sábado, 3 de agosto de 2013

Los primeros días de Lactancia Materna

Desde antes de quedarme embarazada tenía claro que iba a dar el pecho a mi futuro bebé. Por aquel
entonces no tenía mucha idea sobre el tema, pero me parecía que simplemente era lo natural.
Después empecé a leer sobre el tema y a entender que simplemente la lactancia materna es insustituible y es lo mejor que se le puede dar a tu bebé. Creo que la gran mayoría de mujeres que quieren ser madres hoy en día, hacen lo que hice yo, informarse.

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna O.M.S.. Esta información está al alcance de cualquiera. Personalmente, saber las recomendaciones de la OMS no influyó en mi decisión, pero si la reafirmó. Después, hay libros sobre el tema, folletos que te encuentras en las canastillas que te van regalando durante el embarazo, la información que te proporciona la comadrona en el curso de preparación al parto..., y las experiencias de las madres de tu entorno.
Pero nada, absolutamente nada, te prepara totalmente para ello.

Me apetece mucho contar mi experiencia con todo detalle, seguro que alguna mujer se siente identificada y seguro que a alguna mujer que esté embarazada por primera vez le interesa
Desgraciadamente, mi bebé nació por cesárea urgente, por eso estuve 5 días en el hospital. 
La primera vez que me puse a mi bebé al pecho y las siguientes veces durante los primeros días, sentí mucha frustración. Mi príncipe cogía muy bien el pecho, al principio el labio superior se le quedaba para adentro y tenía que corregirlo. Pero eso no era un problema.
El problema era que había veces que no había manera de que cogiera el pecho. No porque él no quisiera, él quería. Tenía que insistir e insistir. Hasta que la segunda noche no pude más.
Pedí ayuda a las enfermeras porque no había manera humana de que el niño se enganchara bien. Me trajeron nuestra salvación. Una pezonera de silicona. Eso me ayudaría a que mi bebé agarrara más fácilmente el pecho y me sacara mejor el pezón, pero eso no fue la solución a todo.

La tercera noche fue la peor. Aún no me había subido la leche, el calostro se estaba transformando, pero aún no venía. Estuvo cinco horas seguidas mamando, yo estaba súper cansada pero aguanté, hasta que llegó el momento en que mi bebé ya no quería mamar más (ni con pezonera ni sin ella), tampoco quería dormir. Sólo lloraba y lloraba. Lloraba porque tenía hambre, mi niño.
Al final pudimos calmarlo y después ya volvió a coger el pecho. Es muy importante que el bebé succione muy a menudo, la succión hace que la subida de la leche llegue más pronto. Yo me lo ponía incluso cuando no me lo pedía, y luego resultaba que si quería pero no lo había pedido. Y es que los primeros días algunos bebés están muy adormilados.

Y por fin, a la mañana siguiente, subió la leche. Mis pechos eran una cosa monstruosa de lo grandes que estaban, dolían, pero me daba igual. Por fin pude alimentar a mi niño con mi leche. Justo después de sentir esa alegría, me llevé un pequeño chasco. Mi peque había perdido el 11% de su peso (lo normal es entre un 5% y un 10% de su peso al nacer),  y había que darle un pequeño suplemento de biberón. Me fastidió mucho porque yo aguanté y no caí en la tentación de darle biberón cuando todavía no tenía leche. Y finalmente tuve que dárselo. Tuve mucho miedo de que después no quisiera coger el pecho, pero afortunadamente, mamaba exactamente igual que antes de darle el biberón. Solo fue durante un día, porque resulta que hubo un error al apuntar el peso de Diego y realmente no le hacía falta ¡! Menos mal que todo salió bien, si no me hubiera enfadado muchísimo con las enfermeras.
Por fin, al quinto día (demasiados para mi gusto), nos dieron el alta. Qué ilusión más grande llegar con nuestro bebé a casa.

Yo decidí dar a mi bebé lactancia materna exclusiva y a demanda.
Dicho así suena muy bonito y es muy fácil de decir... Pero es muy difícil de hacer.
Durante los dos primeros meses tenía a Diego "demandando" cada hora y media ó dos horas. A veces se nos juntaba una toma con otra. Agotador. Cambia pañal, da el pecho, se duerme, intenta acostarlo en la cuna sin que se despierte, se despierta, intenta dormirlo otra vez... Y vuelta a empezar.
Eso sí, por las noches pedía cada dos o tres horas. Menos mal.
Además, durante todo ese tiempo pasé por unos dolores de pecho brutales, grietas y una mastitis.
Y luego lees mil veces de que dar el pecho no debe doler, ¡ja!, eso es falso. Dicen que si duele es que algo estás haciendo mal. En mi caso, NO. Cambiábamos de postura a menudo, estábamos cómodos, si cogía mal el pezón lo corregía... Y aún y así, dolía, al principio duele mucho.
A mi me cuesta creer que haya mujeres primerizas que no tengan ningún problema los primeros días ó semanas de lactancia materna. Sé que las hay y las admiro y envidio sanamente, pero creo que son una especie en extinción.

