miércoles, 28 de agosto de 2013

Qué regalar a (para) una embarazada

Siempre queremos (por lo menos yo y la mayoría de gente que conozco) regalar cosas prácticas, que aparte de gustar, tengan un sentido y / o función frecuente. Como decimos aquí, que se aproveche.
Aunque siempre hay alguien que no se molesta mucho y que regala por regalar o por obligación. De verdad, a riesgo de parecer una borde, prefiero que ese tipo de gente se guarde su dinero y no me regale nada. Me da bastante rabia, yo soy una persona bastante detallista, así que cuando voy a hacer un regalo, dedico bastante tiempo a pensarlo y comprarlo. 
Me encanta envolverlos yo misma con cajas, papeles, lazos, pegatinas... Disfruto viendo la cara de la persona abriéndolo, la sonrisa que significa que le ha gustado... Me hace feliz. 

El embarazo me parece un momento de la vida ideal para ser agasajada, algo súper fácil en nuestros tiempos. 
Hay tantas cosas que se pueden regalar a una mujer embarazada... Cosas que le van a encantar, emocionar, ilusionar y sobretodo, cosas que van a usar.
Yo no voy a volver a descubrir América otra vez, pero si voy a recopilar unas cuantas ideas de cosas muy chulas que pueden complacer mucho a cualquier tipo de mujer que esté embarazada.
Cosas que, sobretodo, sean para ella, y no para el bebé, y que pueda disfrutar en el embarazo, no para cuando el bebé ya haya nacido. La gente suele confundirlo, pero no es lo mismo.
Aquí van unas ideas.

Ropa premamá
Una camiseta bonita o un vestido cómodo suelen ser un acierto seguro. Hay mujeres que se arreglan con ropa normal un poco más grande, pero a mi personalmente esa opción no me gusta. Hay muchas cosas que si se pueden aprovechar, pero eso ya depende del tipo de la forma de vestir de cada una.
La ropa premamá esta hecha especialmente para las formas de la mujer en ese estado, por lo tanto tiene un corte adecuado y una comodidad que no tienen la mayoría de prendas habituales. Normalmente la talla es la misma que la que se usa antes del embarazo.
Algunas tiendas premamá: H & M, Mit Mat Mamá, Prenatal, United Colors of Benetton, Alía en el Corte Inglés...

Ecografía 4d
La ecografía 4d consiste en ver al bebé en movimiento, son imágenes tridimensionales en tiempo real. Es algo que a nosotros nos hizo mucha ilusión. Mi marido iba muy escéptico y al final, alucinó más que yo. Es una experiencia muy emocionante y bonita. Fue maravilloso conocer a nuestro hijo antes de nacer de forma tan detallada. Punto negativo: cuando acaba tienes todavía más ganas de que llegue el parto para conocerlo.
El momento ideal para hacer esta ecografía 4d tradicionalmente es de la semana 26 a la 32. Aunque hay muchos sitios donde la realizan en varias etapas del embarazo, como por ejemplo, al principio del segundo trimestre para saber el sexo del bebé.
Suele durar una media hora y la forma de proceder es como una ecografía abdominal normal con tu ginecólogo. Hay que recalcar de que se trata de un acto lúdico, no es una ecografía de diagnóstico porque no la realizan profesionales médicos. Por lo tanto no sustituye de ninguna manera a las ecografías que se deben realizar a lo largo del embarazo.
Hay infinidad de centros especializados por toda España. Puedes contratar un kit, con copias de fotos o montajes, el dvd de la sesión, un cd con todas las fotos..., hay para todos los presupuestos. 
Es importante saber si te conciertan otra cita sin coste en caso de que el bebé esté durmiendo en el momento de la sesión.

Doppler fetal
Este aparato sirve para escuchar los latidos del corazón del feto. Lo que se suele comprar es una versión doméstica del que usa el médico. Se puede usar desde las 12 semanas más o menos, depende de la calidad del aparato. Se conectan unos auriculares y se coloca sobre la barriga. Al principio cuesta un poco localizar el latido, pero después es más fácil. 
Hace mucha ilusión cuando todavía no puedes notar los movimientos del feto dentro de ti. 

Kit para molde de barriga
Es algo bonito que a mucha gente le gusta. Se trata de hacer un molde de la barriga de la embarazada, luego se decora y se guarda o expone, según cada una. Para mí la gracia de esto es pasar un buen rato con madres, hermanas, primas, tías, amigas... Venden kits con todo lo necesario, pero también se puede hacer casero fácilmente.

Un buen masaje
A partir de la semana 30 se agradece mucho. En muchos sitios los hacen especialmente para embarazadas con regalito incluido. 

Un curso de preparación al parto
No hablo del curso que se ofrece en el ambulatorio. Hablo de un tipo de curso donde la mujer recibe un trato más personal, donde se practican durante un tiempo considerable ejercicios de todo tipo. 
Te enseñan y practicas los tipos de respiración, te enseñan y practicas posiciones de parto, te informan y asesoran en profundidad...
Lo imparten comadronas y / o doulas. 
Un buen momento para empezar es alrededor de las 30 semanas de embarazo.

Un curso de pilates para embarazadas
A mi me hubiera gustado mucho hacerlo, pero al final no me animé. Es un regalo muy acertado para las mujeres que son muy deportistas. 

Cojín de lactancia
No hay un momento concreto para empezar a usarlo. Yo empecé muy pronto porque odio dormir de lado y bocarriba y esto me ayudó un montón. A partir del segundo trimestre, cuando la barriga empieza a aumentar más de volumen, el cojín de lactancia ayuda bastante a dormir mejor. Además luego se sigue usando para dar el pecho al bebé.

Cremas antiestrías 
Se puede usar desde el primer trimestre. Yo empecé a usarla muy pronto, prueba de ello es que el embarazo no me ha dejado casi ninguna estría. La mía fue la de Suavinex.
Hay unos kits estupendos para regalar que yo he regalado y que me han regalado con los que quedas fenomenal. Los tienen divididos en dos etapas de embarazo Kit Mummy to be hasta las 24 semanas y Kit Expecting Mummy a partir de entonces.

Crema para pies y piernas hinchados
Sobre las 30 semanas o incluso antes pueden empezarse a hinchar piernas y pies. Es algo más que tener las piernas cansadas, es muy molesto y hasta doloroso. Yo tuve esclavizado a mi marido como masajista a diario. 
Usé la Lucky Legs de Mama Mio. Me gustaba mucho por su efecto refrescante.

Colonia fresca
Tengo mil perfumes que aún sigo sin usar. En el embarazo los odiaba y ahora me sabe mal apestar a Armani a mi príncipe. Mi amiga Laura me regaló una que me enamoró de Tous que he sido incapaz de encontrar otra vez, se me acabó hace meses y aún la hecho de menos. No era exactamente una colonia, según la caja es "L' Eau Pour le Corps", bruma perfumada para el cuerpo.

Cinturón de seguridad para embarazada
Imprescindible para las mamás que viajan en coche, ya sean conductoras o no. 
Los hay de varias formas, pero algunos que se abrochan en la entrepierna me parecen muy raros. Yo usé el de la foto, era bastante cómodo. 

Espero que estas ideas sirvan de ayuda. Si con mi experiencia, puedo aconsejar sobre alguna cosa, no dudéis en preguntar. Y si os ha gustado, decírmelo en comentarios y publicaré más entradas de este tipo. 

domingo, 25 de agosto de 2013

La mastitis y cómo mi lactancia sobrevivió a ella



Como muchas madres lactantes, yo sufrí mastitis.

