 
Sin embargo, si resulta práctico a la hora de cambiar las sábanas y hacer la cuna y si la mamá en cuestión está embarazada, como es mi caso. Ahora es cuando le estoy sacando más partido a esta función.

Nosotros compramos el modelo Estela de la marca Cotinfant a un precio de 219, 95€



Tal y como se ve en las fotos, opté por una decoración muy clásica y sencilla. El resto de mi casa es bastante moderna y me apetecía hacer algo diferente en la habitación del bebé.

El otro mueble imprescindible (por lo menos para mí), es la cómoda cambiador. Hay que tener en cuenta que te pasas una gran parte del día cambiándole el pañal al bebé, con lo cual es importante que tanto él como vosotros estéis cómodos en el proceso y tengáis todo a mano.
Es importante que el mueble tenga espacio de almacenaje para evitar tener que desplazarse a otros lugares a buscar las cosas con el peque a cuestas en muchas ocasiones, berreando.

Mi mueble tiene tres cajones, una puerta con dos estantes y una estantería exterior.
Sobre la cómoda tengo una cajita con las cremas que más usamos y las toallitas. En la estantería exterior que está en la parte más superior del mueble tengo las cestas con los pañales. También tiene espacio para dejar una pequeña palangana por si tiene el culto irritado, ya que en esos casos es mejor evitar el uso de toallitas para que cure más rápido.
En los cajones tengo los bodis y pijamas, que es la ropa que más a menudo se cambia. Y en la puerta el resto de productos que no tienen tanto uso y los recambios de pañales, toallitas, cremas, etc.

La colchoneta cambiador es bastante sencillita. De hecho, acabo de cambiarla por una nueva (en cuanto pueda le hago fotos y cuento qué tal), ya que como viente otro peque en camino, la inversión me va a compensar porque es algo a lo que le estamos dando mucho más uso del que pensaba en un principio. Diego tiene 22 meses y aún sigo cambiándolo en el cambiador, cada vez es más difícil mantenerlo ahí ya que no para quieto y apenas cabe, pero a mi me va muy bien esa altura para mi barriga y mi espalda. Y tener todo (menos la ropa) en un mismo sitio es muy práctico.

El mueble capricho fue la mecedora. Cuando la compramos, realmente eso pensé, que era un capricho, pero al final resultó que no. Durante toda la lactancia la usé casi todo el tiempo, era el sitio dónde estaba más cómoda para dar el pecho al peque. La mecedora y el sofá, porque en la cama me resultó imposible.
El único inconveniente es que cuando deje de usarla no tengo ni idea de dónde la colocaré...

La cortina no se aprecia apenas en las fotos, pero es que no tengo ni idea de como fotografiar una cortina para que se vea bien. El caso es que es muy sencilla, es un estor de lino blanco con rayas azules muy finitas. Espero poder mantenerla en el cambio de habitación.

Con la decoración, he de reconocer que he sido bastante escasa. Pero sabía que esta habitación no iba a durar mucho y no me he equivocado, no ha llegado ni a los dos años...
Colocamos dos estanterías blancas muy básicas para poner cositas, un cuadro y un vinilo. Para mí, quedó justo como quería; tranquila, despejada y limpia.
Mi intención también era que fuera fácil de limpiar, que pudiera limpiarla cada día sin tener que retirar mil cosas cada vez.

Ahora ya ha empezado la transformación. La he hecho pintar de blanco, hemos empapelado una pared y hemos cambiado la lámpara. Solo la cómoda y la cuna siguen ahí a la espera de que lleguen los nuevos muebles de Diego y poder trasladar lo del bebé a su habitación.

Voy justa de tiempo porque salgo de cuentas a finales de Agosto y los muebles nuevos llegarán o la última semana de julio o (gracias a que medio país se paraliza en agosto) la primera de septiembre.
Mi prisa es básicamente porque no quiero tener que pensar en muebles y decoración cuando llegue el bebé... Él los primeros meses va a dormir en nuestra habitación y Diego puede seguir en su cuna tranquilamente...

Si tengo suerte y llegan los muebles a finales de julio, intentaremos a ver qué tal se las apaña Diego en su cama de mayor. Sólo por aquello que dicen que es mejor no introducir cambios drásticos con la llegada del hermanito. Si este mes de margen hasta que nazca el peque nos da para que Diego se adapte a su cama, genial, si no pues no pasa absolutamente nada, lo intentaremos más adelante y ya está.

Espero que mi experiencia pueda ayudaros a algunas a la hora de planificar la habitación de vuestros bebés.
Yo en general estoy bastante contenta con los resultados, y ahora que estoy repitiendo la experiencia, no me arrepiento de las decisiones que he ido tomando. Incluso me doy cuenta de que en algunas cosas he sido demasiado práctica (o austera, jaja, como en la decoración) Aunque he de decir que tiene sus ventajas, puesto que ahora, con la planificación de las habitaciones no estoy teniendo ninguna dificultad ya que no hay muchas cosas que quitar o mover...

En cuanto pueda me gustaría dedicar una entrada al armario. Ahora mismo lo estoy reorganizando todo para repartirlo entre mis dos niños. Estoy empezando a lavar la ropita del bebé a menos de ocho semanas de salir de cuentas. Con Diego ya lo tenía todo absolutamente listo a estas alturas desde hacía un tiempo... ¡Qué diferente es todo cuando es el segundo embarazo!

jueves, 8 de mayo de 2014

Mi segundo embarazo


¡Vuelvo a estar embarazada!

Si Dios quiere mi hijo se convertirá en hermano mayor en agosto, o sea que se van a llevar dos años justos.
La verdad es que no lo habíamos planeado, pero bueno, tras un fallo "logístico" pues ha pasado y estamos muy contentos e ilusionados.

Ya sabemos con toda seguridad que va a ser otro machote y estamos encantados. Mi marido prefería una niña y se llevó un pequeño chasco, pero la idea de que yo esté en minoría junto con Kira (nuestra perra) le compensa.

He de decir que este embarazo esta siendo muy diferente al primero, en muchos aspectos.
Para empezar, después del aborto que tuve en verano, el primer trimestre lo he vivido con mucho miedo. Esa experiencia me ha cambiado y me ha afectado más de lo que yo pensaba.
Después, no he podido estar muy tranquila tampoco, porque han ido surgiendo dificultades que no tuve en mi primer embarazo.

Está claro que el hecho de estar embarazada no te garantiza que vayas a tener un hijo. El camino está lleno de dificultades, aunque por suerte la mayoría de las veces todo va bien y acabas teniendo a una personita sana.
Desde que decidí ser madre siempre he preferido tener la justa intervención médica. Me he hecho las pruebas justas y necesarias y he ido al médico lo imprescindible. He tenido suerte y con mi primer embarazo apenas surgieron pequeños imprevistos sin importancia.

