martes, 10 de septiembre de 2013

Preparando la llegada del bebé II: La ropa


En general, cuando nos quedamos embarazadas, las mujeres solemos emocionarnos con todos los preparativos para el bebé.
Está en nuestra genética. Es casi una necesidad. ¡No lo podemos evitar!
Yo, además, soy una loca de las compras.
Cuando me quedé embarazada supe que iba a tener que hacer un uso extra de mi "poder" de autocontrol.

Desde que gané mi primer sueldo a los dieciséis años, he ido aprendiendo (a base de palos al principio) a administrar el dinero.
Soy de las que prefiere un buen par de zapatos o un súper bolso a muchos normalitos.
Me ha costado lo mío, pero más o menos (gracias a la influencia de mi ahorrador marido), soy capaz de ceñirme a un presupuesto.

Sorprendentemente para mí, no fue muy difícil controlarme en mis primeras incursiones en las tiendas de ropita infantil.
¿Por qué?
Pues por que un bebé en su primer año de vida pasa por unas cinco tallas de ropa diferentes. Es el año de mayor y más rápido crecimiento en la vida humana, nunca más volveremos a crecer tan rápidamente.
Además, la ropa para recién nacido es un poco limitada en variedad. 

Por eso tenemos que pensar al dedillo lo que compramos, para aprovecharlo todo lo máximo posible sin que nuestros bebés parezcan payasetes.
Yo nunca he llevado a mi hijo con ropa más grande, vestirlos con dos tallas más es incómodo, ridículo y horroroso. Pienso que eligiendo bien y anteponiendo la calidad a la cantidad también se puede ahorrar.

Mini guía para los dos primeros meses (más o menos)

Qué ropita comprar antes del nacimiento

En los últimos meses de embarazo, hay que tener en cuenta el peso del bebé en las ecografías, aunque tampoco puedes fiarte al 100 %.
A mi me pronosticaron que iba a tener un bebé de 4,5 Kg y mi niño, al nacer, pesó 3,5 Kg. No soy yo sola, por lo visto es algo bastante generalizado no acertar el peso del bebé. Aunque tampoco hay que desecharlo del todo, no deja de ser una guía.

Mi consejo es que antes de nacer el bebé, sólo se compre ropa para los primeros dos meses más o menos como máximo. No sabes como va a ser tu hijo, por lo tanto, es mucho mejor esperar a que nazca y comprar más cuando lo necesite.

El término primera puesta no me convence. Yo lo interpreto como la ropita que vamos a llevarnos al hospital. Y eso es algo que va totalmente por cuenta de las preferencias de cada una y que es bastante secundario.
Yo no compré ropa especialmente para eso, de lo que tenía me llevé lo más pequeñito y lo que me apetecía. Eso sí, me llevé variedad para poder escoger.

En cuanto a las cantidades a comprar de cada cosa, es una cuestión muy personal.
Desde mi experiencia, es importante tener bastantes recambios de bodis y partes inferiores. 
Los recién nacidos hacen caca muchísimas veces al día. Unas seis u ocho o diez, depende del tipo de lactancia y el número de tomas, una locura. Y cada día, en una o varias de esas veces se acaba manchando la ropa, aunque el pañal esté perfectamente colocado y se lo cambies en seguida. 
Había días en los que le llegaba a poner tres bodis diferentes...

Es muy importante que todo lo que toque la piel de nuestro recién nacido sea de algodón suave. Yo prefiero tener cinco bodis de calidad que cuando los lavo quedan que casi no necesitan plancha a tener  diez que queden duros al tacto.

Hay que lavarlo todo con jabón y suavizante hipoalergénico, ya sea a mano o a máquina. De hecho, como mi peque tiene piel atópica, sigo haciéndolo.

Obviamente, cuando hablo de tallas me refiero a recién nacidos de tamaño estándar.
Hay muchas marcas que hacen tallas de prematuro, pero claro, suelen ser compras de última hora, ya que no se suele saber que vas a tener un hijo prematuro, salvo en contados casos.
A los bebés grandotes la talla 0-1 ni les cabe, así que pasan a la siguiente o incluso algunos a la de 3-6. No queremos que parezcan payasetes pero tampoco tiene que apretarles nunca la ropa.