Desde mi experiencia, yo diría que para conseguir una lactancia materna exitosa hacen falta mínimo un par de cosillas esenciales e imprescindibles; muchísimo amor y muchísima paciencia.


Comodidad en la lactancia materna
Es súper importante que tanto el bebé como la madre estén cómodos y tranquilos. Es obligatorio olvidarse del tiempo. Mi bebé al principio se tiraba una hora en un pecho y tres cuartos en el otro, más o menos, no siempre era igual. Llegó un momento en que no miraba el reloj, me di cuenta que era lo peor que podía hacer. Es una presión innecesaria.
La postura es muy importante para prevenir dolores de espalda que son muy comunes en las mamás que dan el pecho. Al principio, incluso tomando todas las precauciones, no escapé de padecerlos. Y por supuesto, dar de mamar en una postura correcta es tan importante como que el bebé abarque toda la areola del pezón con la boca.

Oferta y demanda
Tiene que ser a demanda, (el bebé tiene que ser alimentado cada vez que lo pida, ya sea a los diez minutos o a las dos horas) si no lo es, no puedes asegurarte una buena producción de leche. Y tiene que ser exclusiva, si empiezas aunque sea a darle un solo biberón al día, verás como tu cantidad de leche disminuirá. Nada de esto lo digo yo por mi cuenta, es algo totalmente demostrado y consensuado entre los profesionales especializados. La lactancia materna se rige por la oferta demanda, si el bebé mama hay leche, si no, dejará de haberla.
Cuando una madre dice que tiene poca leche, generalmente es porque le ha dado algún biberón a su bebé más de una vez. Esa toma de pecho se pierde si no la sacas con un extractor de leche. Si esto pasa a menudo, como he dicho antes, si, esa madre tendrá menos leche.

El sueño y la lactancia materna 
Uno de los motivos por lo que al principio tienes a tu peque casi todo el tiempo en los brazos es que se duermen cada dos por tres. Es normal. Se cansan de mamar, están tan agustito..., que se duermen. Mi peque cuando se pillaba un buen berrinche y luego me lo ponía al pecho, del disgusto se quedaba frito enseguida. Ahí si que lo despertaba porque sabía que tenía hambre y había comido poco. Esa era la excepción, en el resto de situaciones no lo despertaba nunca.La pediatra de Diego me dijo que si alguna noche tardaba demasiado en pedir de comer, lo despertara. Las noches que ocurrió, nunca hice eso. Mi madre dice que el sueño también alimenta, yo pienso lo mismo y además, me da una pena despertarlo... Y obviamente, cuando el bebé tiene hambre lo pide.

Ayuda 
Para que una madre pueda establecer correctamente la lactancia, la tienen que ayudar. No con el bebé, es la madre la que tiene que estar con su bebé. Darle el pecho cada vez que el bebé lo pida, dedicarle todo el tiempo a lo que necesite. La tienen que ayudar con lo demás.
Mis padres y hermanos, y obviamente mi marido, se encargaban absolutamente de todo. Sobretodo durante las primeras dos semanas, tenía dolor por la cesárea, molestias en el pecho y estaba la mayor parte del tiempo dando de mamar a Diego. Con lo cual no hacia nada, ni cocinaba, ni limpiaba, ni lavaba la ropa, ni la planchaba... El tiempo que el bebé dormía lo aprovechaba para descansar y ducharme. Muchas veces ellos también le cambiaban el pañal y lo dormían. Hacían todo y más.
Sé que no todo el mundo tiene la suerte de tener una familia y un marido como los míos. Pero yo creo que siempre hay alguien que te puede echar un cable. Aún a las malas, si no tienes a nadie que te ayude con la casa, o haces lo mínimo para no vivir en una pocilga o contratas a alguien para que venga unas horas. Sería un dinero bien invertido.

