martes, 10 de septiembre de 2013

Preparando la llegada del bebé II: La ropa


En general, cuando nos quedamos embarazadas, las mujeres solemos emocionarnos con todos los preparativos para el bebé.
Está en nuestra genética. Es casi una necesidad. ¡No lo podemos evitar!
Yo, además, soy una loca de las compras.
Cuando me quedé embarazada supe que iba a tener que hacer un uso extra de mi "poder" de autocontrol.

Desde que gané mi primer sueldo a los dieciséis años, he ido aprendiendo (a base de palos al principio) a administrar el dinero.
Soy de las que prefiere un buen par de zapatos o un súper bolso a muchos normalitos.
Me ha costado lo mío, pero más o menos (gracias a la influencia de mi ahorrador marido), soy capaz de ceñirme a un presupuesto.

Sorprendentemente para mí, no fue muy difícil controlarme en mis primeras incursiones en las tiendas de ropita infantil.
¿Por qué?
Pues por que un bebé en su primer año de vida pasa por unas cinco tallas de ropa diferentes. Es el año de mayor y más rápido crecimiento en la vida humana, nunca más volveremos a crecer tan rápidamente.
Además, la ropa para recién nacido es un poco limitada en variedad. 

Por eso tenemos que pensar al dedillo lo que compramos, para aprovecharlo todo lo máximo posible sin que nuestros bebés parezcan payasetes.
Yo nunca he llevado a mi hijo con ropa más grande, vestirlos con dos tallas más es incómodo, ridículo y horroroso. Pienso que eligiendo bien y anteponiendo la calidad a la cantidad también se puede ahorrar.

Mini guía para los dos primeros meses (más o menos)

Qué ropita comprar antes del nacimiento

En los últimos meses de embarazo, hay que tener en cuenta el peso del bebé en las ecografías, aunque tampoco puedes fiarte al 100 %.
A mi me pronosticaron que iba a tener un bebé de 4,5 Kg y mi niño, al nacer, pesó 3,5 Kg. No soy yo sola, por lo visto es algo bastante generalizado no acertar el peso del bebé. Aunque tampoco hay que desecharlo del todo, no deja de ser una guía.

Mi consejo es que antes de nacer el bebé, sólo se compre ropa para los primeros dos meses más o menos como máximo. No sabes como va a ser tu hijo, por lo tanto, es mucho mejor esperar a que nazca y comprar más cuando lo necesite.

El término primera puesta no me convence. Yo lo interpreto como la ropita que vamos a llevarnos al hospital. Y eso es algo que va totalmente por cuenta de las preferencias de cada una y que es bastante secundario.
Yo no compré ropa especialmente para eso, de lo que tenía me llevé lo más pequeñito y lo que me apetecía. Eso sí, me llevé variedad para poder escoger.

En cuanto a las cantidades a comprar de cada cosa, es una cuestión muy personal.
Desde mi experiencia, es importante tener bastantes recambios de bodis y partes inferiores. 
Los recién nacidos hacen caca muchísimas veces al día. Unas seis u ocho o diez, depende del tipo de lactancia y el número de tomas, una locura. Y cada día, en una o varias de esas veces se acaba manchando la ropa, aunque el pañal esté perfectamente colocado y se lo cambies en seguida. 
Había días en los que le llegaba a poner tres bodis diferentes...

Es muy importante que todo lo que toque la piel de nuestro recién nacido sea de algodón suave. Yo prefiero tener cinco bodis de calidad que cuando los lavo quedan que casi no necesitan plancha a tener  diez que queden duros al tacto.

Hay que lavarlo todo con jabón y suavizante hipoalergénico, ya sea a mano o a máquina. De hecho, como mi peque tiene piel atópica, sigo haciéndolo.

Obviamente, cuando hablo de tallas me refiero a recién nacidos de tamaño estándar.
Hay muchas marcas que hacen tallas de prematuro, pero claro, suelen ser compras de última hora, ya que no se suele saber que vas a tener un hijo prematuro, salvo en contados casos.
A los bebés grandotes la talla 0-1 ni les cabe, así que pasan a la siguiente o incluso algunos a la de 3-6. No queremos que parezcan payasetes pero tampoco tiene que apretarles nunca la ropa.

Talla 0-1 Es la que va a usar entre el primer y el segundo mes, más o menos.
Talla 1-3 Es la que usará a partir del primer mes o antes si es un bebé grandote.

Si nace en Verano
Uno de los factores a tener en cuenta a la hora de vestir al recién nacido es es tipo de lactancia que va a recibir.
En mi caso, con la lactancia materna, considero que hace falta menos ropa, sobretodo los primeros días o semanas. Mi bebé y yo salíamos sudando todo el tiempo...

En casita
Bodis de manga corta que se abrochen por delante. Evitar todo lo posible las prendas que haya que pasar por la cabecita. Es muy incómodo, para ellos y para nosotros, que no sabemos ni como cogerla casi.
Ya está. 
Jajaja, era broma.  Pero casi que es verdad. Para estar en casa fresquitos en los días calurosos es lo mejor.
Calcetines. Sobretodo blancos, que son los que combinan con todo. Antes de comprar un pack de esos en los que vienen de varios colores, pensar bien si hay algún color que no vais a usar. ¡Puede salir más a cuenta comprarlos sueltos! No entiendo porqué las marcas ponen un calcetín gris oscuro en un pack para recién nacido, claro que para gustos los colores.
Gorritos de algodón. Lo suyo es comprar dos porque el que se le pone primero se suele manchar con los restos de sangre y tejidos del parto. A mi peque solo se los puse los dos primeros días de estar en el hospital.

Polainas y camisetas. Las polainas (pantalones con pie) sólo las usó en el hospital. Fueron una recomendación errónea de mi querida madre. Me sobraron para montar un mercadillo. Menos mal que las compré enormes y se las pude poner en octubre para estar por casa. Sea la época que sea, para el hospital son un básico, pero con moderación.
Las camisetas de manguita corta, ¡vigilar el cierre!.
Pijama de manga corta. Depende del calor que haga por las noches. Mi hijo (que nació a finales de agosto) dormía divinamente con uno puesto y tapado con una sábana hasta finales de septiembre. Eso sí, mirar que se abrochen por delante también.


Para pasear
Muselinas. Para mí han sido y siguen siendo un básico. Bien dobladitas no ocupan nada en el bolso y sirven absolutamente para todo. Para cubrirlo del sol, para taparlo del fresquito, por si prefieres cubrirte cuando le des el pecho, etc. Y son tan monas.

Camisetas y pantalones suaves y sencillos. No hay que tener miedo de que sean de manga corta, ¡los recién nacidos también tienen calor! Si refresca siempre se le puede tapar con una monísima muselina.

Vestidos. Si es niña, y no es muy pequeñita (suelen ser difíciles de encontrar en las primeras tallas) obviamente necesitará un precioso vestidito de esos que llevan cubre pañal a juego.
Monos. Son camiseta y pantalón o camiseta y falda en una sola pieza. De lo más cómodo, no se mueve la ropa, como tienen automáticos se desviste al bebé súper fácil para el cambio de pañal... El único inconveniente es que no hay una gran variedad en el mercado a precios económicos, por lo menos para niño. Aunque en realidad, hay que tener en cuenta que con esta prenda vistes al bebé al completo. 
Yo soy mono adicta, la pena es que me estoy dando cuenta de que a partir de la talla de dos años ya no los hacen...