Cuando tienes un bulto duro y doloroso en el pecho, significa que algún conducto de la leche se ha obstruido. Si lo detectas a tiempo, se puede solucionar fácilmente, colocando calor, masajeando la zona y sobretodo, poniendo al bebé al pecho obstruido más veces y más tiempo para drenarlo bien. 
Si no se ha logrado detener la obstrucción, aparece nuestra enemiga la mastitis, que es una obstrucción que se ha infectado.

Cuando a mi me pasó creo que mi príncipe no tenía ni un mes.
En una de las tomas nocturnas, me dolía tanto, que estuve todo el tiempo llorando y deseando que terminara. Era muy, pero que muy doloroso, pero yo lo achaqué a las grietas que tenía. Cuando el peque terminó de mamar y se quedó dormidito, al levantarme de la mecedora, me di cuenta de que me encontraba muy mal.

Me acosté sin parar de temblar, sin fuerzas, débil como no había estado en mucho tiempo. Tenía los pechos ardiendo y muy rojos (sobretodo el derecho), y no sabía ni como ponerme porque cualquier movimiento o roce hacia que viera las estrellas. 

Mama enrojecida a causa de la mastitis.
A las dos o tres horas, mi peque volvía a tener hambre pero yo era absolutamente incapaz de cogerlo en brazos ni siquiera. Teníamos sobres de muestras de leche de fórmula, así que mi marido le dio un biberón y después llamó a nuestra mutua para que nos mandaran un médico. Con mis cuarenta grados de fiebre, no podía ni moverme.

La médico que me atendió me diagnosticó una mastitis y me recetó antibiótico y antiinflamatorio. Me dijo que tenía que dejar de dar el pecho a mi hijo mientras durara el tratamiento. Que el bebé no podía tomar leche posiblemente infectada y que era mejor evitar el peligro de que los antibióticos pasaran a la leche...

Mi instinto enseguida me dijo que eso no podía ser. Puse el grito en el cielo a pesar de mi estado y le dije que no estaba de acuerdo. Si hacia lo que ella decía para no perder mi lactancia (sacarme la leche y tirarla), no me iba a curar y mi hijo iba a pagar las consecuencias. Le pregunté qué pasaría si le diera el pecho a mi hijo y ella no supo darme un argumento de peso para que no lo hiciera, solo me dijo que si lo hacía, sería bajo mi responsabilidad.

No estaba muy enterada del tema, pero sabía que yo no iba errada. Enseguida me puse a buscar información en internet. Y menos mal. Gracias a eso, supe que hacia bien en hacer caso a mi instinto. 
Para curar una mastitis, aparte de tomarte el antibiótico que te recete tu médico (adecuado para la lactancia, eso fue en lo único que acertó mi médico) y antiinflamatorios o antipiréticos, tienes que hacer de tripas corazón y ponerte tu hijo al pecho. Al principio duele mucho, pero después se puede aguantar. El bebé es nuestra mejor medicina, él vacía el pecho mejor que ningún sacaleches y no le pasa nada por tomar nuestra leche.

Obviamente, decidí seguir dándole el pecho a mi hijo. Cuando volvió a tener hambre, al ponérmelo al pecho de nuevo sentí mucho dolor, pero sobretodo, sentí mucho alivio al volverlo a ver mamando.
Pasé mucho miedo con solo pensar en dejar la lactancia materna. No entraba en mi cabeza.

Durante el primer día lo pasé bastante mal, cada vez me encontraba mejor, pero aún y así estaba hecha polvo. Tomé los antibióticos y enseguida empezó a mejorar, al día siguiente ya no tenía fiebre. Cada vez que mi peque comía me sentía mejor y él no mostró ningún rechazo (algunos bebés rechazan la leche con mastitis) ni ningún problema.
Tardé unos días en recuperarme, pero cuando lo hice, estaba fuerte como una roca. Contenta porque conseguí mantener nuestra lactancia materna como había sido hasta entonces (exclusiva y a demanda), pese a las dificultades y a pesar de la médico que me atendió.


Toda esta experiencia me planteó, y me sigue planteando, una serie de preguntas:
¿Porqué los médicos enseguida quieren quitar la teta? 
Si yo no hubiera buscado información en internet (información fiable, de sitios de confianza, oficiales y serios), ¿qué hubiera pasado con nosotros? 
¿Porqué los médicos que tratan directamente con los pacientes no tienen esta información? 
¿Porqué, si yo y cualquiera con acceso a internet la tiene con sólo buscarla?
¿Porqué no tienen más idea que yo sobre lactancia materna?
¿Porqué valoran tan poco la lactancia si sus "jefes" de la O.M.S. la ensalzan y la recomiendan?

NO LO ENTIENDO. 

En la blogosfera he leído experiencias parecidas, de madres lactantes con cualquier problema médico a las que antes de recetarles lo que sea ya les están queriendo quitar la teta. No deberían haber tantos casos así, deberían ser una excepción. Deberíamos tener profesionales sanitarios de atención primaria no especializados que estén más formados en lactancia que las propias madres. Es algo básico y natural, ¿no?, es nuestro primer alimento, lo mejor para los bebés... 

Seguro que hay muchos profesionales formados y cualificados, pero yo hablo por mi experiencia y (con permiso de las aludidas) la de muchas mujeres, que desgraciadamente no hemos tenido la suerte de encontrarlos.
Igualmente, ante un problema como es la mastitis, hay que seguir acudiendo al médico, aunque luego contrastemos su diagnóstico y recomendaciones por otros medios. Recomiendo muchísimo a las madres lactantes y a las que piensan serlo, leer sobre los problemas que aparecen en la lactancia materna. Ayuda mucho estar prevenida cuando te ocurre algo así.

martes, 20 de agosto de 2013

Preparando la llegada del bebé I: ¿Mini cuna?, ¿hamaca? ¡Sí!

En esta entrada voy a hablar de dos de las cosas que más usó mi bebé los primeros meses. Sé que es un tema del que se habla bastante en internet, pero a las mujeres embarazadas primerizas les encanta (a mi me entusiasmaba) leer mil opiniones sobre mini cunas y hamacas, ¿a que sí?

Mini cuna

Yo no decidí comprar la mini cuna hasta una semana antes de dar a luz. Pensaba que sería una tontería comprar otro trasto solo para unos meses y hasta que no se me vino encima el momento no cambié de opinión.
Cuando miraba a mi hijo en la cuna del hospital y lo veía tan pequeñito, tan indefenso en esa mini cunita, supe que había hecho bien, que en la cuna grande ser perdería.
Mini cuna Basic de Interbaby
Además, es que necesitas tenerlo cerca todo el tiempo. Y yo que me pasé casi todo el embarazo creyendo que como nuestras habitaciones están pegadas no me haría falta tenerlo a mi lado. Ja ja ja.
Por eso, la otra gran ventaja de la mini cuna es que la puedes mover fácilmente por toda la casa. Durante el día la teníamos en la planta de abajo y por la noche la subíamos fácilmente a nuestra habitación.
El único inconveniente es el tiempo. Mi príncipe la estuvo usando hasta los cinco meses más o menos. Eso sí, al menos la nuestra (la de la imagen), se pliega muy fácilmente y queda muy plana, así que ocupa poco espacio. Trae un juego de sábanas con relleno nórdico incluido de serie que es muy práctico; la sábana bajera va unida con cremallera a la funda nórdica, así queda bien tapadito. También incluye el colchón y la funda para guardarla cuando ya no la uses.
La compramos en Tienda para mi bebé, lo comento porque nos trataron súper bien. En el pedido les indiqué que era urgente porque me faltaba muy poco para salir de cuentas, que si había cualquier problema me avisaran. Me llamaron rápidamente y concretaron el día de entrega conmigo. Además, por lo menos el año pasado, era la tienda donde salía más barata.