Pero en este embarazo voy de susto en susto y aún no se me acaba de ir el miedo.
El triple screening salió alterado. Una de las hormonas que miden salía con un nivel inadecuado y aunque el riesgo global de tener un bebé con alguna alteración era muy bajo, no dejan de ser unas pruebas de probabilidades basadas en estadísticas. 
Mi ginecóloga me indicó que lo mejor era hacerme la amniocentesis, que era la única forma de asegurarme de que todo estaba bien.

Me daba miedo hacérmela porque siempre existe un riesgo de aborto, aunque es muy bajo, y por supuesto por los resultados. 
Sobre la prueba en sí, he de decir que me sorprendió gratamente. 
En mi caso no fue nada doloroso. Si me dio un poco de impresión el momento en que la aguja atraviesa las capas de piel, músculos y tejidos varios, pero no me dolió. 
Yo me limité a relajarme y a cerrar los ojos para que me fuera más fácil no moverme y aunque sé que la extracción duró bastantes minutos, se me pasó bastante rápido.
Sí sentí molestias en la zona durante el primer día pero lo que peor llevé fue el reposo.
Hacer reposo absoluto cuando tienes a un niño de 19 meses es imposible. Así que mi santa madre se mudó a casa por unos días.

En 48 horas me dieron los resultados parciales. Gracias a Dios todo estaba perfecto de momento, pero aún me quedaba esperar cuatro semanas para tener los resultados completos.
En los parciales sólo te dicen el resultado de las tres trisomías más comunes y aunque te dicen que es muy difícil que en el resto haya algún problema, es inevitable preocuparse.

Una semana después mi ginecóloga me hizo una ecografía y comprobó que el bebé estaba perfectamente y que la cantidad de líquido era correcta.
Así que de vuelta a la normalidad, lo primero que hice fue coger a mi niño en brazos y darle un fuerte abrazo.
Hace ya unas semanas que me dieron los resultados definitivos de la amniocentesis y gracias a Dios, salieron perfectos. Y menos mal, porque en la ecografía de las 20 semanas me dieron otro susto.

Por lo visto es algo bastante frecuente y que suele desaparecer a las pocas semanas y casi con toda seguridad antes del nacimiento. Pero yo no lo había escuchado en mi vida.
Se trata de dos pequeños quistes que tiene en la cabecita mi bebé. Se llaman quistes coroidales y son de líquido encefalorraquídeo. Son benignos y no afectan a las capacidades intelectuales ni de desarrollo del bebé. Además, como he dicho antes, normalmente desaparecen a las 4 o 6 semanas.

Pero aunque te digan todo esto, da un miedo impresionante. En cuanto la doctora me enseñó la pantalla y enfocó la cabecita diciendo la palabra celebro y quistes..., bufff, os podréis imaginar como me puse. 
Inevitablemente empecé a pensar en lo peor e hice mil preguntas; ¿y si...?, ¿y si...?.... Ya sabemos que los médicos no son muy dados a especular pero aún y así intentaron tranquilizarme todo lo posible.
Después, con la explicación completa y el paso de las horas fui calmándome, pero aún y así hasta que no me hagan la siguiente ecografía la semana que viene y me digan que todo está bien, no podré quitarme esa cosa que tengo en el estómago.

Espero que la semana que viene pueda salir de la consulta de mi ginecóloga sólo con noticias positivas, lo necesito, de verdad.

Este es uno de los motivos por los que no he podido volver del todo al blog. Me cuesta bastante concentrarme, no acabo de estar al 100%. 
Además, con mi pequeño monstruito en plena actividad todo el santo día a veces se me hace imposible coger el ordenador para nada. Básicamente porque si el pequeñajo (20 meses) no tiene el iPad entre sus manos, ni de coña puedo acercarme al portátil si no es con él poniendo sus deditos en todas las teclas y la pantalla... Y claro, el iPad sólo se lo dejo un ratito al día, que no es plan de que el niño esté mucho tiempo enganchado al aparato.

Cuando me enteré que estaba embarazada de nuevo, inevitablemente lo primero en que pensé fue en mi niño, en cómo repercutiría en él la llegada de un hermanito cuando cumpla 2 añitos.
No tengo ni idea de cómo reaccionará, aunque supongo que bastante bien. Ahora cuido a mi sobrina de 7 meses todas las mañanas y él está encantado, y eso que antes el tío pasaba de ella. 
No me preocupo demasiado por este tema, mi hermana y yo nos llevamos solo 14 meses y mi madre siempre dice que ni yo tuve celos (que soy la mayor) y que no fue tan difícil. 

No sé yo. Sobre lo segundo si me preocupo. Mi madre siempre ha sido una súper madre todo terreno y yo no sé si seré capaz de llegar a su nivel, la verdad. Lo voy a intentar, eso seguro.

Por ahora, disfruto a tope de mi hijo e intento que mi embarazo influya lo menos posible en mi relación con él. Aunque cada vez es más complicado, con 24 semanas casi, tengo más barriga que la primera vez y más peso, así que intento no cogerlo mucho. 
Aunque él no tiene ni idea de lo que hay dentro, me hace mucha gracia que se dé cuenta de mi barriga y que incluso la acaricie. Ahora que ya se mueve bastante seguro que un día de estos notará a su hermanito, tengo muchas ganas de ver que cara pone.

Ya sea el segundo embarazo, el cuarto o el primero es muy importante vivirlo con tranquilidad y normalidad. Yo llevo unas semanas bastante agitadas emocionalmente por varios motivos y no me gusta nada, no me siento nada bien cuando me altero o disgusto. En seguida noto que mi bebé se agita y se mueve demasiado y me siento culpable.
Hay algunas veces que desgraciadamente, por cuestiones de la vida es inevitable que algo te afecte, al fin y al cabo la vida sigue aunque estés embarazada. Pero hay veces que sí está en nuestras manos (y/o en las de los demás) evitar ese tipo de situaciones.

A pesar de no ser tan consciente de mi embarazo (es imposible volverlo a vivir con la intensidad del primero), sé que estoy muchísimo más sensible y que todo me afecta más de lo normal. 
Muy pocas personas entienden esto de una manera práctica, así que mi consejo es ¡procurar pasar el máximo de tiempo posible con las que si lo hacen!
Los humanos solemos buscar apoyo y comprensión en las etapas y momentos más importantes de nuestra vida, y la maternidad, sin duda, es uno de ellos y uno de los más significativos y vitales.

martes, 11 de febrero de 2014

Cuando un recién nacido se pone malito


Sé que desgraciadamente hay muchos recién nacidos, bebés y niños con problemas de salud muy graves.
La experiencia que voy a contar no es nada comparado con lo que pasan muchos pequeñitos y sus familias.
De hecho, cuando mi príncipe se puso malito, yo pensaba muy a menudo en esas madres y me decía: "Cris, hay muchas mujeres que están mil veces en peor situación que tú y no se vienen abajo."