Talla 0-1 Es la que va a usar entre el primer y el segundo mes, más o menos.
Talla 1-3 Es la que usará a partir del primer mes o antes si es un bebé grandote.

Si nace en Verano
Uno de los factores a tener en cuenta a la hora de vestir al recién nacido es es tipo de lactancia que va a recibir.
En mi caso, con la lactancia materna, considero que hace falta menos ropa, sobretodo los primeros días o semanas. Mi bebé y yo salíamos sudando todo el tiempo...

En casita
Bodis de manga corta que se abrochen por delante. Evitar todo lo posible las prendas que haya que pasar por la cabecita. Es muy incómodo, para ellos y para nosotros, que no sabemos ni como cogerla casi.
Ya está. 
Jajaja, era broma.  Pero casi que es verdad. Para estar en casa fresquitos en los días calurosos es lo mejor.
Calcetines. Sobretodo blancos, que son los que combinan con todo. Antes de comprar un pack de esos en los que vienen de varios colores, pensar bien si hay algún color que no vais a usar. ¡Puede salir más a cuenta comprarlos sueltos! No entiendo porqué las marcas ponen un calcetín gris oscuro en un pack para recién nacido, claro que para gustos los colores.
Gorritos de algodón. Lo suyo es comprar dos porque el que se le pone primero se suele manchar con los restos de sangre y tejidos del parto. A mi peque solo se los puse los dos primeros días de estar en el hospital.

Polainas y camisetas. Las polainas (pantalones con pie) sólo las usó en el hospital. Fueron una recomendación errónea de mi querida madre. Me sobraron para montar un mercadillo. Menos mal que las compré enormes y se las pude poner en octubre para estar por casa. Sea la época que sea, para el hospital son un básico, pero con moderación.
Las camisetas de manguita corta, ¡vigilar el cierre!.
Pijama de manga corta. Depende del calor que haga por las noches. Mi hijo (que nació a finales de agosto) dormía divinamente con uno puesto y tapado con una sábana hasta finales de septiembre. Eso sí, mirar que se abrochen por delante también.


Para pasear
Muselinas. Para mí han sido y siguen siendo un básico. Bien dobladitas no ocupan nada en el bolso y sirven absolutamente para todo. Para cubrirlo del sol, para taparlo del fresquito, por si prefieres cubrirte cuando le des el pecho, etc. Y son tan monas.

Camisetas y pantalones suaves y sencillos. No hay que tener miedo de que sean de manga corta, ¡los recién nacidos también tienen calor! Si refresca siempre se le puede tapar con una monísima muselina.

Vestidos. Si es niña, y no es muy pequeñita (suelen ser difíciles de encontrar en las primeras tallas) obviamente necesitará un precioso vestidito de esos que llevan cubre pañal a juego.
Monos. Son camiseta y pantalón o camiseta y falda en una sola pieza. De lo más cómodo, no se mueve la ropa, como tienen automáticos se desviste al bebé súper fácil para el cambio de pañal... El único inconveniente es que no hay una gran variedad en el mercado a precios económicos, por lo menos para niño. Aunque en realidad, hay que tener en cuenta que con esta prenda vistes al bebé al completo. 
Yo soy mono adicta, la pena es que me estoy dando cuenta de que a partir de la talla de dos años ya no los hacen...

Si nace en Invierno
Bueno, si nace en invierno, yo creo que pensamos que es más fácil, se trata de añadir ropa, ja ja ja.
Una enfermera me dijo que los recién nacidos toleran mejor el frío que el calor. Y es verdad, así que hay que procurar no súper abrigarlos demasiado.