Hamaca

La hamaca, sin embargo, si tuve bastante claro que la iba a comprar. El bebé (hablamos de los primeros meses, cuando ni siquiera gatea), si no está en los brazos y está despierto, bajo mi punto de vista, no puede estar todo el santo día en la cuna. Ahí bocarriba, aburrido viendo el techo. 
Nosotros optamos por la hamaca i-feel de Chicco
Al principio, da cosa ponerlo ahí, casi a la altura del suelo tan pequeñito. Pero luego, cuando lo pones, te das cuenta de que está muy a gustito. Yo lo ponía algunos ratitos, cuando estaba despierto y no estaba  dándole el pecho. Le gustaba mucho el balanceo y también la música y la lucecita que traía incorporadas. Él interactuaba mucho desde su hamaquita. 
Eso sí, que nadie se espere que el bebé vaya a estar mucho rato. No se trata de que esté ahí solito por horas, si no de que esté el tiempo que él esté a gusto y contigo cerca para te vea y le puedas hablar de vez en cuando.
Parece que fue ayer cuando lo sentaba en su hamaquita. A veces, le conectaba el iPod con música clásica mientras jugueteaba con su Doudou y sonreía.
La guardamos cuando cumplió los seis meses.

Resumiendo...

Hay muchísimos modelos en el mercado tanto de hamaca como de mini cuna. En nuestro caso, yo opté por colores neutros y diseños sencillos. Para mí es muy importante que las cosas del peque se integren lo más posible en la decoración de la casa.
Tanto la mini cuna como la hamaca son cosas que el bebé va a usar poco tiempo, eso está claro. Depende del bebé, los usará de los cuatro a los seis meses como máximo. Más o menos a esa edad es cuando sus movimientos y su peso hacen que ya no sea seguro el uso ni de la hamaca ni de la mini cuna. 
Son dos "muebles" que no son indispensables, hay padres que los compran y padres que no. 
Yo no sé que hubiera hecho sin ellos, para mi fueron unas compras estupendas. Además, ahora están esperando en el trastero a que nazca mi sobrina para volver a ser usadas. Punto positivo extra para mi hermana, que no va a tener que comprarlas.

sábado, 17 de agosto de 2013

Perros y bebés de la misma familia

Tenemos una perra golden retriever que se llama Kira. Fue el "regalo de boda" que nos hicimos a nosotros mismos. Parece mentira que hayan pasado más de seis años desde que llegó a casa una bola de pelo preciosa con dos meses de vida.
Esta foto es del día que llegó a nuestras vidas.
Desde entonces, la hemos criado casi como a una hija, es una más de la familia. Vive dentro de casa siempre, tanto si estamos como si no. De hecho, su cama está en nuestra habitación. Cuando vamos de vacaciones ella también, cuando salimos de casa, siempre que podemos la llevamos con nosotros. 
Cuando me quedé embarazada, evidentemente, pensamos en como repercutiría en ella la llegada de nuestro bebé. Sabíamos que no iba a haber problemas, Kira es la mejor perra del mundo.
Recuerdo cuando empezamos a preparar la habitación del bebé. Cada vez que comprábamos cosas nuevas, ella tenía que olerlo todo. A veces me la encontraba allí, queriendo que le abriera el armario, yo se lo abría y ella olía a placer. 
Kira es una perra bastante mimada literalmente. Recibe mucho cariño no solo de mi marido y mío, también de mi familia y de nuestros amigos. Somos muy perrunos todos. Eso sí, cuando llega alguien a casa es muy demandante y exige toda la atención. Desde siempre eso es lo que ha recibido. Mis padres y mis hermanos saludaban siempre antes a mi perra que a mí.
Por lo tanto, teníamos muy claro que ella tenía que seguir recibiendo el mismo trato. Cosa que un principio fue un pelín difícil. Mi marido y yo no tuvimos problema, el día a día es fácil, pero con los demás fue distinto.
Cuando llegaba mi madre después de dos o tres días sin ver a su nieto, entraba por la puerta e iba directa al príncipe. Y Kira esperaba lo suyo. En estas situaciones, siempre recordábamos al que viniera a casa que no se olvidaran de la perra, que hicieran lo mismo que antes. Al principio era un poco complicado cuando se juntaban más de dos personas, pero después, con el paso de los días la cosa se fue normalizando.
Recuerdo los primeros días después de que mi marido volviera a trabajar. Se me hacía un poco complicado salir a pasear, tenía que esperar a que el peque estuviera tranquilo o dormido y que por supuesto no estuviera mamando para prepararlo todo. Se me hacía todo un mundo. Pero mi perra me miraba con esa cara tan expresiva e inteligente que tiene y me decía "Tranquila, yo te entiendo, puedo esperar". En cuanto tenía la ocasión le daba el paseo más largo que podía.
Con uno de sus juguetes.
Al principio, ella estaba muy pendiente del peque. Se colocaba a los pies de la cunita, cuando paseábamos iba pegada al carrito, siempre estaba cerca de él, cuidándolo. Cuando le parecía venía a olerlo mientras yo le daba el pecho, otras veces yo la llamaba para darle mimos y se lo enseñaba. A veces lo olía y a veces no le interesaba. Después, se relajó un poco, pero nunca se aleja mucho de él, sobretodo cuando estamos fuera de casa.
Sin embargo, lo hace todo de una manera un poco distante. Me explico, su forma de actuar cuando, por ejemplo, están los dos en el suelo, es de extrema cautela. Ella tiene miedo de hacer algo mal, y a pesar de que nosotros actuamos con una confianza absoluta, ella no se suelta del todo con el peque. 
Apenas le ha dado algunos lengüetazos. Cuando él se acerca a tocarla, algunas veces ella simplemente se larga, aunque cada vez menos. Y eso que mi príncipe la trata con mucho cuidado, no es nada agresivo, solo le pellizca un poco el pelo del rabo. Kira es tan buena que ni se inmuta (si no se quita de en medio antes), yo siento que ella lo quiere mucho pero le puede su forma de ser tan cautelosa. 
Mi perra es muy, pero que muy educada, pide permiso para casi todo y es muy sufrida. Cuando por ejemplo, devuelve, mira el cerco que ha dejado, después a mi, y me pide perdón. Pues para todo es igual.
En la playa, descansando en una roca
La actitud de mi hijo hacia ella es de naturalidad absoluta. Hace lo que yo creo que es normal para su edad y el trato que ella le da a él. Gatea al lado suyo como si nada, la toca cada vez que la otra no huye de él y la observa mucho. Ella forma parte de su vida de una manera totalmente natural. Es muy gracioso cuando Kira juega con otros perros o con nosotros, él se suele partir de la risa. Le encanta verla correr y jugar. Tengo ganas de ver como va avanzando su relación, sobretodo por parte de Kira.
Desde el primer momento hemos mantenido a nuestra perra en el mismo lugar que tenía antes de que llegara nuestro hijo y la hemos dejado actuar con él como a ella le parece. Cuando él dormía en nuestra habitación, ella seguía haciéndolo y desde que pasamos al peque a su habitación, ella va turnándose entre nuestra habitación, la del niño y la parte del pasillo que da a las dos habitaciones.
Yo creo que hay que actuar de manera natural, sin forzar nada. Tanto el perro como el bebé tienen que comportarse de la forma en que les apetezca. No son tan distintos, sobretodo de cachorros, ambos son mamíferos, y el perro es un animal doméstico de naturaleza social. No hace falta ni darle a oler pañales (no cuesta nada hacerlo, es por citar un tópico) mientras el niño aún está en el hospital, el perro huele lo que quiere o tiene que oler. Lo importante es no separarlos ni crear una burbuja alrededor del bebé.
Y sobretodo, no olvidarnos de nuestro perro. Al principio es un poco difícil porque todo es nuevo y estás tan centrada en el bebé  que se te olvida hasta ir al baño (juro que a mi me pasaba), pero hay que tener presente que el resto de tu vida sigue estando ahí.
Supongo que habrá personas que no entenderán nuestra forma de ser con nuestra perra, que me exprese de la forma en que lo hago de ella, como si nos comunicáramos. Pero es que es cierto, ella no nos habla con palabras, pero nosotros la entendemos igual que ella nos entiende a nosotros. Los amantes de los animales lo sabemos.