Mi intención al publicar esto (y cada una de las cosas que escribo en el blog), siempre es dar a conocer mi visión o experiencia sobre la maternidad.
Si alguna mami o futura mami que me ha leído alguna vez se ha enterado de algún entresijo más de la maternidad o se siente comprendida o identificada con alguna experiencia mía, yo doy por satisfechas todas las horas que invierto en el blog. De verdad.

La empatía en la maternidad es un sentimiento muy fuerte. Y muy reconfortante.

Cuando un recién nacido se pone malito

Desgraciadamente, cuando mi príncipe tenía apenas cuarenta días, se puso bastante malito.
Una mañana de domingo noté que algo no iba muy bien, mi hijo estaba bastante raro.

1º Signo de alarma: Falta de apetito.
Eso se nota muchísimo en un recién nacido que sólo toma pecho. Apenas quería mamar.
2º Signo de alarma: Duerme más de lo normal.
Solo quería dormir y dormir. Si se despertaba, se volvía a dormir en un momento, sin teta incluso.
Estos signos son suficientes para darse cuenta de que al pequeño le pasa algo. Lo siguiente es ponerle el termómetro rápidamente.
3º Signo de alarma: Fiebre. En un recién nacido (menos de tres meses) 36,5 - 37ºC se considera fiebre.

Si cumple alguno de estos tres síntomas HAY QUE LLEVARLO A URGENCIAS.

Cuando llegas a urgencias, los bebés de menos de tres meses tienen siempre prioridad, así que no ha de consentirse ninguna espera.

Por suerte, en cuanto nosotros llegamos al hospital nos atendieron.
En seguida, nos vio una pediatra que lo examinó a fondo. Nos hizo todo tipo de preguntas y sobretodo, se fió de mi opinión como madre. Me dijo que como  yo era la que mejor conocía a mi hijo,  no iban a ignorarme. Eso me tranquilizó muchísimo.

Después de examinarlo, me dijo que no sabía que le pasaba a mi hijo. Que en principio, sus constantes eran normales, pero que tenían que hacerle pruebas.
Le pusieron una vía para recoger una muestra de orina y le hicieron una analítica.
En la orina salió un leve rastro de infección.
Decidieron punzarle en la espalda para obtener líquido cefalorraquídeo. Y después, le abrieron una vía en la manita.

Mi bebé que apenas tenía un mes y medio... Pobrecito mío todo lo que tuvo que pasar. Yo ya tenía más miedo por todo lo que le estaban haciendo que por como estaba él. Mi marido incluso por un momento se negó a que le hicieran la punción lumbar. Y es que daba tanta pena.

Nos dijeron que había que esperar al resultado de los cultivos, y que por ahora, obviamente, el niño tenía que quedarse hospitalizado. Le iban a administrar antibióticos por prevención y a controlarlo todo el tiempo.

No hace falta decir que no habíamos pasado más miedo en toda nuestra vida.

Entre prueba y prueba fue mamando un poco más.
Le administraban el antibiótico por la vena, lo cual le molestaba bastante. Además, la vía era un tostón, se le salió tres o cuatro veces y volvérsela a poner era un martirio para el pobre.
Hay que tener en cuenta que a un recién nacido es súper complicado encontrarle la venita...

Estuvimos todo el domingo en urgencias con las pruebas y por fin, a la noche ya nos trasladaron a una habitación.


Teta 24 horas

Yo por lo menos, a mis veintiocho años, cuando no estoy bien, aún sigo recurriendo antes que a nadie a mi madre. Lo que más repito cuando me pasa algo es: ¡Mamá! Y es que como una madre no hay nada.
Ahora yo soy eso para otra persona, y la verdad, aún me cuesta creerlo. 

Después de la primera noche en el hospital, el peque empezó a estar más irritable.
La fiebre apenas le bajaba y debía de tener mucho malestar.
Solo se calmaba cuando le daba el pecho, que era a todas horas. Sí, de acuerdo que yo le daba el pecho a demanda, pero esa demanda era una pasada.
Acababa de curarme unas grietas hacía un par de días y en apenas doce horas de estar en el hospital ya las tenía otra vez.

Lo peor era cuando tenía que salir de la habitación para poder comer algo que no fuera un bocadillo. La verdad es que lo hacía sin ganas, porque yo sólo quería estar con mi hijo. Pero al menos, tenía que salir media hora al día de aquella habitación.
Esperaba a que estuviera dormidito y viniera mi marido o algún familiar para salir corriendo, pero la mayoría de las veces era abrir la puerta y el niño se despertaba y lloraba...

Aluciné con que no me dieran de comer en el hospital. Me peleé con mi mutua y me dijeron que en ningún caso cubren las dietas del acompañante. Ya no digamos cuando lo mencioné en el hospital (público - concertado), casi les dio la risa.
Me parece muy fuerte cuando el "acompañante" es el único alimento del paciente. Cuando el "acompañante" es la madre lactante de un paciente que tiene un mes y medio de vida. En fin...

Mi marido me trajo un sacaleches, pero como ya expliqué, era una tortura. Lo que hubiera dado por tener en esos días el sacaleches eléctrico de Medela que me acabé comprando más tarde. Nos hubiera ayudado muchísimo entonces.


Incertidumbre

Desde el domingo a mediodía estábamos en un sin vivir por no saber lo que tenía el niño.
La espera se hizo larguísima, aún más viendo que la fiebre del pequeño no bajaba y que cada vez estaba más irritable.
Lo controlaban muy a menudo y estaban súper pendientes de él. Las enfermeras no se pasaban ni un segundo cuando le tenían que administrar la medicación.
Me decían que cada vez que el peque hiciera caca (por cierto, verde y rara al principio), las avisara para que pudieran verla.  La verdad es que estuvo muy bien atendido.

Hasta el martes no supimos que lo que padecía mi niño era una meningitis por enterovirus.


¿Qué es la meningitis?