Si nace en Invierno
Bueno, si nace en invierno, yo creo que pensamos que es más fácil, se trata de añadir ropa, ja ja ja.
Una enfermera me dijo que los recién nacidos toleran mejor el frío que el calor. Y es verdad, así que hay que procurar no súper abrigarlos demasiado.

Para casita
Bodys de manga larga. Para llevar debajo de la ropa. Si nos encontramos en otoño o en primavera, también pueden usarse los de manga corta. Yo nunca se los pongo de camiseta porque no me gusta como queda el pantalón encima, a lo Julián Muñoz.
Pijamas. Mi peque de recién nacido no se movía absolutamente nada mientras dormía, solo giraba la cabecita y movía un poco los brazos. Pero hay bebés que tan chiquitines se mueven mucho y se empiezan a destapar, así que hay que tenerlo en cuenta.
Si aún no hace mucho frío, con los de algodón normal es suficiente. Cuando el invierno ya aprieta los de terciopelo son geniales. Eso sí, yo siempre le ponía un bodi debajo, por si sacaba mucho los bracitos hacia afuera o se destapaba un poco.
Para salir
Camisetas, jerseys y pantalones. Lo más importante es la suavidad y la comodidad. Depende de la época, se le puede poner un conjuntito de punto o uno de lanita. O depende del gusto de cada una, camiseta y tejanos (forraditos de algodón por dentro, que si no pueden marcar o rascar su piel), pantalón de chándal o polainas de punto...

Monos. Para niña y para niño, como ya he dicho antes, son súper mega cómodos. Además, hay mucha más variedad en manga larga que en manga corta. Se encuentran mucho más fácil en las tiendas.

Gorros calentitos. Es muy importante que les tapen bien las orejitas. Los bebés cogen muchas otitis por no llevarlas bien tapadas, según nos dijo nuestra enfermera, yo no tenía ni idea. Mi peque las ha llevado muy bien tapaditas siempre y nunca ha cogido una.
Bufandas y manoplas. Depende del bebé. A mi peque no le molestaba la bufanda pero las manoplas no le molaban mucho... Se las ponía cuando se dormía en el carrito, je je.
Chaquetas y abrigos. Esta es una prenda que es muy importante que SI le vaya un poco más grande, si no, ponérsela (con dos capas de ropa debajo) puede convertirse en una tortura para el bebé. No compréis ninguna de la talla 0-1, ¡son pequeñísimas! Lo mejor para un recién nacido es la talla 1-3 meses o si el fabricante talla pequeño incluso la talla 3-6 meses.
Hay  que tener mucho ojo con las mangas, algunas las hacen extremadamente estrechas.
También, vigilar que las cremalleras corran bien y que el final esté protegido para que no les roce la piel. Muy importante: aunque estemos en invierno, es importante no agobiar al recién nacido con muchas capas de ropa. Es incómodo para todos.
Buzos: Creo que si no se vive en un entorno muy frío no hacen falta. En el capazo del carrito con la capota echada, con el abriguito, el gorro y bien tapado con una mantita van súper calentitos. 
Estoy pensando que a lo mejor, las mamás que sólo portean y que no usan carro nunca puede que sí los recomienden, ¡a ver si alguna nos saca de dudas!
Supongo que las famílias esquiadoras los usarán, pero más adelante, no creo que se lleven al recién nacido a la nieve, je je.
Cuando las tallas 0-1 y 1-3 ya no le sirven, pasaremos a la siguiente, la de 3-6. 
Valorando el tamaño y el peso de nuestro bebé, será la hora de ampliar su guardarropa. 
A partir de entonces, encontraremos más variedad en las tiendas y la ropa será más de bebé, porque nuestro bebé ya no es un recién nacido. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Crónica de mi parto por cesárea (parte 2)


Continuación de la parte 1:

Gracias al cielo, me llevaron rápido a mi habitación. Allí estaban mi marido y mis padres y hermanos, esperándonos.
Fue una escena bastante típica de mi familia, que somos un poco melodramáticos, jajaja. Nada más verlos arranqué a llorar otra vez y ellos también. Todos llorábamos.
Entre las lágrimas de emoción me decían que ya lo habían conocido, que era mi marido en pequeñito. ¡Todos habían estado más tiempo con mi hijo que yo! A mi no me había dado tiempo de fijarme en nada....

Como yo aún no tenía movilidad, tuvieron que pasarme a la cama como si fuera una abuelita. Nada más colocarme, por fin, apareció una enfermera con mi hijo.
Efectivamente era una mini versión de mi marido, una pasada. 
Desde que desperté hasta ese momento, había estado temblando de frío, pero cuando me pusieron a mi bebé encima empecé a entrar en calor. Apenas habían pasado cuarenta y cinco minutos desde que había nacido, pero a mi me pareció una eternidad.

Intenté dejar a un lado todo mi dolor físico y emocional para poder concentrarme en mi pequeño príncipe.
Era increíble, ya estaba conmigo, buscando mi pecho.
Es indescriptible lo que sentí cuando me di cuenta de que ya era madre.
Lo sentí por primera vez cuando mi hijo empezó a mamar. 
Fue justo en ese momento cuando empecé a tomar consciencia de todo. 
Pero no es instantáneo.
Mi peque nació a las 2:33 de la madrugada, y yo no dormí un ratito hasta por lo menos las seis o las siete. Me desperté con el llanto de un bebé, tardé un poco en darme cuenta de que era el mío.

No sé cómo será el postparto cuando tienes a tu hijo en un parto vaginal normal, pero me gustaría mucho poder vivirlo cuando esté otra vez embarazada.
Lo que sí sé es como es después de una cesárea.
Yo tuve mucha suerte porque desde el momento en que me retiraron el vendaje, la cicatriz tenía una pinta estupenda. Aunque me costaba la vida misma tocármela, le tenía un miedo atroz.
Pero por muy buen aspecto que tuviera, dolía como el infierno. Juro que tenía que pensar cada movimiento que hacía para no ver las estrellas. Casi cada vez que me movía, la cicatriz me tiraba aunque fuera solo un poco.

Tenía que tener mucho cuidado con la postura cuando daba el pecho al peque, para que no me pateara la herida.
La cicatriz y el estar conectada a un montón de cables impidieron que le cambiara los primeros pañales a mi hijo. Eso me dio mucha rabia.
No me pude mover de la cama durante unas doce horas que se me hicieron eternas, y cuando por fin me "desconectaron", y pude ducharme no me sentí muy bien conmigo misma.
Sé que a muchas mujeres les pasa lo mismo y que es normal, pero no dejar de ser algo raro. Sentía una especie de miedo y rechazo hacia mi cuerpo.
Ya no estaba embarazada, pero no estaba como antes. Tenía unos pechos enormes, una barriga de cinco meses y una gran cicatriz a lo ancho de mi vientre. Y unas piernas monstruosas en las que no se distinguían los tobillos.

Yo di a luz en un hospital privado. Uno de los motivos de peso para hacerlo es la privacidad y la comodidad.
Mi marido tenía una cama para poder dormir, mis visitas un sofá y sillas y espacio para caber todos. Mi cuarto de baño era como el de una casa. No oíamos llorar a ningún bebé que no fuera el nuestro.
Y sobretodo, no tenía que estar con otra familia de personas desconocidas.
Para mí, todas las cuotas de la mutua merecen la pena solo por esto, por el tiempo que se está después de dar a luz en el hospital, que en mi caso fueron cinco días.
Los primeros días de lactancia materna, los primeros días de maternidad fueron difíciles aunque maravillosos y la verdad, todas esas comodidades y esa privacidad de las que disfruté, me ayudaron mucho a sobrellevarlo.