Nota: Por supuesto, que quede claro que estoy hablando de perros que no tienen problemas de conducta y que no son agresivos. Yo no soy etóloga ni experta en conducta canina, no pretendo asesorar a nadie, solo contar mi experiencia.

martes, 13 de agosto de 2013

Enemigo tabaco

Yo era una fumadora empedernida.
Empecé desde muy jovencita. Para mí, fumar era auténtico placer y formaba parte de mí. No iba absolutamente a ningún sitio sin mi paquete de tabaco y a los sitios donde no se podía fumar, no iba.   La única vez que intenté dejarlo, duré dos días, y eso que fue por un tema de salud bastante importante. Por el contrario, mi marido es antitabaco total y el tabaco era un punto de discusión continuo. En más ocasiones de las que puedo recordar le decía: ¡Solo dejaré el tabaco cuando me quede embarazada! Y él nunca me creyó.
Cuando decidimos que queríamos tener un hijo pensé que seguramente tardaríamos unos meses, así que  me dije que iba a ir poco a poco. Pues no. Me quedé embarazada a la primera.
Sorprendentemente para mí, el día que me hice el test de embarazo no se me ocurrió fumar, eso fue el trece de diciembre de 2011. Y ya no he vuelto a fumar ni un cigarro nunca más.
Nunca imaginé que me sería tan fácil dejarlo. No tuve mono, ni siquiera tuve la tentación de pegar una caladita al cigarro de alguien ni mucho menos de encenderme uno. De vez en cuando, cuando veía a alguien fumar, me sorprendía pensando: "¡¿pero cómo puede ser que ni siquiera me acuerde?!"
Y es que, sin duda alguna, la mejor motivación que se puede tener para dejar el tabaco es estar embarazada. Solo pensar en la posibilidad de perjudicar de cualquier manera a tu bebé es más fuerte que nada.
Mi marido alucinó. Me decía que después de años apestándolo e intoxicándolo, le gustaría haberme visto sufrir aunque fuera un poquito. Ja, ja, ja. Era broma, claro, él estaba súper orgulloso de mí. Mi coche ya no apestaba, la parte de mi casa donde fumaba tampoco, la ropa y el pelo ya no olían a cenicero... Fue muy agradable el paso a una vida sin humo.
Sinceramente, cuando fumaba no pensaba que era tan asqueroso. Era consciente de que es un vicio horroroso a la par que peligroso para la salud de todos, pero no imaginaba que como no fumadora me iba a molestar tanto. Es cierto que los ex fumadores somos los peores.
Siempre he tenido claro que no volvería a fumar cuando naciera mi hijo. Cuando estaba embarazada no podía prometerlo porque no sabía como iba a reaccionar mi cuerpo cuando tuviera libertad física para fumar. Ni se me pasó por la cabeza.
No me imagino dando el pecho a mi hijo, por ejemplo, con todo el pestazo de tabaco encima. Y físicamente tampoco entra dentro de mi cabeza, ya que como es impensable fumar en la misma habitación que tu bebé (no creo que ninguna persona normal haga esa barbaridad), ¿como se supone que puedes fumar si estás casi a todas horas con tu recién nacido?
No pretendo juzgar a nadie, de verdad, pero no comprendo como hay madres y padres que pueden exponer a sus hijos a todas las horribles y peligrosas consecuencias del tabaco. No hay ninguna ventaja.
Desde aquí animo a todo el mundo que deje de fumar, por supuesto, pero sobretodo a las mujeres embarazadas. Hoy en día estamos súper informados de lo peligroso que es el tabaco, no hay excusas.
Cuando estaba embarazada, pensaba todo lo que hacía el doble de lo normal. Todo lo que hace una mujer embarazada repercute en su bebé. Lo bueno y lo malo.
No quiero criminalizar a nadie. Sé que hay personas que lo pasan realmente mal y que psicológicamente no pueden con ello. He conocido a mujeres embarazadas que se sentían muy culpables cuando fumaban. Las he visto avergonzarse de lo que están haciendo, tapar sus barrigas, apagar el cigarro casi entero... Hay que buscar ayuda. Si no se es capaz de dejarlo, por lo menos hay que ayudar psicológicamente a esa mujer. Me da mucha pena que alguien pueda pasar un embarazo así, sufriendo todo el tiempo.
A las que les da absolutamente igual, pues no hace falta que diga lo que pienso.

Potitos asesinos

Solo le doy potitos a mi príncipe cuando vamos a comer fuera y voy sin tiempo para prepararle la comida y llevármela en el termo. Y se nota...
El otro día fuimos a Ikea y tal y como yo preveía se nos hizo tarde para la hora de comer del peque. Así que saqué un potito del bolso y me fui a una de esas maravillosas salas de lactancia que tienen microondas.
Lo puse un minuto diez, (y si, sin la tapa) al príncipe le gusta bien caliente, si no empieza a poner caras raras. Cuando pita, abro la puerta y muy prudentemente con un buen trozo de papel para no quemarme cojo el bote. De repente se forma una burbuja como si eso fuera un volcán y salta directo a mi pobre mano. Madre de Dios.
Nunca me había quemado de esa manera. Me saltó la piel y se me puso en carne viva, me temblaba hasta la mano del dolor. Menos mal que tuve sangre fría y conseguí soltar el potito sin tirarlo al suelo, si no, me hubiera quemado algo más.
Después de cuatro días aún me duele y tiene un aspecto de lo más chungo, y sé que va tardar lo suyo en secarse y curarse.
Pero lo peor es cada vez que cojo al peque en brazos, casi cada vez me toca en la herida y veo las estrellas. Parece que lo haga aposta.
Es prácticamente imposible que un niño se queme comiéndolos, porque las madres siempre comprobamos la temperatura antes de darles lo que sea a nuestros hijos. El peligro es para nosotras.
Vaya tela con los potitos asesinos, nunca los volveré a subestimar.

sábado, 10 de agosto de 2013

El sufrimiento de un aborto natural o espontáneo

Es un tema bastante difícil. No sé si voy a ser capaz de hablar como quiero de esto, no sé si mis emociones me van a dejar escribir como me gustaría. Voy a intentarlo.
Sé que me va a salir una entrada muy larga, nunca se me ha dado muy bien resumir y este tema no es el mejor para empezar. Así que lo siento.

Quiero compartir esta experiencia porque sé que es algo de lo que la gente no habla mucho, y sobretodo, por la falta de información que tenemos las mujeres sobre qué nos vamos a encontrar en ese momento tan horrible. Es un poco raro, dado que los abortos naturales ocurren con mucha más frecuencia de la que creemos. Yo no entiendo porque no debería hablar de ello.
Hasta ahora, he estado embarazada dos veces. La primera vez de mi hijo, la segunda vez, fue hace muy poco, pero desgraciadamente a las diez semanas sufrí un aborto espontáneo.

A las ocho semanas de embarazo fui a ver a mi ginecóloga. Según la ecografía que me hizo, parecía un embrión de solo cinco semanas, por lo tanto aún no había latido. Me dijo que seguramente estaría de menos tiempo del que yo pensaba, pero que también cabía un pequeña posibilidad de que el embarazo se hubiera interrumpido. De todas formas, en ese momento no se podía hacer nada. En dos semanas tendría que volver a la consulta, justo la semana que me iba de vacaciones. Así que tenía la cita pedida para un par de días después de nuestra vuelta.