Es una inflamación de las meninges, las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal. En general, la meningitis se contrae a través de un virus ("meningitis aséptica") o de bacterias. 
La meningitis que afecta a bebés desde el nacimiento hasta los 2 o 3 meses se denomina meningitis neonatal. Ya sea viral o bacteriana, puede ser muy grave, y cualquier retraso en iniciar el tratamiento podría llegar a causar sordera, retraso mental y hasta la muerte. 
En bebés mayores y niños, cuando la meningitis se contrae a través de un virus, resulta por lo general más leve y desaparece por sí sola en unos diez días. Sin embargo, la meningitis bacteriana ataca rápidamente y es muy grave. 
La mayoría de los virus que causan meningitis en los niños pertenecen al grupo conocido como enterovirus. Por ejemplo, el virus Coxsackie, responsable de la enfermedad mano-pie-boca es un enterovirus que puede causar meningitis. Extracto de un artículo de BabyCenter.

Más o menos fue esto lo que nos explicaron. Nos tranquilizaron muchísimo al decirnos que no era una meningitis bacteriana y que seguro que no le quedaría ninguna secuela.
Nos dijeron que se suspendía la administración del antibiótico y que no le darían ninguna medicación más aparte del antitérmico, ya que no hacía falta.
Eso sí, hasta que no estuviera veinticuatro horas sin fiebre tendría que estar hospitalizado.

Nuestra breve experiencia con el colecho

Dormía mucho pero muy mal. Entre la fiebre, el malestar general que le ocasionaba el virus, el no estar en su casa, el manoseo de médicos y enfermeros... Buf, horrible. 
El tiempo que estaba despierto lo pasaba en mis brazos o en la teta. Cuando se dormía y lo dejaba en la cuna se despertaba. La única manera de que durmiera decentemente era en mis brazos.

Yo no me había planteado la opción del colecho por varias razones que sigo manteniendo. Pero en ese momento era lo que necesitaba mi hijo. Y la verdad, si yo quería servir de algo a mi niño, tenía que dormir también. 

Así que durante esos cinco días, mi hijo y yo fuimos uña y carne literalmente. Teta y brazos de día, teta y brazos de noche.
La cama que me ponían para que durmiera en el hospital no era la más adecuada, pero no se cayó ni una vez. 
Eso sí, aunque fui capaz de dormir, no he dormido peor en toda mi vida. Todo el tiempo en tensión, acalorada... Pero lo más importante es que él dormía como un bendito.

No tenía ni idea de como sería cuando volviéramos a casa. Yo estaba preparada para todo, tenía muy claro que si aún necesitaba dormir conmigo no lo iba a obligar a dormir solo.


Por fin, ¡el alta médica!

Y al quinto día, le bajó la fiebre.
El jueves al mediodía hizo veinticuatro horas sin fiebre y por fin, pudimos volver a casa.
Simplemente nos indicaron que le controláramos la fiebre varias veces al día y si no volvía a tener, que una semana le viera su pediatra.
Tenía que acabar de pasar la enfermedad sólo y en casa.

La verdad es que mi niño no volvió a ser el mismo por completo hasta que volvimos a nuestro hogar. Es totalmente cierto que el hospital es un entorno nada ideal para una cosita tan pequeña (ni para nadie).
Siguió irritable unos días más pero no volvió a tener fiebre ni a estar desganado. En muy poco tiempo ya se le notaba que no tenía ningún tipo de malestar.

El pediatra del peque lo examinó y lo vio fenomenal. Pero nos recomendó hacerle una ecografía de la cabeza para estar totalmente seguros de que estaba perfecto.
Se la hicimos y así fue.

Y gracias a Dios, no hemos vuelto a tener ningún susto (toco madera).


La vuelta a la normalidad

Yo lo pasé bastante mal durante esos días. Siempre he sido muy pero que muy alérgica a los hospitales y en apenas mes y medio había pasado diez días en dos. Demasiado para mí.
Entre la preocupación por mi hijo, la lactancia materna, el colecho y el agobio de volver a estar encerrada, cuando volví otra vez a mi casa me sentí eufórica.

Mi hijo volvió a dormir en su mini cuna tan a gusto como antes de ponerse malito. No ha necesitado volver a dormir conmigo desde entonces. 
Poco a poco, volvió a comer con normalidad, con lo cuál mis pechos volvieron a curarse. 

Cuando mi bebé estuvo malito, sentí el miedo de verdad. Todo el miedo que había sentido a lo largo de mi vida, no es nada comparado con lo que sentí hasta que supe que él no corría peligro.

Desde este humilde rinconcito en el gran universo de los blogs, quisiera reconocer a esas madres fuertes, generosas y llenas de amor que tienen a sus hijos enfermos.
Mis mejores deseos para ellas y sus hijos.

martes, 10 de septiembre de 2013

Preparando la llegada del bebé II: La ropa


En general, cuando nos quedamos embarazadas, las mujeres solemos emocionarnos con todos los preparativos para el bebé.
Está en nuestra genética. Es casi una necesidad. ¡No lo podemos evitar!
Yo, además, soy una loca de las compras.
Cuando me quedé embarazada supe que iba a tener que hacer un uso extra de mi "poder" de autocontrol.

Desde que gané mi primer sueldo a los dieciséis años, he ido aprendiendo (a base de palos al principio) a administrar el dinero.
Soy de las que prefiere un buen par de zapatos o un súper bolso a muchos normalitos.
Me ha costado lo mío, pero más o menos (gracias a la influencia de mi ahorrador marido), soy capaz de ceñirme a un presupuesto.

Sorprendentemente para mí, no fue muy difícil controlarme en mis primeras incursiones en las tiendas de ropita infantil.
¿Por qué?
Pues por que un bebé en su primer año de vida pasa por unas cinco tallas de ropa diferentes. Es el año de mayor y más rápido crecimiento en la vida humana, nunca más volveremos a crecer tan rápidamente.
Además, la ropa para recién nacido es un poco limitada en variedad. 

Por eso tenemos que pensar al dedillo lo que compramos, para aprovecharlo todo lo máximo posible sin que nuestros bebés parezcan payasetes.
Yo nunca he llevado a mi hijo con ropa más grande, vestirlos con dos tallas más es incómodo, ridículo y horroroso. Pienso que eligiendo bien y anteponiendo la calidad a la cantidad también se puede ahorrar.

Mini guía para los dos primeros meses (más o menos)

Qué ropita comprar antes del nacimiento

En los últimos meses de embarazo, hay que tener en cuenta el peso del bebé en las ecografías, aunque tampoco puedes fiarte al 100 %.
A mi me pronosticaron que iba a tener un bebé de 4,5 Kg y mi niño, al nacer, pesó 3,5 Kg. No soy yo sola, por lo visto es algo bastante generalizado no acertar el peso del bebé. Aunque tampoco hay que desecharlo del todo, no deja de ser una guía.

