sábado, 10 de agosto de 2013

El sufrimiento de un aborto natural o espontáneo

Es un tema bastante difícil. No sé si voy a ser capaz de hablar como quiero de esto, no sé si mis emociones me van a dejar escribir como me gustaría. Voy a intentarlo.
Sé que me va a salir una entrada muy larga, nunca se me ha dado muy bien resumir y este tema no es el mejor para empezar. Así que lo siento.

Quiero compartir esta experiencia porque sé que es algo de lo que la gente no habla mucho, y sobretodo, por la falta de información que tenemos las mujeres sobre qué nos vamos a encontrar en ese momento tan horrible. Es un poco raro, dado que los abortos naturales ocurren con mucha más frecuencia de la que creemos. Yo no entiendo porque no debería hablar de ello.
Hasta ahora, he estado embarazada dos veces. La primera vez de mi hijo, la segunda vez, fue hace muy poco, pero desgraciadamente a las diez semanas sufrí un aborto espontáneo.

A las ocho semanas de embarazo fui a ver a mi ginecóloga. Según la ecografía que me hizo, parecía un embrión de solo cinco semanas, por lo tanto aún no había latido. Me dijo que seguramente estaría de menos tiempo del que yo pensaba, pero que también cabía un pequeña posibilidad de que el embarazo se hubiera interrumpido. De todas formas, en ese momento no se podía hacer nada. En dos semanas tendría que volver a la consulta, justo la semana que me iba de vacaciones. Así que tenía la cita pedida para un par de días después de nuestra vuelta.

Aparentemente mi embarazo transcurría con una normalidad absoluta. Me sentía exactamente igual que en el primero, nauseas, cansancio, sueño..., pero internamente sabía que no iba bien. Todo el mundo me decía que ni lo pensara, que como me iba a pasar nada si ya tenía un hijo..., mi marido incluso se negaba a contemplar siquiera la más mínima posibilidad de que nada malo ocurriera. Hasta yo misma llegué a albergar una pequeña esperanza.
Hasta que empezaron las primeras pérdidas en la décima semana. Era poca cosa, menos que una regla pero eran rojo intenso. Entonces perdí toda esperanza.

Tuve muy mala suerte porque justo me pasó de vacaciones, lejos de casa y de los míos.
Cogimos al peque y nos fuimos los tres a urgencias del hospital más cercano.
Le expliqué todo a la ginecóloga que me atendió y enseguida me hizo una ecografía.
Tal y como yo me temía, el embarazo se había interrumpido. Se seguía viendo lo mismo que había visto mi ginecóloga dos semanas atrás. Así que se trataba de un aborto diferido, que significa que se ha comprobado mediante ecografía que el embrión no ha seguido adelante pero no se ha expulsado el tejido gestacional.

La ginecóloga me explicó el procedimiento en estos casos. Hay dos opciones; pastillas vaginales (que son la opción menos agresiva) y legrado (que es lo más efectivo pero lo más doloroso). Las pastillas vaginales, son una medicación que te introducen por la vagina para provocar contracciones y con ello la expulsión. En mi caso la primera dosis sería a las doce de la noche y la segunda a las doce del mediodía siguiente. Después, se comprueba mediante ecografía que no haya quedado nada dentro. Si es así, fenomenal, se acabó el suplicio, si no, empieza la tortura llamada legrado.
Bien, pues nada de esto me ocurrió a mi.

La situación fue horrorosa. Habíamos viajado con nuestra perra, la cual tuvimos que dejar en el apartamento para ir al hospital que estaba a treinta kilómetros de dónde estábamos alojados. Al ingresarme, mi marido y mi hijo iban a estar con el coche para arriba y abajo y nuestra perra, (que por cierto se llama Kira), medio abandonada. Me decían que mínimo iba a estar cuarenta y ocho horas ingresada, y a mi se me cayó el mundo encima. Entre la tristeza que tenía encima porque de momento, no iba a dar un hermanito a mi pequeño, no iba a volver a ser madre en unos meses, el miedo a qué me iba a pasar físicamente.... y el horror de la situación, de perder parte de nuestras felices vacaciones, de estar lejos de mis padres y hermanos, de mi casa y de mi ginecóloga y mi hospital...