Aparentemente mi embarazo transcurría con una normalidad absoluta. Me sentía exactamente igual que en el primero, nauseas, cansancio, sueño..., pero internamente sabía que no iba bien. Todo el mundo me decía que ni lo pensara, que como me iba a pasar nada si ya tenía un hijo..., mi marido incluso se negaba a contemplar siquiera la más mínima posibilidad de que nada malo ocurriera. Hasta yo misma llegué a albergar una pequeña esperanza.
Hasta que empezaron las primeras pérdidas en la décima semana. Era poca cosa, menos que una regla pero eran rojo intenso. Entonces perdí toda esperanza.

Tuve muy mala suerte porque justo me pasó de vacaciones, lejos de casa y de los míos.
Cogimos al peque y nos fuimos los tres a urgencias del hospital más cercano.
Le expliqué todo a la ginecóloga que me atendió y enseguida me hizo una ecografía.
Tal y como yo me temía, el embarazo se había interrumpido. Se seguía viendo lo mismo que había visto mi ginecóloga dos semanas atrás. Así que se trataba de un aborto diferido, que significa que se ha comprobado mediante ecografía que el embrión no ha seguido adelante pero no se ha expulsado el tejido gestacional.

La ginecóloga me explicó el procedimiento en estos casos. Hay dos opciones; pastillas vaginales (que son la opción menos agresiva) y legrado (que es lo más efectivo pero lo más doloroso). Las pastillas vaginales, son una medicación que te introducen por la vagina para provocar contracciones y con ello la expulsión. En mi caso la primera dosis sería a las doce de la noche y la segunda a las doce del mediodía siguiente. Después, se comprueba mediante ecografía que no haya quedado nada dentro. Si es así, fenomenal, se acabó el suplicio, si no, empieza la tortura llamada legrado.
Bien, pues nada de esto me ocurrió a mi.

La situación fue horrorosa. Habíamos viajado con nuestra perra, la cual tuvimos que dejar en el apartamento para ir al hospital que estaba a treinta kilómetros de dónde estábamos alojados. Al ingresarme, mi marido y mi hijo iban a estar con el coche para arriba y abajo y nuestra perra, (que por cierto se llama Kira), medio abandonada. Me decían que mínimo iba a estar cuarenta y ocho horas ingresada, y a mi se me cayó el mundo encima. Entre la tristeza que tenía encima porque de momento, no iba a dar un hermanito a mi pequeño, no iba a volver a ser madre en unos meses, el miedo a qué me iba a pasar físicamente.... y el horror de la situación, de perder parte de nuestras felices vacaciones, de estar lejos de mis padres y hermanos, de mi casa y de mi ginecóloga y mi hospital...

El caso es que después de estar sola en la habitación del hospital (donde por cierto se portaron fenomenal, entendiendo mi situación y dándome una habitación para mi sola para que mi familia y yo estuviéramos más cómodos), después de haberme dado de cenar, vino la ginecóloga jefe a visitarme.
Volvió a explicarme el procedimiento y después me dijo que dada mi situación, ella me aconsejaba que me hicieran la intervención cuando volviera a mi ciudad, que iba a ser en cuatro días. Me dijo que no era urgente, que no iba a pasarme nada por estar unos días más así, pero que si yo quería seguíamos adelante... Me explicó que la ginecóloga que me atendió en urgencias era residente y por eso no me había ofrecido esta posibilidad.

Vi el cielo abierto. Yo no me había planteado siquiera esa posibilidad, pensé que no existía, di por hecho que tenía que expulsarlo de inmediato. Dije que por supuesto, prefería pasar por eso en mi ciudad, donde mi familia pudiera hacerse cargo de mi hijo y mi perra, y mi marido pudiera estar conmigo. Lo único que yo sentía era un dolor de regla perfectamente soportable, además de tener las pérdidas de sangre, por lo demás estaba bien, podía hacer vida normal. Le pregunté si podía ser que lo expulsara en cualquier momento por mi misma y me dijo que en mi caso no era muy probable. Me daba mucha pena tener dentro de mi algo que ya no estaba vivo, pero tenía que soportarlo, por mi familia.
Cuando llamé a mi marido para decirle que volviera a buscarme al hospital, estaba a punto de acostar al peque en el apartamento. Pobrecitos míos. Cuando hice lo propio con mi madre, estaba a punto de coger un billete de avión para venir a apoyarnos y ayudarnos. La ginecóloga vino en el momento perfecto, bendita sea.

Todo esto sucedió un martes. Cada vez tenía más pérdidas de sangre, pero seguía siendo menos que una regla normal. Hasta el jueves a las diez de la noche.
Aviso: Si sois un poco aprensivos y escuchar hablar o leer de sangre no os gusta, no sigáis leyendo.
En ese momento, al levantarme del sofá sentí un gran peso en la entrepierna. En seguida comprendí que iba a abortar naturalmente, la ginecóloga se había equivocado. Fui corriendo al baño y la verdad, fue un momento muy angustioso.

No me atrevía a bajarme los pantalones porque tenía miedo de ver lo que me iba a encontrar. Era tejido gestacional, un gran trozo de sangre coagulada de unos diez centímetros y mucha sangre. No sé porque pensé, ignorante de mí, que la expulsión había terminado. No había hecho nada más que empezar, pobre de mí. Al principio, me limpiaba y me ponía triple compresa, incluso hasta un pañal de mi hijo. Me iba al sofá y me pusiera como me pusiera, a la que me movía, volvía a sentir ese horrible peso enorme en la entrepierna. Hasta que ya no había manera y empecé a mancharlo todo. No pude salir de la ducha y del wáter durante horas.

¡Cómo eché de menos mi bañera!, si la hubiera tenido, me hubiera tumbado allí y no me hubiera levantado hasta que no hubiera acabado. Alguien me dijo que sería como una regla muy abundante, yo misma pensé que dado que estaba de solo diez semanas y el embrión había dejado de crecer hacía por lo menos tres, sería algo así. Para nada.
Estuve unas siete horas sangrando una barbaridad y expulsando trozos sin parar. Hacia las cinco de la mañana, estaba mareada, con unas ganas de vomitar insoportables (siento pánico a vomitar, siempre que siento que voy a hacerlo me resisto con todas mis fuerzas) y literalmente agotada. No era capaz de levantarme del suelo, y cuando finalmente me decidí a hacerlo, al levantarme muy despacio, me desmayé y me caí.
Mi marido me ayudó, protegimos la cama como pudimos y me desplomé encima. No podía más.

A las dos horas me desperté totalmente manchada. Estaba muy mareada pero como pude me duché, comí algo y me animé un poquito. No quería cantar victoria, pero parecía que lo duro había pasado, ahora si sangraba como una regla muy abundante. Con una súper compresa cada hora y media más o menos podía hacer vida normal sin temer ir dejando un rastro tras de mí.
Obviamente, adelantamos nuestra vuelta a casa. Yo no quería ir al hospital de allí, a pesar de tener un dolor de regla fuerte y estar bastante mareada, podía aguantar el viaje. Solo quería llegar a mi casa, después a mi hospital, y si tenían que ingresarme que fuera allí.

Cuando llegamos estaba tan cansada que no tuve fuerzas para ir de inmediato a urgencias, así que fuimos a la mañana siguiente. Yo estaba casi segura de que lo había expulsado todo y de que no tendrían que hacerme nada ni ingresarme, y gracias a Dios, así fue. Según la ecografía apenas quedaban unos dos centímetros de restos. Me recetaron unas gotas que me provocarían pequeñas contracciones para ayudarme a expulsar más rápidamente lo que quedaba. Seguí con unos dolores de regla totalmente soportables y la hemorragia más o menos igual.