Entorno y familia
Como dije en mi presentación, las madres de hoy en día son diferentes. Yo soy muy diferente de mi madre, y mi madre es muy diferente de la suya. Las tres generaciones hemos vivido la maternidad de una forma distinta por varios motivos. Sobretodo en cuestión de lactancia materna, que es el tema que nos ocupa.
Mi abuela materna tiene 87 años y ha parido y amamantado a siete hijos. Mi madre es la sexta hija, tiene 53 años, y ha parido y amamantado a tres hijos.
Mi abuela amamantó a sus siete hijos hasta el año y medio o los dos años, depende del hijo y del momento social, laboral y económico que estuvieran viviendo. Pero nunca les dio a ninguno de mis tíos ni a mi madre leche de fórmula. Económicamente no podían permitírselo así que nunca se lo llegó ni a plantear, ni siquiera con sus últimos hijos. Ella estaba sana y lo natural y normal era darle el pecho a sus hijos. El dinero estaba para otras cosas.
Mi madre nos amamantó a los tres exclusivamente hasta las dos o tres primeras semanas y con lactancia mixta hasta los tres meses, más o menos, después con lactancia artificial. Sus motivos fueron que tenía muy poca leche y que tenía tantas grietas que los pechos le sangraban. Ella lo intentó con todas sus fuerzas las tres veces, pero no tuvo éxito. Mi abuela la animaba continuamente a que insistiera en dar el pecho, creo que era la única que lo hacía.
Cuando he hablado con mi madre de este tema, siempre llego a la misma conclusión, desinformación o mala información. Por lo que sé, a ella le vendían el biberón en el pediatra y en su entorno. Era la época. Las primeras semanas de dar el pecho a mi hijo (que fue cuando tuve problemas), mi madre me animaba continuamente a que le diera un biberón, justo lo contrario de lo que hacía mi abuela con ella. No quería que yo sufriera y le daba miedo que su nieto no estuviera bien alimentado. Yo me mantuve firme pese a las adversidades porque sabía perfectamente lo que hacía. Sabía que si empezaba a darle un biberón por la noche para que se quedara más lleno (como ella me aconsejaba) y nos dejara dormir más, seguiría con otro la próxima vez que se despertara o por la mañana.
Y entonces cada vez tendría menos leche.
Seguro que es lo que le pasó a mi madre y otras muchas más. Se convencen de que simplemente tienen poca leche, y para nada es eso lo que les ocurre.

Biberones y lactancia materna
Reconozco que en algún momento puntual si le di un biberón con leche de fórmula. Cuando estuve con 40º de fiebre por la mastitis, mi marido le dio uno porque yo no podía ni moverme. Me ayudó en algún momento malo y no influyó negativamente en la lactancia materna. Porque fueron totalmente puntuales; uno cada dos o tres semanas, por decir algo. Usaba sobres de muestras, porque compré una lata y como al mes tiene que haberse consumido, la tiré casi entera. Conseguí comprar una de 400 gr. y también tuve que acabar  tirándola...
Una de las veces que le di un biberón fue por la noche, antes de irme a dormir. Solo lo hice para demostrar a mi madre que ese biberón solo sirvió para que en la siguiente toma tuviera los pechos a punto de reventar, porque mi hijo no se llenó más con el biberón ni tardó más en pedirme comer.

Herramientas de ayuda
Para dar el pecho, no hace falta absolutamente nada más que un bebé y su madre, eso está clarísimo. Pero si que es cierto que hoy en día existen multitud de cosas que podemos usar que aunque no son imprescindibles, ayudan en muchas situaciones que se dan en la lactancia materna.
Como me está saliendo un post muy largo, voy a hacer una entrada aparte para este tema.

Más o menos esto es lo que fueron para nosotros"Los primeros días de la Lactancia Materna" porque de lo que aquí he hablado es de eso, de los primeros días, las primeras semanas. Para mí la primera semana de lactancia no tuvo nada que ver con la cuarta, por ejemplo. Y supongo que para la mayoría será igual.
Fue un tiempo extraño, extraño porque fueron días de sentirme frustrada, cansada, dolorida..., pero a la vez, también fueron de los días más maravillosos de mi vida. Creo que estos sentimientos solo los pueden comprender las mujeres que han pasado por lo mismo. Soy incapaz de explicar lo especial que es alimentar a tu hijo con el alimento que tu mismo cuerpo fabrica. Es algo absolutamente excepcional. Saber que le estás alimentando con el mejor alimento es una sensación perfecta. Ver la cara de satisfacción que se le queda a tu bebé después de haberse saciado de pecho es algo que no tiene precio.

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