Hay gente a la que esto le da igual, y yo lo respeto, pero en mi cabeza no entra que uno de los momentos más importantes, difíciles, sensibles, etc. de tu vida tengas que compartirlo con una familia de extraños (y el desfile continuo de visitas) en la misma habitación. Porque que yo sepa en la mayoría de hospitales públicos es así. Me parece una vergüenza.

Una ventaja de estar tantos días en el hospital es que me subió la leche estando allí y me asesoraron y ayudaron mucho en el proceso.
A mi príncipe incluso se le cayó el cordón umbilical al tercer día. ¡Me dio un susto de muerte porque no esperaba que pasara tan pronto!
Con el paso de las semanas, el dolor de la zona de la cicatriz fue disminuyendo cada vez más. Pero yo diría que no empecé a sentir la zona completamente como antes hasta pasados los tres meses más o menos.
Además, no tuve que ir a la consulta con la ginecóloga hasta que no terminó la cuarentena porque me cosieron con unos maravillosos puntos re-absorbibles.

Para mí, fue un chasco enorme que me practicaran una cesárea, aunque fuera algo inevitable, y fue peor todavía porque me sentí absolutamente incomprendida.
A pesar de que mi entorno era consciente de lo que supuso para mí, todos me decían que tenía que estar contenta porque el niño estaba bien.
Pues claro que lo estaba, mi felicidad era completa con solo mirarlo. Yo soy su madre y soy la primera que piensa en el bienestar de mi hijo. Pero, una cosa no quitaba la otra.

En esos momentos sentía que a nadie le importaban mis sentimientos, lo único que hacían cada vez que yo sacaba el tema para desahogarme, era minimizarlo y evitarlo. Y eso es lo peor que se le puede hacer a una mujer que ha pasado por una cesárea por la que no eligió pasar.
Al final, me cansé de esas reacciones y me lo tragué todo yo sola, estaba harta de sentirme una llorona.
No buscaba que se compadecieran de mí. Sólo un poquito de comprensión.

Me molesta que la sociedad en general no entienda que una mujer quiera tener un parto natural y que si no lo tiene, puede sufrir mucho. A mí me han llegado a decir "¡Pero que más te da!, si es mejor!" o "Así salen los bebés mucho más guapos, no sufren", y otras lindezas varias.
Cada mujer se lo toma de una forma muy distinta, eso está claro. A mi me afectó bastante y lo viví con sentimientos encontrados, pero poquito a poco conseguí superarlo.

Es cierto que cuando te conviertes en madre, pasas un segundo plano en muchos sentidos, quizá a mi me pasó que me sentí demasiado poco importante. A lo mejor por eso me afectó más.
Aunque ahora pueda parecer que fue algo traumático, no lo fue. Que nadie piense que escribo esto en plan dramático. Para nada.
Nada de lo que sufrí estuvo reñido con el amor y la felicidad que sentí por la vida de mi hijo.
Absolutamente todo lo que pasé merece la pena, lo pasaría una y otra vez si hiciera falta.

Como moraleja de mi historia yo diría que no hay que dar nada por sentado.
Yo estaba súper predispuesta a tener un parto natural y totalmente indispuesta a tener una cesárea.
La próxima vez me lo tomaré de otra manera, eso está clarísimo. Porque a la hora de la verdad puede pasar cualquier cosa y al fin y al cabo se trata de eso, de dar vida. La vida ante todo.
Y sufrir por sufrir es tontería.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Crónica de mi parto por cesárea (parte 1)

A raíz del primer cumple de mi pequeño, he pensado que sería un buen momento para compartir la experiencia de mi parto.
Sé que hay mucha gente a la que no le interesa lo más mínimo, y lo entiendo.
Pero este post está dedicado especialmente a esas mujeres que aún no han dado luz y que son tan curiosas como yo. Y por supuesto, a todo aquel que le interese leerlo.

En mi embarazo me tragué todos los programas y documentales que encontraba sobre el embarazo y el parto. Vi más partos de los que puedo recordar.
También leí en blogs y foros muchas crónicas de parto en primera persona. Me fascinaba ver lo diferentes y parecidas que somos las unas de las otras en un momento tan importante de nuestra vida.

Me impactó mucho cuántas cosas diferentes pueden surgir en un parto. Creo recordar que una comadrona del programa Baby Boom lo definió muy bien, dijo que cada parto era un mundo porque cada mujer era un mundo. O algo muy parecido.

Después de ver cada programa o leer cada crónica me sentía muy bien. Sentía que ya no iba tan a ciegas, que es algo no soporto.
Y yo, que no veo la tele nada más que para ver documentales o deportes, siento (aún sigo viendo y leyendo sobre el tema) una empatía y una afinidad que me alucina hacia esas mujeres. Yo que soy anti realities.
Será la maternidad.

En fin, que me enrollo y esto se va a hacer muy largo. ¡Y no quiero aburrir a nadie!

En mi embarazo, la mayoría de veces que hablaba sobre como sería el parto, decía que lo único que no quería era una cesárea.
Son muchos los motivos por los cuales no quería que mi parto terminara así. 
Por ejemplo;
- Se trata de cirugía mayor, aunque sea una práctica muy común, estamos hablando de una operación, siempre hay riesgos.
- Te separan más tiempo de tu hijo.
- Normalmente no dejan entrar al padre a quirófano.
- El tiempo de estancia en el hospital es más largo.
- La recuperación física es más lenta.
- La leche puede tardar más tiempo en subir.
- No es lo natural, por lo tanto no es lo mejor, ni para la madre ni para el bebé.

Yo no creía que me pudiera pasar a mí. Y no quería que me pasara. Pero pasó.
Yo salía de cuentas el 23 de agosto, y puntual como soy yo, la noche del 22 al 23 empezaron las contracciones. Eran irregulares, cada veinticinco, cada veinte o cada quince minutos, ¡o cada media hora! Los dolores eran muy soportables, así que no pensaba moverme de mi casa. Cada vez que tenía una contracción, me entraban unas ganas enormes de hacer pis, eso fue lo más incómodo. Por lo demás, seguí en la cama e incluso dormí algo.

Por la mañana tenía que ir al hospital a entregar un bote enorme de orina porque mi ginecólogo creía que podía tener preclampsia. Mi marido se empeñó en que ya que estábamos allí, me vieran.
Yo seguía más o menos igual y sabía lo que me iban a decir, que había empezado el trabajo de parto pero que todavía me quedaba mucho. El ginecólogo que me atendió, me aconsejó que si quería pasar la espera en casa tranquilamente, volviera cuando tuviera las contracciones regulares cada cinco minutos.

Así que volvimos a casa. A medida que pasaban las horas, las contracciones se iban volviendo más regulares  y más intensas. Durante todo ese tiempo estuve yendo del sofá a la pelota de pilates, una y otra vez. Voté, caminé, me tumbé, me senté...
Mi hermana se vino para casa para apoyarme junto a mi marido. Ellos de vez en cuando me iban diciendo que fuéramos al hospital, mi madre por teléfono (porque vive lejos) cada media hora, también. Yo les decía que podía aguantar el dolor, que seguro que aún me quedaba mucho y que no quería estar más de lo necesario en el hospital.