Para casita
Bodys de manga larga. Para llevar debajo de la ropa. Si nos encontramos en otoño o en primavera, también pueden usarse los de manga corta. Yo nunca se los pongo de camiseta porque no me gusta como queda el pantalón encima, a lo Julián Muñoz.
Pijamas. Mi peque de recién nacido no se movía absolutamente nada mientras dormía, solo giraba la cabecita y movía un poco los brazos. Pero hay bebés que tan chiquitines se mueven mucho y se empiezan a destapar, así que hay que tenerlo en cuenta.
Si aún no hace mucho frío, con los de algodón normal es suficiente. Cuando el invierno ya aprieta los de terciopelo son geniales. Eso sí, yo siempre le ponía un bodi debajo, por si sacaba mucho los bracitos hacia afuera o se destapaba un poco.
Para salir
Camisetas, jerseys y pantalones. Lo más importante es la suavidad y la comodidad. Depende de la época, se le puede poner un conjuntito de punto o uno de lanita. O depende del gusto de cada una, camiseta y tejanos (forraditos de algodón por dentro, que si no pueden marcar o rascar su piel), pantalón de chándal o polainas de punto...

Monos. Para niña y para niño, como ya he dicho antes, son súper mega cómodos. Además, hay mucha más variedad en manga larga que en manga corta. Se encuentran mucho más fácil en las tiendas.

Gorros calentitos. Es muy importante que les tapen bien las orejitas. Los bebés cogen muchas otitis por no llevarlas bien tapadas, según nos dijo nuestra enfermera, yo no tenía ni idea. Mi peque las ha llevado muy bien tapaditas siempre y nunca ha cogido una.
Bufandas y manoplas. Depende del bebé. A mi peque no le molestaba la bufanda pero las manoplas no le molaban mucho... Se las ponía cuando se dormía en el carrito, je je.
Chaquetas y abrigos. Esta es una prenda que es muy importante que SI le vaya un poco más grande, si no, ponérsela (con dos capas de ropa debajo) puede convertirse en una tortura para el bebé. No compréis ninguna de la talla 0-1, ¡son pequeñísimas! Lo mejor para un recién nacido es la talla 1-3 meses o si el fabricante talla pequeño incluso la talla 3-6 meses.
Hay  que tener mucho ojo con las mangas, algunas las hacen extremadamente estrechas.
También, vigilar que las cremalleras corran bien y que el final esté protegido para que no les roce la piel. Muy importante: aunque estemos en invierno, es importante no agobiar al recién nacido con muchas capas de ropa. Es incómodo para todos.
Buzos: Creo que si no se vive en un entorno muy frío no hacen falta. En el capazo del carrito con la capota echada, con el abriguito, el gorro y bien tapado con una mantita van súper calentitos. 
Estoy pensando que a lo mejor, las mamás que sólo portean y que no usan carro nunca puede que sí los recomienden, ¡a ver si alguna nos saca de dudas!
Supongo que las famílias esquiadoras los usarán, pero más adelante, no creo que se lleven al recién nacido a la nieve, je je.
Cuando las tallas 0-1 y 1-3 ya no le sirven, pasaremos a la siguiente, la de 3-6. 
Valorando el tamaño y el peso de nuestro bebé, será la hora de ampliar su guardarropa. 
A partir de entonces, encontraremos más variedad en las tiendas y la ropa será más de bebé, porque nuestro bebé ya no es un recién nacido. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Crónica de mi parto por cesárea (parte 2)


Continuación de la parte 1:

Gracias al cielo, me llevaron rápido a mi habitación. Allí estaban mi marido y mis padres y hermanos, esperándonos.
Fue una escena bastante típica de mi familia, que somos un poco melodramáticos, jajaja. Nada más verlos arranqué a llorar otra vez y ellos también. Todos llorábamos.
Entre las lágrimas de emoción me decían que ya lo habían conocido, que era mi marido en pequeñito. ¡Todos habían estado más tiempo con mi hijo que yo! A mi no me había dado tiempo de fijarme en nada....