Mi consejo es que antes de nacer el bebé, sólo se compre ropa para los primeros dos meses más o menos como máximo. No sabes como va a ser tu hijo, por lo tanto, es mucho mejor esperar a que nazca y comprar más cuando lo necesite.

El término primera puesta no me convence. Yo lo interpreto como la ropita que vamos a llevarnos al hospital. Y eso es algo que va totalmente por cuenta de las preferencias de cada una y que es bastante secundario.
Yo no compré ropa especialmente para eso, de lo que tenía me llevé lo más pequeñito y lo que me apetecía. Eso sí, me llevé variedad para poder escoger.

En cuanto a las cantidades a comprar de cada cosa, es una cuestión muy personal.
Desde mi experiencia, es importante tener bastantes recambios de bodis y partes inferiores. 
Los recién nacidos hacen caca muchísimas veces al día. Unas seis u ocho o diez, depende del tipo de lactancia y el número de tomas, una locura. Y cada día, en una o varias de esas veces se acaba manchando la ropa, aunque el pañal esté perfectamente colocado y se lo cambies en seguida. 
Había días en los que le llegaba a poner tres bodis diferentes...

Es muy importante que todo lo que toque la piel de nuestro recién nacido sea de algodón suave. Yo prefiero tener cinco bodis de calidad que cuando los lavo quedan que casi no necesitan plancha a tener  diez que queden duros al tacto.

Hay que lavarlo todo con jabón y suavizante hipoalergénico, ya sea a mano o a máquina. De hecho, como mi peque tiene piel atópica, sigo haciéndolo.

Obviamente, cuando hablo de tallas me refiero a recién nacidos de tamaño estándar.
Hay muchas marcas que hacen tallas de prematuro, pero claro, suelen ser compras de última hora, ya que no se suele saber que vas a tener un hijo prematuro, salvo en contados casos.
A los bebés grandotes la talla 0-1 ni les cabe, así que pasan a la siguiente o incluso algunos a la de 3-6. No queremos que parezcan payasetes pero tampoco tiene que apretarles nunca la ropa.

Talla 0-1 Es la que va a usar entre el primer y el segundo mes, más o menos.
Talla 1-3 Es la que usará a partir del primer mes o antes si es un bebé grandote.

Si nace en Verano
Uno de los factores a tener en cuenta a la hora de vestir al recién nacido es es tipo de lactancia que va a recibir.
En mi caso, con la lactancia materna, considero que hace falta menos ropa, sobretodo los primeros días o semanas. Mi bebé y yo salíamos sudando todo el tiempo...

En casita
Bodis de manga corta que se abrochen por delante. Evitar todo lo posible las prendas que haya que pasar por la cabecita. Es muy incómodo, para ellos y para nosotros, que no sabemos ni como cogerla casi.
Ya está. 
Jajaja, era broma.  Pero casi que es verdad. Para estar en casa fresquitos en los días calurosos es lo mejor.
Calcetines. Sobretodo blancos, que son los que combinan con todo. Antes de comprar un pack de esos en los que vienen de varios colores, pensar bien si hay algún color que no vais a usar. ¡Puede salir más a cuenta comprarlos sueltos! No entiendo porqué las marcas ponen un calcetín gris oscuro en un pack para recién nacido, claro que para gustos los colores.
Gorritos de algodón. Lo suyo es comprar dos porque el que se le pone primero se suele manchar con los restos de sangre y tejidos del parto. A mi peque solo se los puse los dos primeros días de estar en el hospital.

Polainas y camisetas. Las polainas (pantalones con pie) sólo las usó en el hospital. Fueron una recomendación errónea de mi querida madre. Me sobraron para montar un mercadillo. Menos mal que las compré enormes y se las pude poner en octubre para estar por casa. Sea la época que sea, para el hospital son un básico, pero con moderación.
Las camisetas de manguita corta, ¡vigilar el cierre!.
Pijama de manga corta. Depende del calor que haga por las noches. Mi hijo (que nació a finales de agosto) dormía divinamente con uno puesto y tapado con una sábana hasta finales de septiembre. Eso sí, mirar que se abrochen por delante también.


Para pasear
Muselinas. Para mí han sido y siguen siendo un básico. Bien dobladitas no ocupan nada en el bolso y sirven absolutamente para todo. Para cubrirlo del sol, para taparlo del fresquito, por si prefieres cubrirte cuando le des el pecho, etc. Y son tan monas.

Camisetas y pantalones suaves y sencillos. No hay que tener miedo de que sean de manga corta, ¡los recién nacidos también tienen calor! Si refresca siempre se le puede tapar con una monísima muselina.

Vestidos. Si es niña, y no es muy pequeñita (suelen ser difíciles de encontrar en las primeras tallas) obviamente necesitará un precioso vestidito de esos que llevan cubre pañal a juego.
Monos. Son camiseta y pantalón o camiseta y falda en una sola pieza. De lo más cómodo, no se mueve la ropa, como tienen automáticos se desviste al bebé súper fácil para el cambio de pañal... El único inconveniente es que no hay una gran variedad en el mercado a precios económicos, por lo menos para niño. Aunque en realidad, hay que tener en cuenta que con esta prenda vistes al bebé al completo. 
Yo soy mono adicta, la pena es que me estoy dando cuenta de que a partir de la talla de dos años ya no los hacen...

Si nace en Invierno
Bueno, si nace en invierno, yo creo que pensamos que es más fácil, se trata de añadir ropa, ja ja ja.
Una enfermera me dijo que los recién nacidos toleran mejor el frío que el calor. Y es verdad, así que hay que procurar no súper abrigarlos demasiado.

Para casita
Bodys de manga larga. Para llevar debajo de la ropa. Si nos encontramos en otoño o en primavera, también pueden usarse los de manga corta. Yo nunca se los pongo de camiseta porque no me gusta como queda el pantalón encima, a lo Julián Muñoz.
Pijamas. Mi peque de recién nacido no se movía absolutamente nada mientras dormía, solo giraba la cabecita y movía un poco los brazos. Pero hay bebés que tan chiquitines se mueven mucho y se empiezan a destapar, así que hay que tenerlo en cuenta.
Si aún no hace mucho frío, con los de algodón normal es suficiente. Cuando el invierno ya aprieta los de terciopelo son geniales. Eso sí, yo siempre le ponía un bodi debajo, por si sacaba mucho los bracitos hacia afuera o se destapaba un poco.
Para salir
Camisetas, jerseys y pantalones. Lo más importante es la suavidad y la comodidad. Depende de la época, se le puede poner un conjuntito de punto o uno de lanita. O depende del gusto de cada una, camiseta y tejanos (forraditos de algodón por dentro, que si no pueden marcar o rascar su piel), pantalón de chándal o polainas de punto...