Hacia las diez de la noche, ya tenía contracciones cada cinco minutos y eran cada vez más intensas. Así que ya no tuve otra alternativa que ir al hospital. Recuerdo que por el camino les fui diciendo a mi marido y a mi hermana "¡Espero que no me manden para atrás!", aún no estaba yo muy convencida de si íbamos demasiado pronto...
Cuando me examinaron, la ginecóloga me felicitó. Me dijo que tenía una dilatación de seis centímetros, que podía sentirme orgullosa de mi misma porque había atendido a mujeres con apenas un centímetro que no paraban de quejarse. La verdad es que cada vez sentía más dolor aunque hasta entonces había aguantado muy bien.
Pero el momento en el que realmente me di cuenta de que dentro de muy pocas horas iba a conocer a mi hijo, fue cuando la ginecóloga me dijo que en unos minutos vendrían a buscarme para llevarme a la sala de partos. Fue algo impactante lo que sentí.
Resulta que era la única que estaba pariendo esa noche en mi hospital, así que tenía a la comadrona para mi solita. Estuvo disponible todo el tiempo pero también nos dio momentos de privacidad, fue encantadora.

Prefería no ponerme la anestesia epidural si el dolor era soportable, pero siendo sincera, tenía claro que si la "necesitaba"no iba a decir que no. La comadrona de los cursos de preparación al parto era anti epidural, así que era muy consciente de todos los inconvenientes que conllevaba.

Casi nada más llegar a la sala de partos, la comadrona me hizo un tacto. Mi bebé tenía la cabeza muy alta todavía y además, no estaba muy bien posicionado, en lugar de estar mirando hacia mi espalda, miraba hacia adelante. Encima, traía una vuelta de cordón y para acabar de rematarlo, a causa del tacto empezó a tener bradicardias. Me pusieron oxígeno para ayudar al bebé y funcionó.
Entonces, me habló de la epidural, me dijo que me iba a romper la bolsa y que a partir de ahí el dolor iba a ser mucho más intenso. Me convenció. Quizá si no hubiera habido los inconvenientes de la postura, el cordón y las bradicardias, a lo mejor me hubiera planteado pasar. Pero no lo dudé.

Me la pusieron rápida e indoloramente y al cabo de unos cinco minutos empecé a no notar las contracciones. Aparte de la insensibilidad, el mayor problema de la epidural es que tienes que estar en la cama o camilla, no puedes moverte. Ese era uno de los motivos por los que no la quería. Para mí, el hecho de estar tumbada ralentizó mi parto y quién sabe, hasta lo fastidió.

Una vez me rompieron la bolsa, empecé a tener contracciones más fuertes y más frecuentes y en poco rato, ya estaba dilatada de diez centímetros. Ya podía empujar.
Pues no.
A pesar de ponerme de lado un rato y de los intentos de la comadrona en girar la cabeza del peque, mi chico no se movía. Y lo que es peor, empezó a sufrir bradicardias cada vez que tenía una contracción, o sea, casi todo el tiempo.
Estuve lo que a mi me pareció una eternidad con la mascarilla del oxígeno puesta, intentando concentrarme en respirar cuando estaba muerta de miedo por lo que pudiera estar sufriendo mi hijo. La comadrona me dejó caer que podrían tener que hacerme una cesárea, que iban a intentar evitarlo, pero que la cosa estaba complicada.

Vino la ginecóloga y en seguida me hizo empujar. Juro que empujé con todas mis fuerzas y con toda mi alma. Debieron de ponerme poca epidural porque justo antes de empujar ya volvía a sentir dolor y también un poco de movilidad. Lo intenté con todo mi corazón pero tras dos intentos, mi bebé lo único que hizo fue seguir con sus pulsaciones bajas.
Entonces, la ginecóloga me dijo que tenía que practicarme una cesárea de urgencia. Instintivamente, lo primero que salió de mi boca fue "no". No de "no me lo puedo creer, estoy en mi peor pesadilla", no de "no puede ser que la cosa esté tan mal", no de "estoy cagada de miedo"...

Ella me habló con una sinceridad que yo agradecí, me dijo más o menos esto; "Si quieres podemos intentarlo una vez más, pero te aviso de que tal y como está, no va a cambiar nada. Tu bebé está sufriendo, y cuanto más tiempo esté dentro... No puedo garantizarte que él vaya a estar bien. A mi no me gusta hacer cesáreas, pero hay que hacerlo". Obviamente, no hizo falta que dijera nada más. No pensaba poner en riesgo a mi hijo porque yo quisiera parir de forma natural.

La cesárea fue toda un experiencia. Yo ya había pasado por un quirófano dos veces por cuestiones menores, pero con anestesia general. Esto es otra cosa. De acuerdo, en pocos minutos sabes que vas a poder ver a tu hijo, y solo por eso, se vive de otra forma. Pero, por lo menos a mí, me dio miedo.

Es muy extraño sentirlo todo, aunque sin dolor. Yo soy una persona muy emocional, expresiva y nerviosa, pero conseguí estar bastante calmada.
Fue muy rápido, enseguida sacaron a mi pequeño. Desde que dijeron la hora del nacimiento (2:33) hasta que me lo enseñaron creo apenas pasaron unos segundos.
Ese fue el mejor momento de mi vida.

Tenía los ojos muy abiertos, eso me sorprendió mucho. Acerqué la mano hacia él y al momento me cogió un dedo con su manita. Eso si que me impactó. Y ahí ya no pude contenerme más, me puse a llorar y a reír a la vez. Qué rabia me dio después, si hubiera sido capaz de seguir calmada, no hubieran tenido que sedarme para poder terminar la intervención.

Fue tan desagradable despertarme sin mi hijo en la sala de reanimación. No había sentido tanto frío ni tanta desorientación en toda mi vida.
Pregunté a duras penas a una enfermera por mi hijo y me dijo que estaba fenomenal, que había pesado 3500 gramos y que estaba con mi marido.
Por lo menos ya había conocido a su padre. Su padre..., ¡Dios! Mi pobre marido, fuera del quirófano solo, ¡qué mal lo debió haber pasado mientras me hacían la cesárea!

Continúa en el siguiente post...

Nota:
Al final me ha salido un post tan largo que he decidido hacerlo en dos partes, la segunda la publicaré en el próximo.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Un año de un amor diferente

Hay varias clases de amores, eso todos lo sabemos.
Pero ningún amor se puede comparar al amor que una madre siente por sus hijos. Ninguno. Ahora que soy madre puedo decirlo con conocimiento de causa.
Mi príncipe es el amor de mi vida.
Muchas veces le he preguntado a mi madre "¿cómo será cuando tenga otro hijo?, ¿cómo voy a querer a alguien más de la misma forma que a mi príncipe?". Ella siempre me dice que una madre tiene amor para todos sus hijos, el mismo amor.

Todo lo que había imaginado acerca de la maternidad se queda corto. Casi todos los tópicos (positivos, claro) que he escuchado durante toda mi vida sobre las madres son ciertos.
Yo nunca he sido una mujer niñera, es más, muchas personas de mi entorno me decían "No te imagino como madre". Yo tampoco me imaginaba mucho, la verdad.
Pero él llegó y cambió mi mundo. De hecho lo hizo desde antes de nacer, cuando lo tenía dentro de mí.

Este primer año de la vida de mi hijo, este primer año de maternidad (citando uno de los tópicos más famosos), ha pasado volando. Literalmente.
Toda mi vida ha cambiado. Mis prioridades, mi forma de ver las cosas...
A medida que han ido pasando los meses, mi yo mujer ha ido volviendo progresivamente, aunque me ha costado un poco.

Como no trabajo fuera de casa, estoy veinticuatro horas al día con mi príncipe. Y aunque tengo  facilidades para dejar al peque con mi madre, mi hermana o mi marido, para tomarme tiempo para mi misma, no lo hago.
He salido muy poquitas veces sin mi hijo, me cuesta muchísimo separarme de él, no puedo evitarlo. 
Pero lo he hecho, incluso cuando no me apetecía hacerlo. Y eso ha contribuido a ir equilibrando mi yo mujer con mi yo madre cada vez más. 