Como yo aún no tenía movilidad, tuvieron que pasarme a la cama como si fuera una abuelita. Nada más colocarme, por fin, apareció una enfermera con mi hijo.
Efectivamente era una mini versión de mi marido, una pasada. 
Desde que desperté hasta ese momento, había estado temblando de frío, pero cuando me pusieron a mi bebé encima empecé a entrar en calor. Apenas habían pasado cuarenta y cinco minutos desde que había nacido, pero a mi me pareció una eternidad.

Intenté dejar a un lado todo mi dolor físico y emocional para poder concentrarme en mi pequeño príncipe.
Era increíble, ya estaba conmigo, buscando mi pecho.
Es indescriptible lo que sentí cuando me di cuenta de que ya era madre.
Lo sentí por primera vez cuando mi hijo empezó a mamar. 
Fue justo en ese momento cuando empecé a tomar consciencia de todo. 
Pero no es instantáneo.
Mi peque nació a las 2:33 de la madrugada, y yo no dormí un ratito hasta por lo menos las seis o las siete. Me desperté con el llanto de un bebé, tardé un poco en darme cuenta de que era el mío.

No sé cómo será el postparto cuando tienes a tu hijo en un parto vaginal normal, pero me gustaría mucho poder vivirlo cuando esté otra vez embarazada.
Lo que sí sé es como es después de una cesárea.
Yo tuve mucha suerte porque desde el momento en que me retiraron el vendaje, la cicatriz tenía una pinta estupenda. Aunque me costaba la vida misma tocármela, le tenía un miedo atroz.
Pero por muy buen aspecto que tuviera, dolía como el infierno. Juro que tenía que pensar cada movimiento que hacía para no ver las estrellas. Casi cada vez que me movía, la cicatriz me tiraba aunque fuera solo un poco.

Tenía que tener mucho cuidado con la postura cuando daba el pecho al peque, para que no me pateara la herida.
La cicatriz y el estar conectada a un montón de cables impidieron que le cambiara los primeros pañales a mi hijo. Eso me dio mucha rabia.
No me pude mover de la cama durante unas doce horas que se me hicieron eternas, y cuando por fin me "desconectaron", y pude ducharme no me sentí muy bien conmigo misma.
Sé que a muchas mujeres les pasa lo mismo y que es normal, pero no dejar de ser algo raro. Sentía una especie de miedo y rechazo hacia mi cuerpo.
Ya no estaba embarazada, pero no estaba como antes. Tenía unos pechos enormes, una barriga de cinco meses y una gran cicatriz a lo ancho de mi vientre. Y unas piernas monstruosas en las que no se distinguían los tobillos.

Yo di a luz en un hospital privado. Uno de los motivos de peso para hacerlo es la privacidad y la comodidad.
Mi marido tenía una cama para poder dormir, mis visitas un sofá y sillas y espacio para caber todos. Mi cuarto de baño era como el de una casa. No oíamos llorar a ningún bebé que no fuera el nuestro.
Y sobretodo, no tenía que estar con otra familia de personas desconocidas.
Para mí, todas las cuotas de la mutua merecen la pena solo por esto, por el tiempo que se está después de dar a luz en el hospital, que en mi caso fueron cinco días.
Los primeros días de lactancia materna, los primeros días de maternidad fueron difíciles aunque maravillosos y la verdad, todas esas comodidades y esa privacidad de las que disfruté, me ayudaron mucho a sobrellevarlo.

Hay gente a la que esto le da igual, y yo lo respeto, pero en mi cabeza no entra que uno de los momentos más importantes, difíciles, sensibles, etc. de tu vida tengas que compartirlo con una familia de extraños (y el desfile continuo de visitas) en la misma habitación. Porque que yo sepa en la mayoría de hospitales públicos es así. Me parece una vergüenza.

Una ventaja de estar tantos días en el hospital es que me subió la leche estando allí y me asesoraron y ayudaron mucho en el proceso.
A mi príncipe incluso se le cayó el cordón umbilical al tercer día. ¡Me dio un susto de muerte porque no esperaba que pasara tan pronto!
Con el paso de las semanas, el dolor de la zona de la cicatriz fue disminuyendo cada vez más. Pero yo diría que no empecé a sentir la zona completamente como antes hasta pasados los tres meses más o menos.
Además, no tuve que ir a la consulta con la ginecóloga hasta que no terminó la cuarentena porque me cosieron con unos maravillosos puntos re-absorbibles.