El caso es que después de estar sola en la habitación del hospital (donde por cierto se portaron fenomenal, entendiendo mi situación y dándome una habitación para mi sola para que mi familia y yo estuviéramos más cómodos), después de haberme dado de cenar, vino la ginecóloga jefe a visitarme.
Volvió a explicarme el procedimiento y después me dijo que dada mi situación, ella me aconsejaba que me hicieran la intervención cuando volviera a mi ciudad, que iba a ser en cuatro días. Me dijo que no era urgente, que no iba a pasarme nada por estar unos días más así, pero que si yo quería seguíamos adelante... Me explicó que la ginecóloga que me atendió en urgencias era residente y por eso no me había ofrecido esta posibilidad.

Vi el cielo abierto. Yo no me había planteado siquiera esa posibilidad, pensé que no existía, di por hecho que tenía que expulsarlo de inmediato. Dije que por supuesto, prefería pasar por eso en mi ciudad, donde mi familia pudiera hacerse cargo de mi hijo y mi perra, y mi marido pudiera estar conmigo. Lo único que yo sentía era un dolor de regla perfectamente soportable, además de tener las pérdidas de sangre, por lo demás estaba bien, podía hacer vida normal. Le pregunté si podía ser que lo expulsara en cualquier momento por mi misma y me dijo que en mi caso no era muy probable. Me daba mucha pena tener dentro de mi algo que ya no estaba vivo, pero tenía que soportarlo, por mi familia.
Cuando llamé a mi marido para decirle que volviera a buscarme al hospital, estaba a punto de acostar al peque en el apartamento. Pobrecitos míos. Cuando hice lo propio con mi madre, estaba a punto de coger un billete de avión para venir a apoyarnos y ayudarnos. La ginecóloga vino en el momento perfecto, bendita sea.

Todo esto sucedió un martes. Cada vez tenía más pérdidas de sangre, pero seguía siendo menos que una regla normal. Hasta el jueves a las diez de la noche.
Aviso: Si sois un poco aprensivos y escuchar hablar o leer de sangre no os gusta, no sigáis leyendo.
En ese momento, al levantarme del sofá sentí un gran peso en la entrepierna. En seguida comprendí que iba a abortar naturalmente, la ginecóloga se había equivocado. Fui corriendo al baño y la verdad, fue un momento muy angustioso.

No me atrevía a bajarme los pantalones porque tenía miedo de ver lo que me iba a encontrar. Era tejido gestacional, un gran trozo de sangre coagulada de unos diez centímetros y mucha sangre. No sé porque pensé, ignorante de mí, que la expulsión había terminado. No había hecho nada más que empezar, pobre de mí. Al principio, me limpiaba y me ponía triple compresa, incluso hasta un pañal de mi hijo. Me iba al sofá y me pusiera como me pusiera, a la que me movía, volvía a sentir ese horrible peso enorme en la entrepierna. Hasta que ya no había manera y empecé a mancharlo todo. No pude salir de la ducha y del wáter durante horas.

¡Cómo eché de menos mi bañera!, si la hubiera tenido, me hubiera tumbado allí y no me hubiera levantado hasta que no hubiera acabado. Alguien me dijo que sería como una regla muy abundante, yo misma pensé que dado que estaba de solo diez semanas y el embrión había dejado de crecer hacía por lo menos tres, sería algo así. Para nada.
Estuve unas siete horas sangrando una barbaridad y expulsando trozos sin parar. Hacia las cinco de la mañana, estaba mareada, con unas ganas de vomitar insoportables (siento pánico a vomitar, siempre que siento que voy a hacerlo me resisto con todas mis fuerzas) y literalmente agotada. No era capaz de levantarme del suelo, y cuando finalmente me decidí a hacerlo, al levantarme muy despacio, me desmayé y me caí.
Mi marido me ayudó, protegimos la cama como pudimos y me desplomé encima. No podía más.