En tres días me vio mi ginecóloga. Me dijo que estaba perfecta, que podía sangrar un par o tres semanas más, pero que no tenía nada que preocuparme, que estaba limpia. Además, me comentó que al no haberme hecho ningún tipo de intervención, no tendría que esperar para volver a quedarme embarazada. Que había tenido suerte de que mi cuerpo hiciera todo el trabajo y que gracias a eso, podía  estar tan bien físicamente.
¿Qué hubiera sido de mí si aquella ginecóloga no me hubiera aconsejado que esperara? ¿Me hubieran funcionado las pastillas vaginales o hubiera tenido que pasar por un legrado? ¿Después hubiera estado hecha polvo un montón de días? No tengo ni idea de lo que hubiera pasado, pero no puedo evitar reflexionar sobre el poder que tienen otras personas (voluntaria o involuntariamente), sobre nuestras vidas.

Hace una semana y media que he dejado de sangrar totalmente, o sea que han sido tres semanas de pérdidas. Los mareos y los dolores de regla apenas me duraron tres o cuatro días después de la expulsión. Físicamente he estado perfectamente, psicológicamente estoy bastante bien.
Con el paso de las semanas he conseguido asimilar en silencio mi pérdida. Ha sido muy extraño para mí porque soy una persona muy emocional, muy expresiva, soy la típica que siempre dice todo lo que piensa. Pero esta vez no he sido capaz de exteriorizar tanto mis emociones como siempre.
No sé si es por el empeño de algunos de restarle importancia porque "eso no era nada", refiriéndose a que solo estaba de diez semanas de embarazo. Esa frase, aunque dicha con buena intención, me ha hecho sentir muy incómoda más de una vez. Me he sentido como si fuera una niña quejica con dolor de barriga.

Evidentemente, no es lo mismo tener un aborto a las diez semanas que a las veinticinco. Ni físicamente ni psicológicamente. Tampoco es lo mismo tenerlo antes de ser madre que después de tener hijos.
Mi príncipe de los mares me saca una sonrisa aunque no quiera y es que con él, todos los males desaparecen. Cuando tienes un hijo, tienes que seguir siendo su madre, pase lo que pase.
No he perdido un bebé, pero he perdido un proyecto de una vida nueva, algo más que una ilusión, por lo tanto creo que también derecho a llorar un poquito. Aunque me parezca mentira que a mi me pueda incomodar hacerlo. Parece que yo misma tampoco quiero darle la importancia que tiene realmente para mí. Mientras escribo estas líneas, estoy llorando, así que supongo que escribir sobre esto me ha servido de terapia, creo no lloraba desde hace tres semanas.
Sé que un trocito de mi corazón siempre recordará que a primeros de febrero de 2014 podría haber tenido un bebé.

jueves, 8 de agosto de 2013

Productos que ayudan en la Lactancia Materna

Como decía en Los primeros días de Lactancia Materna, para dar el pecho, no hace falta absolutamente nada más que un bebé y su madre, eso está clarísimo. Pero si que es cierto que hoy en día existen multitud de cosas que podemos usar que aunque no son imprescindibles, ayudan en muchas situaciones que se dan en la lactancia materna.

Pezonera de silicona
El orificio es más grande que el pezón, con lo cual, cuando el bebé succiona a través de ella, la ventaja que ofrece es que encuentra más a dónde agarrarse. Por eso le resulta más sencillo engancharse al pecho con la pezonera, porque hace que tenga que esforzarse menos. Pero son un arma de doble filo.
Desde mi experiencia personal, aconsejaría usarla únicamente cuando el bebé tiene problemas para engancharse al pecho o cuando se tiene el pezón pequeño. Una vez pasados los primeros días y el bebé va aprendiendo, es importante ir retirándola poco a poco. Su uso prolongado no es recomendable por diversos motivos. Uno de ellos es sin duda la incomodidad de que haya una cosa entre tu bebé y tú. Tener que estar pendiente de tenerlas a mano, lavarlas cada vez, esterilizarlas... Para mi fue una pesadilla. Nos costó bastante dejar de usarlas porque cuando empezamos a quitarla, empezaron las grietas y era un pez que se mordía la cola...
El otro motivo por el que se usan es para proteger el pezón cuando a la mujer le salen las odiosas grietas, pero existe la contradicción de que si abusas de las pezoneras son ellas mismas las que te las producen. Eso es lo que me ocurrió a mi. 
Al final tuve que hacer de tripas corazón, tirar todas las pezoneras a la basura (tenía varias por toda la casa y los bolsos para tener siempre una a mano), aguantar el dolor y "obligar" a Diego a mamar sin pezonera. Dolió mucho unos días pero mereció la pena. De hecho, sinceramente, fue uno de los mejores momentos de mi lactancia.

Cojín de lactancia
Es cierto que también puedes usar varias almohadas o varios cojines normales pero para mí esa opción no resulta práctica. Yo me compré el típico cojín largo ya en el embarazo porque me iba fenomenal para dormir. Tiene la forma perfecta y es rápido de colocar, que es bastante importante cuando tienes al peque berreando sin parar porque tiene hambre.












Es muy importante estar cómoda mientras das el pecho, sobretodo al principio que el bebé y la madre están aprendiendo. Las primeras semanas me dolía bastante la espalda y eso que siempre me tomaba mi tiempo para preparar un ambiente cómodo. El motivo era que a causa del dolor de los pechos daba de mamar en tensión. Pero gracias a Dios, pasó enseguida y luego todo iba rodado; enseguida cogíamos la postura y ya no había dolor.

  
Sujetador de lactancia
Lo ideal, por supuesto, es no llevar sujetador. Pero para mí los sujetadores de lactancia son imprescindibles, con un sujetador normal no me apañaba e ir sin sujetador no es una opción, exceptuando las noches, claro.
Eso sí, es muy importante que sean de la talla y forma correcta y que no obstruyan ningún punto del pecho. Esto puede originar pequeños bultos u obstrucciones. El pecho no puede estar oprimido de ninguna manera, ni siquiera en el momento de la toma, si no se corre el peligro de no vaciar el pecho por completo y ahí es cuando puede empezar a  originarse mastitis.
Otro punto importante es que el pecho cambia de tamaño cuando se empieza a regular la producción de leche. Yo al principio usé una 105, al cabo de un mes que fue más o menos cuando se normalizó el tamaño de mi pecho, pasé a la 95. Cometí el error de comprar tres monstruosos sujetadores que luego no rellenaba ni de coña. Así que mi consejo es comprar uno un par de tallas más que en el último mes de embarazo para poder tenerlo para los primeros días. Una vez se compruebe la talla que mejor va y se tengan ganas de ir de compras, comprar otro para poder ir cambiando. Cuando el tamaño del pecho esté normalizado, entonces sí, ¡a comprar cuántos se quieran (o se puedan)!
En cuanto al modelo, lo mejor son los sujetadores que al desabrocharlos dejan todo el pecho al descubierto. Recomiendo mucho este de la imagen, que es de H&M. Además de comodísimo, es muy estético, porque a diferencia de muchos, puedes ponértelo con camisetas o vestidos escotados sin que se vea. Y no parece un sujetador de señora mayor. 



Crema del pezón
Yo la usaba en cada toma los primeros tres meses. Si se me olvidaba en alguna toma, lo notaba
enseguida. Mis pezones necesitaban esa hidratación. Después empecé a solo untarlos un poco con mi propia leche, dejaba que se secara bien antes de cubrirme y la crema la usaba una vez al día.
Creo que prácticamente todas las que hay en el mercado son aptas para el bebé, es decir, no hace falta lavarse antes de dar de mamar.

Extractor de leche (sacaleches)
¿Sacaleches manual o eléctrico? Sin duda, eléctrico.
Primero compré uno manual y mi experiencia con él fue nefasta. Concretamente fue el de Phillips Avent.
Era doloroso y muy pero que muy lento. Para extraer 60 ml de leche podía tirarme tranquilamente una hora. Un horror.
Aparqué el tema del sacaleches un tiempo hasta que un buen día me decidí a gastarme el dinero y me compré el extractor eléctrico Swing de Medela.