Para mí, fue un chasco enorme que me practicaran una cesárea, aunque fuera algo inevitable, y fue peor todavía porque me sentí absolutamente incomprendida.
A pesar de que mi entorno era consciente de lo que supuso para mí, todos me decían que tenía que estar contenta porque el niño estaba bien.
Pues claro que lo estaba, mi felicidad era completa con solo mirarlo. Yo soy su madre y soy la primera que piensa en el bienestar de mi hijo. Pero, una cosa no quitaba la otra.

En esos momentos sentía que a nadie le importaban mis sentimientos, lo único que hacían cada vez que yo sacaba el tema para desahogarme, era minimizarlo y evitarlo. Y eso es lo peor que se le puede hacer a una mujer que ha pasado por una cesárea por la que no eligió pasar.
Al final, me cansé de esas reacciones y me lo tragué todo yo sola, estaba harta de sentirme una llorona.
No buscaba que se compadecieran de mí. Sólo un poquito de comprensión.

Me molesta que la sociedad en general no entienda que una mujer quiera tener un parto natural y que si no lo tiene, puede sufrir mucho. A mí me han llegado a decir "¡Pero que más te da!, si es mejor!" o "Así salen los bebés mucho más guapos, no sufren", y otras lindezas varias.
Cada mujer se lo toma de una forma muy distinta, eso está claro. A mi me afectó bastante y lo viví con sentimientos encontrados, pero poquito a poco conseguí superarlo.

Es cierto que cuando te conviertes en madre, pasas un segundo plano en muchos sentidos, quizá a mi me pasó que me sentí demasiado poco importante. A lo mejor por eso me afectó más.
Aunque ahora pueda parecer que fue algo traumático, no lo fue. Que nadie piense que escribo esto en plan dramático. Para nada.
Nada de lo que sufrí estuvo reñido con el amor y la felicidad que sentí por la vida de mi hijo.
Absolutamente todo lo que pasé merece la pena, lo pasaría una y otra vez si hiciera falta.

Como moraleja de mi historia yo diría que no hay que dar nada por sentado.
Yo estaba súper predispuesta a tener un parto natural y totalmente indispuesta a tener una cesárea.
La próxima vez me lo tomaré de otra manera, eso está clarísimo. Porque a la hora de la verdad puede pasar cualquier cosa y al fin y al cabo se trata de eso, de dar vida. La vida ante todo.
Y sufrir por sufrir es tontería.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Crónica de mi parto por cesárea (parte 1)

A raíz del primer cumple de mi pequeño, he pensado que sería un buen momento para compartir la experiencia de mi parto.
Sé que hay mucha gente a la que no le interesa lo más mínimo, y lo entiendo.
Pero este post está dedicado especialmente a esas mujeres que aún no han dado luz y que son tan curiosas como yo. Y por supuesto, a todo aquel que le interese leerlo.

En mi embarazo me tragué todos los programas y documentales que encontraba sobre el embarazo y el parto. Vi más partos de los que puedo recordar.
También leí en blogs y foros muchas crónicas de parto en primera persona. Me fascinaba ver lo diferentes y parecidas que somos las unas de las otras en un momento tan importante de nuestra vida.

Me impactó mucho cuántas cosas diferentes pueden surgir en un parto. Creo recordar que una comadrona del programa Baby Boom lo definió muy bien, dijo que cada parto era un mundo porque cada mujer era un mundo. O algo muy parecido.

Después de ver cada programa o leer cada crónica me sentía muy bien. Sentía que ya no iba tan a ciegas, que es algo no soporto.
Y yo, que no veo la tele nada más que para ver documentales o deportes, siento (aún sigo viendo y leyendo sobre el tema) una empatía y una afinidad que me alucina hacia esas mujeres. Yo que soy anti realities.
Será la maternidad.