Monos. Para niña y para niño, como ya he dicho antes, son súper mega cómodos. Además, hay mucha más variedad en manga larga que en manga corta. Se encuentran mucho más fácil en las tiendas.

Gorros calentitos. Es muy importante que les tapen bien las orejitas. Los bebés cogen muchas otitis por no llevarlas bien tapadas, según nos dijo nuestra enfermera, yo no tenía ni idea. Mi peque las ha llevado muy bien tapaditas siempre y nunca ha cogido una.
Bufandas y manoplas. Depende del bebé. A mi peque no le molestaba la bufanda pero las manoplas no le molaban mucho... Se las ponía cuando se dormía en el carrito, je je.
Chaquetas y abrigos. Esta es una prenda que es muy importante que SI le vaya un poco más grande, si no, ponérsela (con dos capas de ropa debajo) puede convertirse en una tortura para el bebé. No compréis ninguna de la talla 0-1, ¡son pequeñísimas! Lo mejor para un recién nacido es la talla 1-3 meses o si el fabricante talla pequeño incluso la talla 3-6 meses.
Hay  que tener mucho ojo con las mangas, algunas las hacen extremadamente estrechas.
También, vigilar que las cremalleras corran bien y que el final esté protegido para que no les roce la piel. Muy importante: aunque estemos en invierno, es importante no agobiar al recién nacido con muchas capas de ropa. Es incómodo para todos.
Buzos: Creo que si no se vive en un entorno muy frío no hacen falta. En el capazo del carrito con la capota echada, con el abriguito, el gorro y bien tapado con una mantita van súper calentitos. 
Estoy pensando que a lo mejor, las mamás que sólo portean y que no usan carro nunca puede que sí los recomienden, ¡a ver si alguna nos saca de dudas!
Supongo que las famílias esquiadoras los usarán, pero más adelante, no creo que se lleven al recién nacido a la nieve, je je.
Cuando las tallas 0-1 y 1-3 ya no le sirven, pasaremos a la siguiente, la de 3-6. 
Valorando el tamaño y el peso de nuestro bebé, será la hora de ampliar su guardarropa. 
A partir de entonces, encontraremos más variedad en las tiendas y la ropa será más de bebé, porque nuestro bebé ya no es un recién nacido. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Crónica de mi parto por cesárea (parte 2)


Continuación de la parte 1:

Gracias al cielo, me llevaron rápido a mi habitación. Allí estaban mi marido y mis padres y hermanos, esperándonos.
Fue una escena bastante típica de mi familia, que somos un poco melodramáticos, jajaja. Nada más verlos arranqué a llorar otra vez y ellos también. Todos llorábamos.
Entre las lágrimas de emoción me decían que ya lo habían conocido, que era mi marido en pequeñito. ¡Todos habían estado más tiempo con mi hijo que yo! A mi no me había dado tiempo de fijarme en nada....

Como yo aún no tenía movilidad, tuvieron que pasarme a la cama como si fuera una abuelita. Nada más colocarme, por fin, apareció una enfermera con mi hijo.
Efectivamente era una mini versión de mi marido, una pasada. 
Desde que desperté hasta ese momento, había estado temblando de frío, pero cuando me pusieron a mi bebé encima empecé a entrar en calor. Apenas habían pasado cuarenta y cinco minutos desde que había nacido, pero a mi me pareció una eternidad.

Intenté dejar a un lado todo mi dolor físico y emocional para poder concentrarme en mi pequeño príncipe.
Era increíble, ya estaba conmigo, buscando mi pecho.
Es indescriptible lo que sentí cuando me di cuenta de que ya era madre.
Lo sentí por primera vez cuando mi hijo empezó a mamar. 
Fue justo en ese momento cuando empecé a tomar consciencia de todo. 
Pero no es instantáneo.
Mi peque nació a las 2:33 de la madrugada, y yo no dormí un ratito hasta por lo menos las seis o las siete. Me desperté con el llanto de un bebé, tardé un poco en darme cuenta de que era el mío.

No sé cómo será el postparto cuando tienes a tu hijo en un parto vaginal normal, pero me gustaría mucho poder vivirlo cuando esté otra vez embarazada.
Lo que sí sé es como es después de una cesárea.
Yo tuve mucha suerte porque desde el momento en que me retiraron el vendaje, la cicatriz tenía una pinta estupenda. Aunque me costaba la vida misma tocármela, le tenía un miedo atroz.
Pero por muy buen aspecto que tuviera, dolía como el infierno. Juro que tenía que pensar cada movimiento que hacía para no ver las estrellas. Casi cada vez que me movía, la cicatriz me tiraba aunque fuera solo un poco.

Tenía que tener mucho cuidado con la postura cuando daba el pecho al peque, para que no me pateara la herida.
La cicatriz y el estar conectada a un montón de cables impidieron que le cambiara los primeros pañales a mi hijo. Eso me dio mucha rabia.
No me pude mover de la cama durante unas doce horas que se me hicieron eternas, y cuando por fin me "desconectaron", y pude ducharme no me sentí muy bien conmigo misma.
Sé que a muchas mujeres les pasa lo mismo y que es normal, pero no dejar de ser algo raro. Sentía una especie de miedo y rechazo hacia mi cuerpo.
Ya no estaba embarazada, pero no estaba como antes. Tenía unos pechos enormes, una barriga de cinco meses y una gran cicatriz a lo ancho de mi vientre. Y unas piernas monstruosas en las que no se distinguían los tobillos.

Yo di a luz en un hospital privado. Uno de los motivos de peso para hacerlo es la privacidad y la comodidad.
Mi marido tenía una cama para poder dormir, mis visitas un sofá y sillas y espacio para caber todos. Mi cuarto de baño era como el de una casa. No oíamos llorar a ningún bebé que no fuera el nuestro.
Y sobretodo, no tenía que estar con otra familia de personas desconocidas.
Para mí, todas las cuotas de la mutua merecen la pena solo por esto, por el tiempo que se está después de dar a luz en el hospital, que en mi caso fueron cinco días.
Los primeros días de lactancia materna, los primeros días de maternidad fueron difíciles aunque maravillosos y la verdad, todas esas comodidades y esa privacidad de las que disfruté, me ayudaron mucho a sobrellevarlo.

Hay gente a la que esto le da igual, y yo lo respeto, pero en mi cabeza no entra que uno de los momentos más importantes, difíciles, sensibles, etc. de tu vida tengas que compartirlo con una familia de extraños (y el desfile continuo de visitas) en la misma habitación. Porque que yo sepa en la mayoría de hospitales públicos es así. Me parece una vergüenza.