A las dos horas me desperté totalmente manchada. Estaba muy mareada pero como pude me duché, comí algo y me animé un poquito. No quería cantar victoria, pero parecía que lo duro había pasado, ahora si sangraba como una regla muy abundante. Con una súper compresa cada hora y media más o menos podía hacer vida normal sin temer ir dejando un rastro tras de mí.
Obviamente, adelantamos nuestra vuelta a casa. Yo no quería ir al hospital de allí, a pesar de tener un dolor de regla fuerte y estar bastante mareada, podía aguantar el viaje. Solo quería llegar a mi casa, después a mi hospital, y si tenían que ingresarme que fuera allí.

Cuando llegamos estaba tan cansada que no tuve fuerzas para ir de inmediato a urgencias, así que fuimos a la mañana siguiente. Yo estaba casi segura de que lo había expulsado todo y de que no tendrían que hacerme nada ni ingresarme, y gracias a Dios, así fue. Según la ecografía apenas quedaban unos dos centímetros de restos. Me recetaron unas gotas que me provocarían pequeñas contracciones para ayudarme a expulsar más rápidamente lo que quedaba. Seguí con unos dolores de regla totalmente soportables y la hemorragia más o menos igual.

En tres días me vio mi ginecóloga. Me dijo que estaba perfecta, que podía sangrar un par o tres semanas más, pero que no tenía nada que preocuparme, que estaba limpia. Además, me comentó que al no haberme hecho ningún tipo de intervención, no tendría que esperar para volver a quedarme embarazada. Que había tenido suerte de que mi cuerpo hiciera todo el trabajo y que gracias a eso, podía  estar tan bien físicamente.
¿Qué hubiera sido de mí si aquella ginecóloga no me hubiera aconsejado que esperara? ¿Me hubieran funcionado las pastillas vaginales o hubiera tenido que pasar por un legrado? ¿Después hubiera estado hecha polvo un montón de días? No tengo ni idea de lo que hubiera pasado, pero no puedo evitar reflexionar sobre el poder que tienen otras personas (voluntaria o involuntariamente), sobre nuestras vidas.

Hace una semana y media que he dejado de sangrar totalmente, o sea que han sido tres semanas de pérdidas. Los mareos y los dolores de regla apenas me duraron tres o cuatro días después de la expulsión. Físicamente he estado perfectamente, psicológicamente estoy bastante bien.
Con el paso de las semanas he conseguido asimilar en silencio mi pérdida. Ha sido muy extraño para mí porque soy una persona muy emocional, muy expresiva, soy la típica que siempre dice todo lo que piensa. Pero esta vez no he sido capaz de exteriorizar tanto mis emociones como siempre.
No sé si es por el empeño de algunos de restarle importancia porque "eso no era nada", refiriéndose a que solo estaba de diez semanas de embarazo. Esa frase, aunque dicha con buena intención, me ha hecho sentir muy incómoda más de una vez. Me he sentido como si fuera una niña quejica con dolor de barriga.

Evidentemente, no es lo mismo tener un aborto a las diez semanas que a las veinticinco. Ni físicamente ni psicológicamente. Tampoco es lo mismo tenerlo antes de ser madre que después de tener hijos.
Mi príncipe de los mares me saca una sonrisa aunque no quiera y es que con él, todos los males desaparecen. Cuando tienes un hijo, tienes que seguir siendo su madre, pase lo que pase.
No he perdido un bebé, pero he perdido un proyecto de una vida nueva, algo más que una ilusión, por lo tanto creo que también derecho a llorar un poquito. Aunque me parezca mentira que a mi me pueda incomodar hacerlo. Parece que yo misma tampoco quiero darle la importancia que tiene realmente para mí. Mientras escribo estas líneas, estoy llorando, así que supongo que escribir sobre esto me ha servido de terapia, creo no lloraba desde hace tres semanas.
Sé que un trocito de mi corazón siempre recordará que a primeros de febrero de 2014 podría haber tenido un bebé.