En fin, que me enrollo y esto se va a hacer muy largo. ¡Y no quiero aburrir a nadie!

En mi embarazo, la mayoría de veces que hablaba sobre como sería el parto, decía que lo único que no quería era una cesárea.
Son muchos los motivos por los cuales no quería que mi parto terminara así. 
Por ejemplo;
- Se trata de cirugía mayor, aunque sea una práctica muy común, estamos hablando de una operación, siempre hay riesgos.
- Te separan más tiempo de tu hijo.
- Normalmente no dejan entrar al padre a quirófano.
- El tiempo de estancia en el hospital es más largo.
- La recuperación física es más lenta.
- La leche puede tardar más tiempo en subir.
- No es lo natural, por lo tanto no es lo mejor, ni para la madre ni para el bebé.

Yo no creía que me pudiera pasar a mí. Y no quería que me pasara. Pero pasó.
Yo salía de cuentas el 23 de agosto, y puntual como soy yo, la noche del 22 al 23 empezaron las contracciones. Eran irregulares, cada veinticinco, cada veinte o cada quince minutos, ¡o cada media hora! Los dolores eran muy soportables, así que no pensaba moverme de mi casa. Cada vez que tenía una contracción, me entraban unas ganas enormes de hacer pis, eso fue lo más incómodo. Por lo demás, seguí en la cama e incluso dormí algo.

Por la mañana tenía que ir al hospital a entregar un bote enorme de orina porque mi ginecólogo creía que podía tener preclampsia. Mi marido se empeñó en que ya que estábamos allí, me vieran.
Yo seguía más o menos igual y sabía lo que me iban a decir, que había empezado el trabajo de parto pero que todavía me quedaba mucho. El ginecólogo que me atendió, me aconsejó que si quería pasar la espera en casa tranquilamente, volviera cuando tuviera las contracciones regulares cada cinco minutos.

Así que volvimos a casa. A medida que pasaban las horas, las contracciones se iban volviendo más regulares  y más intensas. Durante todo ese tiempo estuve yendo del sofá a la pelota de pilates, una y otra vez. Voté, caminé, me tumbé, me senté...
Mi hermana se vino para casa para apoyarme junto a mi marido. Ellos de vez en cuando me iban diciendo que fuéramos al hospital, mi madre por teléfono (porque vive lejos) cada media hora, también. Yo les decía que podía aguantar el dolor, que seguro que aún me quedaba mucho y que no quería estar más de lo necesario en el hospital.

Hacia las diez de la noche, ya tenía contracciones cada cinco minutos y eran cada vez más intensas. Así que ya no tuve otra alternativa que ir al hospital. Recuerdo que por el camino les fui diciendo a mi marido y a mi hermana "¡Espero que no me manden para atrás!", aún no estaba yo muy convencida de si íbamos demasiado pronto...
Cuando me examinaron, la ginecóloga me felicitó. Me dijo que tenía una dilatación de seis centímetros, que podía sentirme orgullosa de mi misma porque había atendido a mujeres con apenas un centímetro que no paraban de quejarse. La verdad es que cada vez sentía más dolor aunque hasta entonces había aguantado muy bien.
Pero el momento en el que realmente me di cuenta de que dentro de muy pocas horas iba a conocer a mi hijo, fue cuando la ginecóloga me dijo que en unos minutos vendrían a buscarme para llevarme a la sala de partos. Fue algo impactante lo que sentí.
Resulta que era la única que estaba pariendo esa noche en mi hospital, así que tenía a la comadrona para mi solita. Estuvo disponible todo el tiempo pero también nos dio momentos de privacidad, fue encantadora.

Prefería no ponerme la anestesia epidural si el dolor era soportable, pero siendo sincera, tenía claro que si la "necesitaba"no iba a decir que no. La comadrona de los cursos de preparación al parto era anti epidural, así que era muy consciente de todos los inconvenientes que conllevaba.