Con el paso de los meses otra cosa que he aprendido es a no controlar todo el tiempo cada cosa que le ocurre o que hace mi hijo. 
Por ejemplo, el otro día "permití" a mi marido llevar al peque a que le cortaran el pelo sin mi presencia.
Desde hace meses no tengo la necesidad imperiosa de supervisar cada cambio de pañal hecho por otra persona.
También tengo totalmente superada la ansiedad de contenerme para ir a ver como baña mi marido al príncipe. 
Y la lista continua... 

Estoy muy contenta de haber dejado de ser (casi) una (amorosa) monopolizadora. 

La verdad es que me da un poco de penita que ya no sea tan bebé. Supongo que a todas nos pasa lo mismo. Ver cómo su carita se va afinando y va desapareciendo esa papada tan graciosa...
Pero ver cómo cada día esta más cerca su primer pasito sin apoyo, cómo cada día "chapurrea" algo nuevo, cómo aprende y repite las cosas, cómo se divierte..., etc. es algo absolutamente fascinante. Sentir este amor es algo abrumador.

Afronto esta nueva etapa de la vida de mi hijo, esta nueva etapa de mi maternidad con mucha más tranquilidad de la que yo creía que sentiría. 
A pesar de que este ha sido un año súper feliz, también ha sido un período difícil y duro en ocasiones. Siempre he sido una mujer muy fuerte, pero como madre soy más fuerte, más mujer. Y eso me ha sorprendido mucho. 
Me siento tan orgullosa de mi hijo, de mi marido y de mi misma... Siento que lo estamos haciendo genial, que nuestro hijo es feliz siéndolo. Y que vamos a seguir sintiendo todo esto tan bonito.

Es absolutamente imposible de explicar lo maravilloso y precioso que es mi príncipe y lo perfecto que es ser su madre, pero supongo que las mamás me entenderéis. Y las que aún no los sois, os enteraréis cuando conozcáis a vuestro hijo.

Lo que mejor puede definir mis sentimientos, vuelvo a decirlo; él es el amor de mi vida. No hay nadie ni nada como él.
Es un amor diferente.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Qué regalar a (para) una embarazada

Siempre queremos (por lo menos yo y la mayoría de gente que conozco) regalar cosas prácticas, que aparte de gustar, tengan un sentido y / o función frecuente. Como decimos aquí, que se aproveche.
Aunque siempre hay alguien que no se molesta mucho y que regala por regalar o por obligación. De verdad, a riesgo de parecer una borde, prefiero que ese tipo de gente se guarde su dinero y no me regale nada. Me da bastante rabia, yo soy una persona bastante detallista, así que cuando voy a hacer un regalo, dedico bastante tiempo a pensarlo y comprarlo. 
Me encanta envolverlos yo misma con cajas, papeles, lazos, pegatinas... Disfruto viendo la cara de la persona abriéndolo, la sonrisa que significa que le ha gustado... Me hace feliz. 

El embarazo me parece un momento de la vida ideal para ser agasajada, algo súper fácil en nuestros tiempos. 
Hay tantas cosas que se pueden regalar a una mujer embarazada... Cosas que le van a encantar, emocionar, ilusionar y sobretodo, cosas que van a usar.
Yo no voy a volver a descubrir América otra vez, pero si voy a recopilar unas cuantas ideas de cosas muy chulas que pueden complacer mucho a cualquier tipo de mujer que esté embarazada.
Cosas que, sobretodo, sean para ella, y no para el bebé, y que pueda disfrutar en el embarazo, no para cuando el bebé ya haya nacido. La gente suele confundirlo, pero no es lo mismo.
Aquí van unas ideas.

Ropa premamá
Una camiseta bonita o un vestido cómodo suelen ser un acierto seguro. Hay mujeres que se arreglan con ropa normal un poco más grande, pero a mi personalmente esa opción no me gusta. Hay muchas cosas que si se pueden aprovechar, pero eso ya depende del tipo de la forma de vestir de cada una.
La ropa premamá esta hecha especialmente para las formas de la mujer en ese estado, por lo tanto tiene un corte adecuado y una comodidad que no tienen la mayoría de prendas habituales. Normalmente la talla es la misma que la que se usa antes del embarazo.
Algunas tiendas premamá: H & M, Mit Mat Mamá, Prenatal, United Colors of Benetton, Alía en el Corte Inglés...

Ecografía 4d
La ecografía 4d consiste en ver al bebé en movimiento, son imágenes tridimensionales en tiempo real. Es algo que a nosotros nos hizo mucha ilusión. Mi marido iba muy escéptico y al final, alucinó más que yo. Es una experiencia muy emocionante y bonita. Fue maravilloso conocer a nuestro hijo antes de nacer de forma tan detallada. Punto negativo: cuando acaba tienes todavía más ganas de que llegue el parto para conocerlo.
El momento ideal para hacer esta ecografía 4d tradicionalmente es de la semana 26 a la 32. Aunque hay muchos sitios donde la realizan en varias etapas del embarazo, como por ejemplo, al principio del segundo trimestre para saber el sexo del bebé.
Suele durar una media hora y la forma de proceder es como una ecografía abdominal normal con tu ginecólogo. Hay que recalcar de que se trata de un acto lúdico, no es una ecografía de diagnóstico porque no la realizan profesionales médicos. Por lo tanto no sustituye de ninguna manera a las ecografías que se deben realizar a lo largo del embarazo.
Hay infinidad de centros especializados por toda España. Puedes contratar un kit, con copias de fotos o montajes, el dvd de la sesión, un cd con todas las fotos..., hay para todos los presupuestos. 
Es importante saber si te conciertan otra cita sin coste en caso de que el bebé esté durmiendo en el momento de la sesión.

Doppler fetal
Este aparato sirve para escuchar los latidos del corazón del feto. Lo que se suele comprar es una versión doméstica del que usa el médico. Se puede usar desde las 12 semanas más o menos, depende de la calidad del aparato. Se conectan unos auriculares y se coloca sobre la barriga. Al principio cuesta un poco localizar el latido, pero después es más fácil. 
Hace mucha ilusión cuando todavía no puedes notar los movimientos del feto dentro de ti. 

Kit para molde de barriga
Es algo bonito que a mucha gente le gusta. Se trata de hacer un molde de la barriga de la embarazada, luego se decora y se guarda o expone, según cada una. Para mí la gracia de esto es pasar un buen rato con madres, hermanas, primas, tías, amigas... Venden kits con todo lo necesario, pero también se puede hacer casero fácilmente.

Un buen masaje
A partir de la semana 30 se agradece mucho. En muchos sitios los hacen especialmente para embarazadas con regalito incluido. 

Un curso de preparación al parto
No hablo del curso que se ofrece en el ambulatorio. Hablo de un tipo de curso donde la mujer recibe un trato más personal, donde se practican durante un tiempo considerable ejercicios de todo tipo. 
Te enseñan y practicas los tipos de respiración, te enseñan y practicas posiciones de parto, te informan y asesoran en profundidad...
Lo imparten comadronas y / o doulas. 
Un buen momento para empezar es alrededor de las 30 semanas de embarazo.

Un curso de pilates para embarazadas
A mi me hubiera gustado mucho hacerlo, pero al final no me animé. Es un regalo muy acertado para las mujeres que son muy deportistas. 