8 comentarios:

  1. tuve lo mismo, un huevo huero con unas 10 semanas, salió por pastillas y nunca hubiera podido imaginar tal cantidad de. . ...era impresionante, aparte del dolor físico quedaba pendiente el interno, yo tampoco perdí un bebé pero sí muchas ilusiones y gané comentarios desafortunados, ley de vida, a nuestra luz, un recuerdo

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    1. Gracias por comentar. Te entiendo perfectamente. Pienso que una de las pocas cosas que nos puede ayudar un poquito es compartir nuestras experiencias. Un saludo.

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  2. Jolín Cristina, vaya historia, es una pena pasar por esto, debe ser muy duro, aunque "al menos" te ha pasado pronto que se suele sufrir "menos" (mental y físicamente) aunque obviamente es un palazo pero te has librado del legrado e imagino que podrás buscar en seguida de nuevo!!!
    Cuídate!!

    Besos

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  3. .Para mi sí es lo mismo perder un bebé con 10 semanas que con 20, yo también sufrí un aborto pero con 6 semanas de gestación, mi primer embarazo, era mi primer bebé. Me dolió un mundo y aún lo sufro a pesar de que estoy de 31 semanas del segundo embarazo. Siento que hayas tenido que pasarlo

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  4. Leyendo tu experiencia me he visto a mí misma cuando hace unos meses perdí mi embarazo de 11 semanas (era el primero).
    Ha sido una experiencia horrible y traumática para mí la cual has descrito perfectamente...
    Cuántas veces habré escuchado ''eso no era nada'', y a la gente quitándole importancia a lo que para ti era una ilusión enorme, un proyecto de vida. Incluso haciéndome sentir culpable por haberme emocionado por el embarazo antes de estar de 3 meses.
    El que no haya vivido esto en sus carnes no se puede hacer a la idea de lo que es. Ahora vivo con temor de que me pase lo mismo en mi próximo embarazo.
    Siento mucho lo que te pasó, y me hace estar contenta pensar que tienes a tu príncipe para hacerte seguir adelante.
    Un beso y gracias por compartir tu historia.

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  5. No he podido evitar llorar leyendote hace tiempo que escribiste pero me hs traido aqui porque lo estoy viviendo en estos momentos , estoy de 8 semanas no se ha visto en ninguna eco y no me dan esperanza no quiero creerlo no lo asumo como bien dices se rompe un proyecto de vida , una ilusion ... tengo nueva eco en unos dias he empezado a manchar al limpiarme escasamente y muy oscuro... aun no se lo que me espera pero me aterra ...no soy creyente pero no puedo evitar mirar al cielo y rezar para que me digan que todo a sido un error que estoy de menos tiempo y que ahi esta mi txikitin ... ya he oido esa frase ke intenta hacerse con cariño, de no era nada .. pero duele, como duele.. me siento ahogada pasara lo se, pero ahora quema por dentro, tengo sintomas de embarazo incluso los pechos hinchados , no logro entender como mi cuerpo no se da cuenta que no va bien , aunk luego pienso k ni yo me doy cuenta.
    No se si leeras esto, pero gracias por escribirlo. Besos..

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  6. Con la ayuda de mi esposo, soy la Madre más feliz de la Tierra,
    He sufrido el problema de Aborto involuntario por dos (2) años y tenemos buscar la solución en todos los lugares, Tenemos una solución de un médico de EE.UU., el Dr. Steve, nos envió es el producto que mi esposa utiliza durante un mes y ahora estoy completamente curado. Yo era capaz de dar a luz, ahora estoy teniendo una familia feliz again.and cualquier persona con ese problema puede ponerse en contacto con él en drsteve833@gmail.com
    Saludos

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