Casi nada más llegar a la sala de partos, la comadrona me hizo un tacto. Mi bebé tenía la cabeza muy alta todavía y además, no estaba muy bien posicionado, en lugar de estar mirando hacia mi espalda, miraba hacia adelante. Encima, traía una vuelta de cordón y para acabar de rematarlo, a causa del tacto empezó a tener bradicardias. Me pusieron oxígeno para ayudar al bebé y funcionó.
Entonces, me habló de la epidural, me dijo que me iba a romper la bolsa y que a partir de ahí el dolor iba a ser mucho más intenso. Me convenció. Quizá si no hubiera habido los inconvenientes de la postura, el cordón y las bradicardias, a lo mejor me hubiera planteado pasar. Pero no lo dudé.

Me la pusieron rápida e indoloramente y al cabo de unos cinco minutos empecé a no notar las contracciones. Aparte de la insensibilidad, el mayor problema de la epidural es que tienes que estar en la cama o camilla, no puedes moverte. Ese era uno de los motivos por los que no la quería. Para mí, el hecho de estar tumbada ralentizó mi parto y quién sabe, hasta lo fastidió.

Una vez me rompieron la bolsa, empecé a tener contracciones más fuertes y más frecuentes y en poco rato, ya estaba dilatada de diez centímetros. Ya podía empujar.
Pues no.
A pesar de ponerme de lado un rato y de los intentos de la comadrona en girar la cabeza del peque, mi chico no se movía. Y lo que es peor, empezó a sufrir bradicardias cada vez que tenía una contracción, o sea, casi todo el tiempo.
Estuve lo que a mi me pareció una eternidad con la mascarilla del oxígeno puesta, intentando concentrarme en respirar cuando estaba muerta de miedo por lo que pudiera estar sufriendo mi hijo. La comadrona me dejó caer que podrían tener que hacerme una cesárea, que iban a intentar evitarlo, pero que la cosa estaba complicada.

Vino la ginecóloga y en seguida me hizo empujar. Juro que empujé con todas mis fuerzas y con toda mi alma. Debieron de ponerme poca epidural porque justo antes de empujar ya volvía a sentir dolor y también un poco de movilidad. Lo intenté con todo mi corazón pero tras dos intentos, mi bebé lo único que hizo fue seguir con sus pulsaciones bajas.
Entonces, la ginecóloga me dijo que tenía que practicarme una cesárea de urgencia. Instintivamente, lo primero que salió de mi boca fue "no". No de "no me lo puedo creer, estoy en mi peor pesadilla", no de "no puede ser que la cosa esté tan mal", no de "estoy cagada de miedo"...

Ella me habló con una sinceridad que yo agradecí, me dijo más o menos esto; "Si quieres podemos intentarlo una vez más, pero te aviso de que tal y como está, no va a cambiar nada. Tu bebé está sufriendo, y cuanto más tiempo esté dentro... No puedo garantizarte que él vaya a estar bien. A mi no me gusta hacer cesáreas, pero hay que hacerlo". Obviamente, no hizo falta que dijera nada más. No pensaba poner en riesgo a mi hijo porque yo quisiera parir de forma natural.

La cesárea fue toda un experiencia. Yo ya había pasado por un quirófano dos veces por cuestiones menores, pero con anestesia general. Esto es otra cosa. De acuerdo, en pocos minutos sabes que vas a poder ver a tu hijo, y solo por eso, se vive de otra forma. Pero, por lo menos a mí, me dio miedo.

Es muy extraño sentirlo todo, aunque sin dolor. Yo soy una persona muy emocional, expresiva y nerviosa, pero conseguí estar bastante calmada.
Fue muy rápido, enseguida sacaron a mi pequeño. Desde que dijeron la hora del nacimiento (2:33) hasta que me lo enseñaron creo apenas pasaron unos segundos.
Ese fue el mejor momento de mi vida.

Tenía los ojos muy abiertos, eso me sorprendió mucho. Acerqué la mano hacia él y al momento me cogió un dedo con su manita. Eso si que me impactó. Y ahí ya no pude contenerme más, me puse a llorar y a reír a la vez. Qué rabia me dio después, si hubiera sido capaz de seguir calmada, no hubieran tenido que sedarme para poder terminar la intervención.