Una ventaja de estar tantos días en el hospital es que me subió la leche estando allí y me asesoraron y ayudaron mucho en el proceso.
A mi príncipe incluso se le cayó el cordón umbilical al tercer día. ¡Me dio un susto de muerte porque no esperaba que pasara tan pronto!
Con el paso de las semanas, el dolor de la zona de la cicatriz fue disminuyendo cada vez más. Pero yo diría que no empecé a sentir la zona completamente como antes hasta pasados los tres meses más o menos.
Además, no tuve que ir a la consulta con la ginecóloga hasta que no terminó la cuarentena porque me cosieron con unos maravillosos puntos re-absorbibles.

Para mí, fue un chasco enorme que me practicaran una cesárea, aunque fuera algo inevitable, y fue peor todavía porque me sentí absolutamente incomprendida.
A pesar de que mi entorno era consciente de lo que supuso para mí, todos me decían que tenía que estar contenta porque el niño estaba bien.
Pues claro que lo estaba, mi felicidad era completa con solo mirarlo. Yo soy su madre y soy la primera que piensa en el bienestar de mi hijo. Pero, una cosa no quitaba la otra.

En esos momentos sentía que a nadie le importaban mis sentimientos, lo único que hacían cada vez que yo sacaba el tema para desahogarme, era minimizarlo y evitarlo. Y eso es lo peor que se le puede hacer a una mujer que ha pasado por una cesárea por la que no eligió pasar.
Al final, me cansé de esas reacciones y me lo tragué todo yo sola, estaba harta de sentirme una llorona.
No buscaba que se compadecieran de mí. Sólo un poquito de comprensión.

Me molesta que la sociedad en general no entienda que una mujer quiera tener un parto natural y que si no lo tiene, puede sufrir mucho. A mí me han llegado a decir "¡Pero que más te da!, si es mejor!" o "Así salen los bebés mucho más guapos, no sufren", y otras lindezas varias.
Cada mujer se lo toma de una forma muy distinta, eso está claro. A mi me afectó bastante y lo viví con sentimientos encontrados, pero poquito a poco conseguí superarlo.

Es cierto que cuando te conviertes en madre, pasas un segundo plano en muchos sentidos, quizá a mi me pasó que me sentí demasiado poco importante. A lo mejor por eso me afectó más.
Aunque ahora pueda parecer que fue algo traumático, no lo fue. Que nadie piense que escribo esto en plan dramático. Para nada.
Nada de lo que sufrí estuvo reñido con el amor y la felicidad que sentí por la vida de mi hijo.
Absolutamente todo lo que pasé merece la pena, lo pasaría una y otra vez si hiciera falta.

Como moraleja de mi historia yo diría que no hay que dar nada por sentado.
Yo estaba súper predispuesta a tener un parto natural y totalmente indispuesta a tener una cesárea.
La próxima vez me lo tomaré de otra manera, eso está clarísimo. Porque a la hora de la verdad puede pasar cualquier cosa y al fin y al cabo se trata de eso, de dar vida. La vida ante todo.
Y sufrir por sufrir es tontería.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Crónica de mi parto por cesárea (parte 1)

A raíz del primer cumple de mi pequeño, he pensado que sería un buen momento para compartir la experiencia de mi parto.
Sé que hay mucha gente a la que no le interesa lo más mínimo, y lo entiendo.
Pero este post está dedicado especialmente a esas mujeres que aún no han dado luz y que son tan curiosas como yo. Y por supuesto, a todo aquel que le interese leerlo.

En mi embarazo me tragué todos los programas y documentales que encontraba sobre el embarazo y el parto. Vi más partos de los que puedo recordar.
También leí en blogs y foros muchas crónicas de parto en primera persona. Me fascinaba ver lo diferentes y parecidas que somos las unas de las otras en un momento tan importante de nuestra vida.

Me impactó mucho cuántas cosas diferentes pueden surgir en un parto. Creo recordar que una comadrona del programa Baby Boom lo definió muy bien, dijo que cada parto era un mundo porque cada mujer era un mundo. O algo muy parecido.

Después de ver cada programa o leer cada crónica me sentía muy bien. Sentía que ya no iba tan a ciegas, que es algo no soporto.
Y yo, que no veo la tele nada más que para ver documentales o deportes, siento (aún sigo viendo y leyendo sobre el tema) una empatía y una afinidad que me alucina hacia esas mujeres. Yo que soy anti realities.
Será la maternidad.

En fin, que me enrollo y esto se va a hacer muy largo. ¡Y no quiero aburrir a nadie!

En mi embarazo, la mayoría de veces que hablaba sobre como sería el parto, decía que lo único que no quería era una cesárea.
Son muchos los motivos por los cuales no quería que mi parto terminara así. 
Por ejemplo;
- Se trata de cirugía mayor, aunque sea una práctica muy común, estamos hablando de una operación, siempre hay riesgos.
- Te separan más tiempo de tu hijo.
- Normalmente no dejan entrar al padre a quirófano.
- El tiempo de estancia en el hospital es más largo.
- La recuperación física es más lenta.
- La leche puede tardar más tiempo en subir.
- No es lo natural, por lo tanto no es lo mejor, ni para la madre ni para el bebé.

Yo no creía que me pudiera pasar a mí. Y no quería que me pasara. Pero pasó.
Yo salía de cuentas el 23 de agosto, y puntual como soy yo, la noche del 22 al 23 empezaron las contracciones. Eran irregulares, cada veinticinco, cada veinte o cada quince minutos, ¡o cada media hora! Los dolores eran muy soportables, así que no pensaba moverme de mi casa. Cada vez que tenía una contracción, me entraban unas ganas enormes de hacer pis, eso fue lo más incómodo. Por lo demás, seguí en la cama e incluso dormí algo.

Por la mañana tenía que ir al hospital a entregar un bote enorme de orina porque mi ginecólogo creía que podía tener preclampsia. Mi marido se empeñó en que ya que estábamos allí, me vieran.
Yo seguía más o menos igual y sabía lo que me iban a decir, que había empezado el trabajo de parto pero que todavía me quedaba mucho. El ginecólogo que me atendió, me aconsejó que si quería pasar la espera en casa tranquilamente, volviera cuando tuviera las contracciones regulares cada cinco minutos.