Esta compra si que mereció la pena. En menos de diez minutos tenía 150 ml de leche sin ningún dolor. Maravilloso. Sabía que iba a ser bueno porque esta vez me había informado, pero no me imaginaba que iba a ser tan perfecto.
La verdad es que fue genial poder salir una noche con mis amigas después de meses con toda la tranquilidad de que en la nevera y en el congelador había rica leche de mami para mi niño.
Fue fantástica la libertad que me dio el sacaleches para poder salir sin el peque alguna vez, y para que papi de vez en cuando pudiera alimentar a su machote.
Pero lo mejor de todo fue, cuando el peque empezó con las papillas de cereales, podérselos preparar con mi leche.

Discos absorbentes de lactancia
Para mí fueron imprescindibles al principio. Los primeros días fue cuando perdía más leche, sobretodo
por la noche.
¿Lavables o desechables? Mi primera opción fueron los lavables, pero los cambiaba más a menudo de lo que me daba tiempo a lavar, así que cuando iba a buscar unos limpios, no había, y como que no es plan de tener cincuenta.
Con los desechables me fue fenomenal, cumplían su cometido a la perfección y cuando estaban sucios, ¡a la basura! Los que más me gustaron de los que probé fueron los de Suavinex, vienen envueltos individualmente, con lo cual si solo tienes que cambiar uno no tienes que dejar un paquete abierto con el otro. Su forma redonda hace que quede bien integrado en el sujetador y no se note y además, absorben genial.

Estos fueron los productos que me ayudaron en mi lactancia (exceptuando el sacaleches manual) y mis vivencias con ellos. Hay más productos en el mercado, unos son más secundarios y otros son inútiles. Desde mi experiencia, diría que como en todo en esta vida, hay que usar el sentido común.
No es lógico comprarse todo el "kit" de lactancia materna antes de empezar a dar el pecho. Hay que ir poco a poco y en función de las necesidades que vayan surgiendo, comprar o no comprar una u otra cosa.
Lo que seguro que es imprescindible es el amor y la paciencia.

sábado, 3 de agosto de 2013

Los primeros días de Lactancia Materna

Desde antes de quedarme embarazada tenía claro que iba a dar el pecho a mi futuro bebé. Por aquel
entonces no tenía mucha idea sobre el tema, pero me parecía que simplemente era lo natural.
Después empecé a leer sobre el tema y a entender que simplemente la lactancia materna es insustituible y es lo mejor que se le puede dar a tu bebé. Creo que la gran mayoría de mujeres que quieren ser madres hoy en día, hacen lo que hice yo, informarse.

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna O.M.S.. Esta información está al alcance de cualquiera. Personalmente, saber las recomendaciones de la OMS no influyó en mi decisión, pero si la reafirmó. Después, hay libros sobre el tema, folletos que te encuentras en las canastillas que te van regalando durante el embarazo, la información que te proporciona la comadrona en el curso de preparación al parto..., y las experiencias de las madres de tu entorno.
Pero nada, absolutamente nada, te prepara totalmente para ello.

Me apetece mucho contar mi experiencia con todo detalle, seguro que alguna mujer se siente identificada y seguro que a alguna mujer que esté embarazada por primera vez le interesa
Desgraciadamente, mi bebé nació por cesárea urgente, por eso estuve 5 días en el hospital. 
La primera vez que me puse a mi bebé al pecho y las siguientes veces durante los primeros días, sentí mucha frustración. Mi príncipe cogía muy bien el pecho, al principio el labio superior se le quedaba para adentro y tenía que corregirlo. Pero eso no era un problema.
El problema era que había veces que no había manera de que cogiera el pecho. No porque él no quisiera, él quería. Tenía que insistir e insistir. Hasta que la segunda noche no pude más.
Pedí ayuda a las enfermeras porque no había manera humana de que el niño se enganchara bien. Me trajeron nuestra salvación. Una pezonera de silicona. Eso me ayudaría a que mi bebé agarrara más fácilmente el pecho y me sacara mejor el pezón, pero eso no fue la solución a todo.

La tercera noche fue la peor. Aún no me había subido la leche, el calostro se estaba transformando, pero aún no venía. Estuvo cinco horas seguidas mamando, yo estaba súper cansada pero aguanté, hasta que llegó el momento en que mi bebé ya no quería mamar más (ni con pezonera ni sin ella), tampoco quería dormir. Sólo lloraba y lloraba. Lloraba porque tenía hambre, mi niño.
Al final pudimos calmarlo y después ya volvió a coger el pecho. Es muy importante que el bebé succione muy a menudo, la succión hace que la subida de la leche llegue más pronto. Yo me lo ponía incluso cuando no me lo pedía, y luego resultaba que si quería pero no lo había pedido. Y es que los primeros días algunos bebés están muy adormilados.

Y por fin, a la mañana siguiente, subió la leche. Mis pechos eran una cosa monstruosa de lo grandes que estaban, dolían, pero me daba igual. Por fin pude alimentar a mi niño con mi leche. Justo después de sentir esa alegría, me llevé un pequeño chasco. Mi peque había perdido el 11% de su peso (lo normal es entre un 5% y un 10% de su peso al nacer),  y había que darle un pequeño suplemento de biberón. Me fastidió mucho porque yo aguanté y no caí en la tentación de darle biberón cuando todavía no tenía leche. Y finalmente tuve que dárselo. Tuve mucho miedo de que después no quisiera coger el pecho, pero afortunadamente, mamaba exactamente igual que antes de darle el biberón. Solo fue durante un día, porque resulta que hubo un error al apuntar el peso de Diego y realmente no le hacía falta ¡! Menos mal que todo salió bien, si no me hubiera enfadado muchísimo con las enfermeras.
Por fin, al quinto día (demasiados para mi gusto), nos dieron el alta. Qué ilusión más grande llegar con nuestro bebé a casa.

Yo decidí dar a mi bebé lactancia materna exclusiva y a demanda.
Dicho así suena muy bonito y es muy fácil de decir... Pero es muy difícil de hacer.
Durante los dos primeros meses tenía a Diego "demandando" cada hora y media ó dos horas. A veces se nos juntaba una toma con otra. Agotador. Cambia pañal, da el pecho, se duerme, intenta acostarlo en la cuna sin que se despierte, se despierta, intenta dormirlo otra vez... Y vuelta a empezar.
Eso sí, por las noches pedía cada dos o tres horas. Menos mal.
Además, durante todo ese tiempo pasé por unos dolores de pecho brutales, grietas y una mastitis.
Y luego lees mil veces de que dar el pecho no debe doler, ¡ja!, eso es falso. Dicen que si duele es que algo estás haciendo mal. En mi caso, NO. Cambiábamos de postura a menudo, estábamos cómodos, si cogía mal el pezón lo corregía... Y aún y así, dolía, al principio duele mucho.
A mi me cuesta creer que haya mujeres primerizas que no tengan ningún problema los primeros días ó semanas de lactancia materna. Sé que las hay y las admiro y envidio sanamente, pero creo que son una especie en extinción.

Desde mi experiencia, yo diría que para conseguir una lactancia materna exitosa hacen falta mínimo un par de cosillas esenciales e imprescindibles; muchísimo amor y muchísima paciencia.


Comodidad en la lactancia materna
Es súper importante que tanto el bebé como la madre estén cómodos y tranquilos. Es obligatorio olvidarse del tiempo. Mi bebé al principio se tiraba una hora en un pecho y tres cuartos en el otro, más o menos, no siempre era igual. Llegó un momento en que no miraba el reloj, me di cuenta que era lo peor que podía hacer. Es una presión innecesaria.
La postura es muy importante para prevenir dolores de espalda que son muy comunes en las mamás que dan el pecho. Al principio, incluso tomando todas las precauciones, no escapé de padecerlos. Y por supuesto, dar de mamar en una postura correcta es tan importante como que el bebé abarque toda la areola del pezón con la boca.