Cojín de lactancia
No hay un momento concreto para empezar a usarlo. Yo empecé muy pronto porque odio dormir de lado y bocarriba y esto me ayudó un montón. A partir del segundo trimestre, cuando la barriga empieza a aumentar más de volumen, el cojín de lactancia ayuda bastante a dormir mejor. Además luego se sigue usando para dar el pecho al bebé.

Cremas antiestrías 
Se puede usar desde el primer trimestre. Yo empecé a usarla muy pronto, prueba de ello es que el embarazo no me ha dejado casi ninguna estría. La mía fue la de Suavinex.
Hay unos kits estupendos para regalar que yo he regalado y que me han regalado con los que quedas fenomenal. Los tienen divididos en dos etapas de embarazo Kit Mummy to be hasta las 24 semanas y Kit Expecting Mummy a partir de entonces.

Crema para pies y piernas hinchados
Sobre las 30 semanas o incluso antes pueden empezarse a hinchar piernas y pies. Es algo más que tener las piernas cansadas, es muy molesto y hasta doloroso. Yo tuve esclavizado a mi marido como masajista a diario. 
Usé la Lucky Legs de Mama Mio. Me gustaba mucho por su efecto refrescante.

Colonia fresca
Tengo mil perfumes que aún sigo sin usar. En el embarazo los odiaba y ahora me sabe mal apestar a Armani a mi príncipe. Mi amiga Laura me regaló una que me enamoró de Tous que he sido incapaz de encontrar otra vez, se me acabó hace meses y aún la hecho de menos. No era exactamente una colonia, según la caja es "L' Eau Pour le Corps", bruma perfumada para el cuerpo.

Cinturón de seguridad para embarazada
Imprescindible para las mamás que viajan en coche, ya sean conductoras o no. 
Los hay de varias formas, pero algunos que se abrochan en la entrepierna me parecen muy raros. Yo usé el de la foto, era bastante cómodo. 

Espero que estas ideas sirvan de ayuda. Si con mi experiencia, puedo aconsejar sobre alguna cosa, no dudéis en preguntar. Y si os ha gustado, decírmelo en comentarios y publicaré más entradas de este tipo. 

domingo, 25 de agosto de 2013

La mastitis y cómo mi lactancia sobrevivió a ella



Como muchas madres lactantes, yo sufrí mastitis.

Cuando tienes un bulto duro y doloroso en el pecho, significa que algún conducto de la leche se ha obstruido. Si lo detectas a tiempo, se puede solucionar fácilmente, colocando calor, masajeando la zona y sobretodo, poniendo al bebé al pecho obstruido más veces y más tiempo para drenarlo bien. 
Si no se ha logrado detener la obstrucción, aparece nuestra enemiga la mastitis, que es una obstrucción que se ha infectado.

Cuando a mi me pasó creo que mi príncipe no tenía ni un mes.
En una de las tomas nocturnas, me dolía tanto, que estuve todo el tiempo llorando y deseando que terminara. Era muy, pero que muy doloroso, pero yo lo achaqué a las grietas que tenía. Cuando el peque terminó de mamar y se quedó dormidito, al levantarme de la mecedora, me di cuenta de que me encontraba muy mal.

Me acosté sin parar de temblar, sin fuerzas, débil como no había estado en mucho tiempo. Tenía los pechos ardiendo y muy rojos (sobretodo el derecho), y no sabía ni como ponerme porque cualquier movimiento o roce hacia que viera las estrellas. 

Mama enrojecida a causa de la mastitis.
A las dos o tres horas, mi peque volvía a tener hambre pero yo era absolutamente incapaz de cogerlo en brazos ni siquiera. Teníamos sobres de muestras de leche de fórmula, así que mi marido le dio un biberón y después llamó a nuestra mutua para que nos mandaran un médico. Con mis cuarenta grados de fiebre, no podía ni moverme.

La médico que me atendió me diagnosticó una mastitis y me recetó antibiótico y antiinflamatorio. Me dijo que tenía que dejar de dar el pecho a mi hijo mientras durara el tratamiento. Que el bebé no podía tomar leche posiblemente infectada y que era mejor evitar el peligro de que los antibióticos pasaran a la leche...

Mi instinto enseguida me dijo que eso no podía ser. Puse el grito en el cielo a pesar de mi estado y le dije que no estaba de acuerdo. Si hacia lo que ella decía para no perder mi lactancia (sacarme la leche y tirarla), no me iba a curar y mi hijo iba a pagar las consecuencias. Le pregunté qué pasaría si le diera el pecho a mi hijo y ella no supo darme un argumento de peso para que no lo hiciera, solo me dijo que si lo hacía, sería bajo mi responsabilidad.

No estaba muy enterada del tema, pero sabía que yo no iba errada. Enseguida me puse a buscar información en internet. Y menos mal. Gracias a eso, supe que hacia bien en hacer caso a mi instinto. 
Para curar una mastitis, aparte de tomarte el antibiótico que te recete tu médico (adecuado para la lactancia, eso fue en lo único que acertó mi médico) y antiinflamatorios o antipiréticos, tienes que hacer de tripas corazón y ponerte tu hijo al pecho. Al principio duele mucho, pero después se puede aguantar. El bebé es nuestra mejor medicina, él vacía el pecho mejor que ningún sacaleches y no le pasa nada por tomar nuestra leche.

Obviamente, decidí seguir dándole el pecho a mi hijo. Cuando volvió a tener hambre, al ponérmelo al pecho de nuevo sentí mucho dolor, pero sobretodo, sentí mucho alivio al volverlo a ver mamando.
Pasé mucho miedo con solo pensar en dejar la lactancia materna. No entraba en mi cabeza.

Durante el primer día lo pasé bastante mal, cada vez me encontraba mejor, pero aún y así estaba hecha polvo. Tomé los antibióticos y enseguida empezó a mejorar, al día siguiente ya no tenía fiebre. Cada vez que mi peque comía me sentía mejor y él no mostró ningún rechazo (algunos bebés rechazan la leche con mastitis) ni ningún problema.
Tardé unos días en recuperarme, pero cuando lo hice, estaba fuerte como una roca. Contenta porque conseguí mantener nuestra lactancia materna como había sido hasta entonces (exclusiva y a demanda), pese a las dificultades y a pesar de la médico que me atendió.


Toda esta experiencia me planteó, y me sigue planteando, una serie de preguntas:
¿Porqué los médicos enseguida quieren quitar la teta? 
Si yo no hubiera buscado información en internet (información fiable, de sitios de confianza, oficiales y serios), ¿qué hubiera pasado con nosotros? 
¿Porqué los médicos que tratan directamente con los pacientes no tienen esta información? 
¿Porqué, si yo y cualquiera con acceso a internet la tiene con sólo buscarla?
¿Porqué no tienen más idea que yo sobre lactancia materna?
¿Porqué valoran tan poco la lactancia si sus "jefes" de la O.M.S. la ensalzan y la recomiendan?

NO LO ENTIENDO. 

En la blogosfera he leído experiencias parecidas, de madres lactantes con cualquier problema médico a las que antes de recetarles lo que sea ya les están queriendo quitar la teta. No deberían haber tantos casos así, deberían ser una excepción. Deberíamos tener profesionales sanitarios de atención primaria no especializados que estén más formados en lactancia que las propias madres. Es algo básico y natural, ¿no?, es nuestro primer alimento, lo mejor para los bebés... 