Así que volvimos a casa. A medida que pasaban las horas, las contracciones se iban volviendo más regulares  y más intensas. Durante todo ese tiempo estuve yendo del sofá a la pelota de pilates, una y otra vez. Voté, caminé, me tumbé, me senté...
Mi hermana se vino para casa para apoyarme junto a mi marido. Ellos de vez en cuando me iban diciendo que fuéramos al hospital, mi madre por teléfono (porque vive lejos) cada media hora, también. Yo les decía que podía aguantar el dolor, que seguro que aún me quedaba mucho y que no quería estar más de lo necesario en el hospital.

Hacia las diez de la noche, ya tenía contracciones cada cinco minutos y eran cada vez más intensas. Así que ya no tuve otra alternativa que ir al hospital. Recuerdo que por el camino les fui diciendo a mi marido y a mi hermana "¡Espero que no me manden para atrás!", aún no estaba yo muy convencida de si íbamos demasiado pronto...
Cuando me examinaron, la ginecóloga me felicitó. Me dijo que tenía una dilatación de seis centímetros, que podía sentirme orgullosa de mi misma porque había atendido a mujeres con apenas un centímetro que no paraban de quejarse. La verdad es que cada vez sentía más dolor aunque hasta entonces había aguantado muy bien.
Pero el momento en el que realmente me di cuenta de que dentro de muy pocas horas iba a conocer a mi hijo, fue cuando la ginecóloga me dijo que en unos minutos vendrían a buscarme para llevarme a la sala de partos. Fue algo impactante lo que sentí.
Resulta que era la única que estaba pariendo esa noche en mi hospital, así que tenía a la comadrona para mi solita. Estuvo disponible todo el tiempo pero también nos dio momentos de privacidad, fue encantadora.

Prefería no ponerme la anestesia epidural si el dolor era soportable, pero siendo sincera, tenía claro que si la "necesitaba"no iba a decir que no. La comadrona de los cursos de preparación al parto era anti epidural, así que era muy consciente de todos los inconvenientes que conllevaba.

Casi nada más llegar a la sala de partos, la comadrona me hizo un tacto. Mi bebé tenía la cabeza muy alta todavía y además, no estaba muy bien posicionado, en lugar de estar mirando hacia mi espalda, miraba hacia adelante. Encima, traía una vuelta de cordón y para acabar de rematarlo, a causa del tacto empezó a tener bradicardias. Me pusieron oxígeno para ayudar al bebé y funcionó.
Entonces, me habló de la epidural, me dijo que me iba a romper la bolsa y que a partir de ahí el dolor iba a ser mucho más intenso. Me convenció. Quizá si no hubiera habido los inconvenientes de la postura, el cordón y las bradicardias, a lo mejor me hubiera planteado pasar. Pero no lo dudé.

Me la pusieron rápida e indoloramente y al cabo de unos cinco minutos empecé a no notar las contracciones. Aparte de la insensibilidad, el mayor problema de la epidural es que tienes que estar en la cama o camilla, no puedes moverte. Ese era uno de los motivos por los que no la quería. Para mí, el hecho de estar tumbada ralentizó mi parto y quién sabe, hasta lo fastidió.

Una vez me rompieron la bolsa, empecé a tener contracciones más fuertes y más frecuentes y en poco rato, ya estaba dilatada de diez centímetros. Ya podía empujar.
Pues no.
A pesar de ponerme de lado un rato y de los intentos de la comadrona en girar la cabeza del peque, mi chico no se movía. Y lo que es peor, empezó a sufrir bradicardias cada vez que tenía una contracción, o sea, casi todo el tiempo.
Estuve lo que a mi me pareció una eternidad con la mascarilla del oxígeno puesta, intentando concentrarme en respirar cuando estaba muerta de miedo por lo que pudiera estar sufriendo mi hijo. La comadrona me dejó caer que podrían tener que hacerme una cesárea, que iban a intentar evitarlo, pero que la cosa estaba complicada.

Vino la ginecóloga y en seguida me hizo empujar. Juro que empujé con todas mis fuerzas y con toda mi alma. Debieron de ponerme poca epidural porque justo antes de empujar ya volvía a sentir dolor y también un poco de movilidad. Lo intenté con todo mi corazón pero tras dos intentos, mi bebé lo único que hizo fue seguir con sus pulsaciones bajas.
Entonces, la ginecóloga me dijo que tenía que practicarme una cesárea de urgencia. Instintivamente, lo primero que salió de mi boca fue "no". No de "no me lo puedo creer, estoy en mi peor pesadilla", no de "no puede ser que la cosa esté tan mal", no de "estoy cagada de miedo"...

Ella me habló con una sinceridad que yo agradecí, me dijo más o menos esto; "Si quieres podemos intentarlo una vez más, pero te aviso de que tal y como está, no va a cambiar nada. Tu bebé está sufriendo, y cuanto más tiempo esté dentro... No puedo garantizarte que él vaya a estar bien. A mi no me gusta hacer cesáreas, pero hay que hacerlo". Obviamente, no hizo falta que dijera nada más. No pensaba poner en riesgo a mi hijo porque yo quisiera parir de forma natural.

La cesárea fue toda un experiencia. Yo ya había pasado por un quirófano dos veces por cuestiones menores, pero con anestesia general. Esto es otra cosa. De acuerdo, en pocos minutos sabes que vas a poder ver a tu hijo, y solo por eso, se vive de otra forma. Pero, por lo menos a mí, me dio miedo.

Es muy extraño sentirlo todo, aunque sin dolor. Yo soy una persona muy emocional, expresiva y nerviosa, pero conseguí estar bastante calmada.
Fue muy rápido, enseguida sacaron a mi pequeño. Desde que dijeron la hora del nacimiento (2:33) hasta que me lo enseñaron creo apenas pasaron unos segundos.
Ese fue el mejor momento de mi vida.

Tenía los ojos muy abiertos, eso me sorprendió mucho. Acerqué la mano hacia él y al momento me cogió un dedo con su manita. Eso si que me impactó. Y ahí ya no pude contenerme más, me puse a llorar y a reír a la vez. Qué rabia me dio después, si hubiera sido capaz de seguir calmada, no hubieran tenido que sedarme para poder terminar la intervención.

Fue tan desagradable despertarme sin mi hijo en la sala de reanimación. No había sentido tanto frío ni tanta desorientación en toda mi vida.
Pregunté a duras penas a una enfermera por mi hijo y me dijo que estaba fenomenal, que había pesado 3500 gramos y que estaba con mi marido.
Por lo menos ya había conocido a su padre. Su padre..., ¡Dios! Mi pobre marido, fuera del quirófano solo, ¡qué mal lo debió haber pasado mientras me hacían la cesárea!

Continúa en el siguiente post...

Nota:
Al final me ha salido un post tan largo que he decidido hacerlo en dos partes, la segunda la publicaré en el próximo.