Oferta y demanda
Tiene que ser a demanda, (el bebé tiene que ser alimentado cada vez que lo pida, ya sea a los diez minutos o a las dos horas) si no lo es, no puedes asegurarte una buena producción de leche. Y tiene que ser exclusiva, si empiezas aunque sea a darle un solo biberón al día, verás como tu cantidad de leche disminuirá. Nada de esto lo digo yo por mi cuenta, es algo totalmente demostrado y consensuado entre los profesionales especializados. La lactancia materna se rige por la oferta demanda, si el bebé mama hay leche, si no, dejará de haberla.
Cuando una madre dice que tiene poca leche, generalmente es porque le ha dado algún biberón a su bebé más de una vez. Esa toma de pecho se pierde si no la sacas con un extractor de leche. Si esto pasa a menudo, como he dicho antes, si, esa madre tendrá menos leche.

El sueño y la lactancia materna 
Uno de los motivos por lo que al principio tienes a tu peque casi todo el tiempo en los brazos es que se duermen cada dos por tres. Es normal. Se cansan de mamar, están tan agustito..., que se duermen. Mi peque cuando se pillaba un buen berrinche y luego me lo ponía al pecho, del disgusto se quedaba frito enseguida. Ahí si que lo despertaba porque sabía que tenía hambre y había comido poco. Esa era la excepción, en el resto de situaciones no lo despertaba nunca.La pediatra de Diego me dijo que si alguna noche tardaba demasiado en pedir de comer, lo despertara. Las noches que ocurrió, nunca hice eso. Mi madre dice que el sueño también alimenta, yo pienso lo mismo y además, me da una pena despertarlo... Y obviamente, cuando el bebé tiene hambre lo pide.

Ayuda 
Para que una madre pueda establecer correctamente la lactancia, la tienen que ayudar. No con el bebé, es la madre la que tiene que estar con su bebé. Darle el pecho cada vez que el bebé lo pida, dedicarle todo el tiempo a lo que necesite. La tienen que ayudar con lo demás.
Mis padres y hermanos, y obviamente mi marido, se encargaban absolutamente de todo. Sobretodo durante las primeras dos semanas, tenía dolor por la cesárea, molestias en el pecho y estaba la mayor parte del tiempo dando de mamar a Diego. Con lo cual no hacia nada, ni cocinaba, ni limpiaba, ni lavaba la ropa, ni la planchaba... El tiempo que el bebé dormía lo aprovechaba para descansar y ducharme. Muchas veces ellos también le cambiaban el pañal y lo dormían. Hacían todo y más.
Sé que no todo el mundo tiene la suerte de tener una familia y un marido como los míos. Pero yo creo que siempre hay alguien que te puede echar un cable. Aún a las malas, si no tienes a nadie que te ayude con la casa, o haces lo mínimo para no vivir en una pocilga o contratas a alguien para que venga unas horas. Sería un dinero bien invertido.

Entorno y familia
Como dije en mi presentación, las madres de hoy en día son diferentes. Yo soy muy diferente de mi madre, y mi madre es muy diferente de la suya. Las tres generaciones hemos vivido la maternidad de una forma distinta por varios motivos. Sobretodo en cuestión de lactancia materna, que es el tema que nos ocupa.
Mi abuela materna tiene 87 años y ha parido y amamantado a siete hijos. Mi madre es la sexta hija, tiene 53 años, y ha parido y amamantado a tres hijos.
Mi abuela amamantó a sus siete hijos hasta el año y medio o los dos años, depende del hijo y del momento social, laboral y económico que estuvieran viviendo. Pero nunca les dio a ninguno de mis tíos ni a mi madre leche de fórmula. Económicamente no podían permitírselo así que nunca se lo llegó ni a plantear, ni siquiera con sus últimos hijos. Ella estaba sana y lo natural y normal era darle el pecho a sus hijos. El dinero estaba para otras cosas.
Mi madre nos amamantó a los tres exclusivamente hasta las dos o tres primeras semanas y con lactancia mixta hasta los tres meses, más o menos, después con lactancia artificial. Sus motivos fueron que tenía muy poca leche y que tenía tantas grietas que los pechos le sangraban. Ella lo intentó con todas sus fuerzas las tres veces, pero no tuvo éxito. Mi abuela la animaba continuamente a que insistiera en dar el pecho, creo que era la única que lo hacía.
Cuando he hablado con mi madre de este tema, siempre llego a la misma conclusión, desinformación o mala información. Por lo que sé, a ella le vendían el biberón en el pediatra y en su entorno. Era la época. Las primeras semanas de dar el pecho a mi hijo (que fue cuando tuve problemas), mi madre me animaba continuamente a que le diera un biberón, justo lo contrario de lo que hacía mi abuela con ella. No quería que yo sufriera y le daba miedo que su nieto no estuviera bien alimentado. Yo me mantuve firme pese a las adversidades porque sabía perfectamente lo que hacía. Sabía que si empezaba a darle un biberón por la noche para que se quedara más lleno (como ella me aconsejaba) y nos dejara dormir más, seguiría con otro la próxima vez que se despertara o por la mañana.
Y entonces cada vez tendría menos leche.
Seguro que es lo que le pasó a mi madre y otras muchas más. Se convencen de que simplemente tienen poca leche, y para nada es eso lo que les ocurre.

Biberones y lactancia materna
Reconozco que en algún momento puntual si le di un biberón con leche de fórmula. Cuando estuve con 40º de fiebre por la mastitis, mi marido le dio uno porque yo no podía ni moverme. Me ayudó en algún momento malo y no influyó negativamente en la lactancia materna. Porque fueron totalmente puntuales; uno cada dos o tres semanas, por decir algo. Usaba sobres de muestras, porque compré una lata y como al mes tiene que haberse consumido, la tiré casi entera. Conseguí comprar una de 400 gr. y también tuve que acabar  tirándola...
Una de las veces que le di un biberón fue por la noche, antes de irme a dormir. Solo lo hice para demostrar a mi madre que ese biberón solo sirvió para que en la siguiente toma tuviera los pechos a punto de reventar, porque mi hijo no se llenó más con el biberón ni tardó más en pedirme comer.

Herramientas de ayuda
Para dar el pecho, no hace falta absolutamente nada más que un bebé y su madre, eso está clarísimo. Pero si que es cierto que hoy en día existen multitud de cosas que podemos usar que aunque no son imprescindibles, ayudan en muchas situaciones que se dan en la lactancia materna.
Como me está saliendo un post muy largo, voy a hacer una entrada aparte para este tema.

Más o menos esto es lo que fueron para nosotros"Los primeros días de la Lactancia Materna" porque de lo que aquí he hablado es de eso, de los primeros días, las primeras semanas. Para mí la primera semana de lactancia no tuvo nada que ver con la cuarta, por ejemplo. Y supongo que para la mayoría será igual.
Fue un tiempo extraño, extraño porque fueron días de sentirme frustrada, cansada, dolorida..., pero a la vez, también fueron de los días más maravillosos de mi vida. Creo que estos sentimientos solo los pueden comprender las mujeres que han pasado por lo mismo. Soy incapaz de explicar lo especial que es alimentar a tu hijo con el alimento que tu mismo cuerpo fabrica. Es algo absolutamente excepcional. Saber que le estás alimentando con el mejor alimento es una sensación perfecta. Ver la cara de satisfacción que se le queda a tu bebé después de haberse saciado de pecho es algo que no tiene precio.