Seguro que hay muchos profesionales formados y cualificados, pero yo hablo por mi experiencia y (con permiso de las aludidas) la de muchas mujeres, que desgraciadamente no hemos tenido la suerte de encontrarlos.
Igualmente, ante un problema como es la mastitis, hay que seguir acudiendo al médico, aunque luego contrastemos su diagnóstico y recomendaciones por otros medios. Recomiendo muchísimo a las madres lactantes y a las que piensan serlo, leer sobre los problemas que aparecen en la lactancia materna. Ayuda mucho estar prevenida cuando te ocurre algo así.

martes, 20 de agosto de 2013

Preparando la llegada del bebé I: ¿Mini cuna?, ¿hamaca? ¡Sí!

En esta entrada voy a hablar de dos de las cosas que más usó mi bebé los primeros meses. Sé que es un tema del que se habla bastante en internet, pero a las mujeres embarazadas primerizas les encanta (a mi me entusiasmaba) leer mil opiniones sobre mini cunas y hamacas, ¿a que sí?

Mini cuna

Yo no decidí comprar la mini cuna hasta una semana antes de dar a luz. Pensaba que sería una tontería comprar otro trasto solo para unos meses y hasta que no se me vino encima el momento no cambié de opinión.
Cuando miraba a mi hijo en la cuna del hospital y lo veía tan pequeñito, tan indefenso en esa mini cunita, supe que había hecho bien, que en la cuna grande ser perdería.
Mini cuna Basic de Interbaby
Además, es que necesitas tenerlo cerca todo el tiempo. Y yo que me pasé casi todo el embarazo creyendo que como nuestras habitaciones están pegadas no me haría falta tenerlo a mi lado. Ja ja ja.
Por eso, la otra gran ventaja de la mini cuna es que la puedes mover fácilmente por toda la casa. Durante el día la teníamos en la planta de abajo y por la noche la subíamos fácilmente a nuestra habitación.
El único inconveniente es el tiempo. Mi príncipe la estuvo usando hasta los cinco meses más o menos. Eso sí, al menos la nuestra (la de la imagen), se pliega muy fácilmente y queda muy plana, así que ocupa poco espacio. Trae un juego de sábanas con relleno nórdico incluido de serie que es muy práctico; la sábana bajera va unida con cremallera a la funda nórdica, así queda bien tapadito. También incluye el colchón y la funda para guardarla cuando ya no la uses.
La compramos en Tienda para mi bebé, lo comento porque nos trataron súper bien. En el pedido les indiqué que era urgente porque me faltaba muy poco para salir de cuentas, que si había cualquier problema me avisaran. Me llamaron rápidamente y concretaron el día de entrega conmigo. Además, por lo menos el año pasado, era la tienda donde salía más barata.

Hamaca

La hamaca, sin embargo, si tuve bastante claro que la iba a comprar. El bebé (hablamos de los primeros meses, cuando ni siquiera gatea), si no está en los brazos y está despierto, bajo mi punto de vista, no puede estar todo el santo día en la cuna. Ahí bocarriba, aburrido viendo el techo. 
Nosotros optamos por la hamaca i-feel de Chicco
Al principio, da cosa ponerlo ahí, casi a la altura del suelo tan pequeñito. Pero luego, cuando lo pones, te das cuenta de que está muy a gustito. Yo lo ponía algunos ratitos, cuando estaba despierto y no estaba  dándole el pecho. Le gustaba mucho el balanceo y también la música y la lucecita que traía incorporadas. Él interactuaba mucho desde su hamaquita. 
Eso sí, que nadie se espere que el bebé vaya a estar mucho rato. No se trata de que esté ahí solito por horas, si no de que esté el tiempo que él esté a gusto y contigo cerca para te vea y le puedas hablar de vez en cuando.
Parece que fue ayer cuando lo sentaba en su hamaquita. A veces, le conectaba el iPod con música clásica mientras jugueteaba con su Doudou y sonreía.
La guardamos cuando cumplió los seis meses.

Resumiendo...

Hay muchísimos modelos en el mercado tanto de hamaca como de mini cuna. En nuestro caso, yo opté por colores neutros y diseños sencillos. Para mí es muy importante que las cosas del peque se integren lo más posible en la decoración de la casa.
Tanto la mini cuna como la hamaca son cosas que el bebé va a usar poco tiempo, eso está claro. Depende del bebé, los usará de los cuatro a los seis meses como máximo. Más o menos a esa edad es cuando sus movimientos y su peso hacen que ya no sea seguro el uso ni de la hamaca ni de la mini cuna. 
Son dos "muebles" que no son indispensables, hay padres que los compran y padres que no. 
Yo no sé que hubiera hecho sin ellos, para mi fueron unas compras estupendas. Además, ahora están esperando en el trastero a que nazca mi sobrina para volver a ser usadas. Punto positivo extra para mi hermana, que no va a tener que comprarlas.

sábado, 17 de agosto de 2013

Perros y bebés de la misma familia

Tenemos una perra golden retriever que se llama Kira. Fue el "regalo de boda" que nos hicimos a nosotros mismos. Parece mentira que hayan pasado más de seis años desde que llegó a casa una bola de pelo preciosa con dos meses de vida.
Esta foto es del día que llegó a nuestras vidas.
Desde entonces, la hemos criado casi como a una hija, es una más de la familia. Vive dentro de casa siempre, tanto si estamos como si no. De hecho, su cama está en nuestra habitación. Cuando vamos de vacaciones ella también, cuando salimos de casa, siempre que podemos la llevamos con nosotros. 
Cuando me quedé embarazada, evidentemente, pensamos en como repercutiría en ella la llegada de nuestro bebé. Sabíamos que no iba a haber problemas, Kira es la mejor perra del mundo.
Recuerdo cuando empezamos a preparar la habitación del bebé. Cada vez que comprábamos cosas nuevas, ella tenía que olerlo todo. A veces me la encontraba allí, queriendo que le abriera el armario, yo se lo abría y ella olía a placer. 
Kira es una perra bastante mimada literalmente. Recibe mucho cariño no solo de mi marido y mío, también de mi familia y de nuestros amigos. Somos muy perrunos todos. Eso sí, cuando llega alguien a casa es muy demandante y exige toda la atención. Desde siempre eso es lo que ha recibido. Mis padres y mis hermanos saludaban siempre antes a mi perra que a mí.
Por lo tanto, teníamos muy claro que ella tenía que seguir recibiendo el mismo trato. Cosa que un principio fue un pelín difícil. Mi marido y yo no tuvimos problema, el día a día es fácil, pero con los demás fue distinto.
Cuando llegaba mi madre después de dos o tres días sin ver a su nieto, entraba por la puerta e iba directa al príncipe. Y Kira esperaba lo suyo. En estas situaciones, siempre recordábamos al que viniera a casa que no se olvidaran de la perra, que hicieran lo mismo que antes. Al principio era un poco complicado cuando se juntaban más de dos personas, pero después, con el paso de los días la cosa se fue normalizando.
Recuerdo los primeros días después de que mi marido volviera a trabajar. Se me hacía un poco complicado salir a pasear, tenía que esperar a que el peque estuviera tranquilo o dormido y que por supuesto no estuviera mamando para prepararlo todo. Se me hacía todo un mundo. Pero mi perra me miraba con esa cara tan expresiva e inteligente que tiene y me decía "Tranquila, yo te entiendo, puedo esperar". En cuanto tenía la ocasión le daba el paseo más largo que podía.
Con uno de sus juguetes.
Al principio, ella estaba muy pendiente del peque. Se colocaba a los pies de la cunita, cuando paseábamos iba pegada al carrito, siempre estaba cerca de él, cuidándolo. Cuando le parecía venía a olerlo mientras yo le daba el pecho, otras veces yo la llamaba para darle mimos y se lo enseñaba. A veces lo olía y a veces no le interesaba. Después, se relajó un poco, pero nunca se aleja mucho de él, sobretodo cuando estamos fuera de casa.
Sin embargo, lo hace todo de una manera un poco distante. Me explico, su forma de actuar cuando, por ejemplo, están los dos en el suelo, es de extrema cautela. Ella tiene miedo de hacer algo mal, y a pesar de que nosotros actuamos con una confianza absoluta, ella no se suelta del todo con el peque. 
Apenas le ha dado algunos lengüetazos. Cuando él se acerca a tocarla, algunas veces ella simplemente se larga, aunque cada vez menos. Y eso que mi príncipe la trata con mucho cuidado, no es nada agresivo, solo le pellizca un poco el pelo del rabo. Kira es tan buena que ni se inmuta (si no se quita de en medio antes), yo siento que ella lo quiere mucho pero le puede su forma de ser tan cautelosa. 
Mi perra es muy, pero que muy educada, pide permiso para casi todo y es muy sufrida. Cuando por ejemplo, devuelve, mira el cerco que ha dejado, después a mi, y me pide perdón. Pues para todo es igual.
En la playa, descansando en una roca
La actitud de mi hijo hacia ella es de naturalidad absoluta. Hace lo que yo creo que es normal para su edad y el trato que ella le da a él. Gatea al lado suyo como si nada, la toca cada vez que la otra no huye de él y la observa mucho. Ella forma parte de su vida de una manera totalmente natural. Es muy gracioso cuando Kira juega con otros perros o con nosotros, él se suele partir de la risa. Le encanta verla correr y jugar. Tengo ganas de ver como va avanzando su relación, sobretodo por parte de Kira.
Desde el primer momento hemos mantenido a nuestra perra en el mismo lugar que tenía antes de que llegara nuestro hijo y la hemos dejado actuar con él como a ella le parece. Cuando él dormía en nuestra habitación, ella seguía haciéndolo y desde que pasamos al peque a su habitación, ella va turnándose entre nuestra habitación, la del niño y la parte del pasillo que da a las dos habitaciones.
Yo creo que hay que actuar de manera natural, sin forzar nada. Tanto el perro como el bebé tienen que comportarse de la forma en que les apetezca. No son tan distintos, sobretodo de cachorros, ambos son mamíferos, y el perro es un animal doméstico de naturaleza social. No hace falta ni darle a oler pañales (no cuesta nada hacerlo, es por citar un tópico) mientras el niño aún está en el hospital, el perro huele lo que quiere o tiene que oler. Lo importante es no separarlos ni crear una burbuja alrededor del bebé.
Y sobretodo, no olvidarnos de nuestro perro. Al principio es un poco difícil porque todo es nuevo y estás tan centrada en el bebé  que se te olvida hasta ir al baño (juro que a mi me pasaba), pero hay que tener presente que el resto de tu vida sigue estando ahí.
Supongo que habrá personas que no entenderán nuestra forma de ser con nuestra perra, que me exprese de la forma en que lo hago de ella, como si nos comunicáramos. Pero es que es cierto, ella no nos habla con palabras, pero nosotros la entendemos igual que ella nos entiende a nosotros. Los amantes de los animales lo sabemos.

Nota: Por supuesto, que quede claro que estoy hablando de perros que no tienen problemas de conducta y que no son agresivos. Yo no soy etóloga ni experta en conducta canina, no pretendo asesorar a nadie, solo contar mi experiencia.

martes, 13 de agosto de 2013

Enemigo tabaco

Yo era una fumadora empedernida.
Empecé desde muy jovencita. Para mí, fumar era auténtico placer y formaba parte de mí. No iba absolutamente a ningún sitio sin mi paquete de tabaco y a los sitios donde no se podía fumar, no iba.   La única vez que intenté dejarlo, duré dos días, y eso que fue por un tema de salud bastante importante. Por el contrario, mi marido es antitabaco total y el tabaco era un punto de discusión continuo. En más ocasiones de las que puedo recordar le decía: ¡Solo dejaré el tabaco cuando me quede embarazada! Y él nunca me creyó.
Cuando decidimos que queríamos tener un hijo pensé que seguramente tardaríamos unos meses, así que  me dije que iba a ir poco a poco. Pues no. Me quedé embarazada a la primera.
Sorprendentemente para mí, el día que me hice el test de embarazo no se me ocurrió fumar, eso fue el trece de diciembre de 2011. Y ya no he vuelto a fumar ni un cigarro nunca más.
Nunca imaginé que me sería tan fácil dejarlo. No tuve mono, ni siquiera tuve la tentación de pegar una caladita al cigarro de alguien ni mucho menos de encenderme uno. De vez en cuando, cuando veía a alguien fumar, me sorprendía pensando: "¡¿pero cómo puede ser que ni siquiera me acuerde?!"
Y es que, sin duda alguna, la mejor motivación que se puede tener para dejar el tabaco es estar embarazada. Solo pensar en la posibilidad de perjudicar de cualquier manera a tu bebé es más fuerte que nada.
Mi marido alucinó. Me decía que después de años apestándolo e intoxicándolo, le gustaría haberme visto sufrir aunque fuera un poquito. Ja, ja, ja. Era broma, claro, él estaba súper orgulloso de mí. Mi coche ya no apestaba, la parte de mi casa donde fumaba tampoco, la ropa y el pelo ya no olían a cenicero... Fue muy agradable el paso a una vida sin humo.
Sinceramente, cuando fumaba no pensaba que era tan asqueroso. Era consciente de que es un vicio horroroso a la par que peligroso para la salud de todos, pero no imaginaba que como no fumadora me iba a molestar tanto. Es cierto que los ex fumadores somos los peores.
Siempre he tenido claro que no volvería a fumar cuando naciera mi hijo. Cuando estaba embarazada no podía prometerlo porque no sabía como iba a reaccionar mi cuerpo cuando tuviera libertad física para fumar. Ni se me pasó por la cabeza.
No me imagino dando el pecho a mi hijo, por ejemplo, con todo el pestazo de tabaco encima. Y físicamente tampoco entra dentro de mi cabeza, ya que como es impensable fumar en la misma habitación que tu bebé (no creo que ninguna persona normal haga esa barbaridad), ¿como se supone que puedes fumar si estás casi a todas horas con tu recién nacido?
No pretendo juzgar a nadie, de verdad, pero no comprendo como hay madres y padres que pueden exponer a sus hijos a todas las horribles y peligrosas consecuencias del tabaco. No hay ninguna ventaja.
Desde aquí animo a todo el mundo que deje de fumar, por supuesto, pero sobretodo a las mujeres embarazadas. Hoy en día estamos súper informados de lo peligroso que es el tabaco, no hay excusas.
Cuando estaba embarazada, pensaba todo lo que hacía el doble de lo normal. Todo lo que hace una mujer embarazada repercute en su bebé. Lo bueno y lo malo.
No quiero criminalizar a nadie. Sé que hay personas que lo pasan realmente mal y que psicológicamente no pueden con ello. He conocido a mujeres embarazadas que se sentían muy culpables cuando fumaban. Las he visto avergonzarse de lo que están haciendo, tapar sus barrigas, apagar el cigarro casi entero... Hay que buscar ayuda. Si no se es capaz de dejarlo, por lo menos hay que ayudar psicológicamente a esa mujer. Me da mucha pena que alguien pueda pasar un embarazo así, sufriendo todo el tiempo.
A las que les da absolutamente igual, pues no hace falta que diga lo que pienso.