Fue tan desagradable despertarme sin mi hijo en la sala de reanimación. No había sentido tanto frío ni tanta desorientación en toda mi vida.
Pregunté a duras penas a una enfermera por mi hijo y me dijo que estaba fenomenal, que había pesado 3500 gramos y que estaba con mi marido.
Por lo menos ya había conocido a su padre. Su padre..., ¡Dios! Mi pobre marido, fuera del quirófano solo, ¡qué mal lo debió haber pasado mientras me hacían la cesárea!

Continúa en el siguiente post...

Nota:
Al final me ha salido un post tan largo que he decidido hacerlo en dos partes, la segunda la publicaré en el próximo.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Un año de un amor diferente

Hay varias clases de amores, eso todos lo sabemos.
Pero ningún amor se puede comparar al amor que una madre siente por sus hijos. Ninguno. Ahora que soy madre puedo decirlo con conocimiento de causa.
Mi príncipe es el amor de mi vida.
Muchas veces le he preguntado a mi madre "¿cómo será cuando tenga otro hijo?, ¿cómo voy a querer a alguien más de la misma forma que a mi príncipe?". Ella siempre me dice que una madre tiene amor para todos sus hijos, el mismo amor.

Todo lo que había imaginado acerca de la maternidad se queda corto. Casi todos los tópicos (positivos, claro) que he escuchado durante toda mi vida sobre las madres son ciertos.
Yo nunca he sido una mujer niñera, es más, muchas personas de mi entorno me decían "No te imagino como madre". Yo tampoco me imaginaba mucho, la verdad.
Pero él llegó y cambió mi mundo. De hecho lo hizo desde antes de nacer, cuando lo tenía dentro de mí.

Este primer año de la vida de mi hijo, este primer año de maternidad (citando uno de los tópicos más famosos), ha pasado volando. Literalmente.
Toda mi vida ha cambiado. Mis prioridades, mi forma de ver las cosas...
A medida que han ido pasando los meses, mi yo mujer ha ido volviendo progresivamente, aunque me ha costado un poco.

Como no trabajo fuera de casa, estoy veinticuatro horas al día con mi príncipe. Y aunque tengo  facilidades para dejar al peque con mi madre, mi hermana o mi marido, para tomarme tiempo para mi misma, no lo hago.
He salido muy poquitas veces sin mi hijo, me cuesta muchísimo separarme de él, no puedo evitarlo. 
Pero lo he hecho, incluso cuando no me apetecía hacerlo. Y eso ha contribuido a ir equilibrando mi yo mujer con mi yo madre cada vez más. 

Con el paso de los meses otra cosa que he aprendido es a no controlar todo el tiempo cada cosa que le ocurre o que hace mi hijo. 
Por ejemplo, el otro día "permití" a mi marido llevar al peque a que le cortaran el pelo sin mi presencia.
Desde hace meses no tengo la necesidad imperiosa de supervisar cada cambio de pañal hecho por otra persona.
También tengo totalmente superada la ansiedad de contenerme para ir a ver como baña mi marido al príncipe. 
Y la lista continua... 

Estoy muy contenta de haber dejado de ser (casi) una (amorosa) monopolizadora. 

La verdad es que me da un poco de penita que ya no sea tan bebé. Supongo que a todas nos pasa lo mismo. Ver cómo su carita se va afinando y va desapareciendo esa papada tan graciosa...
Pero ver cómo cada día esta más cerca su primer pasito sin apoyo, cómo cada día "chapurrea" algo nuevo, cómo aprende y repite las cosas, cómo se divierte..., etc. es algo absolutamente fascinante. Sentir este amor es algo abrumador.

Afronto esta nueva etapa de la vida de mi hijo, esta nueva etapa de mi maternidad con mucha más tranquilidad de la que yo creía que sentiría. 
A pesar de que este ha sido un año súper feliz, también ha sido un período difícil y duro en ocasiones. Siempre he sido una mujer muy fuerte, pero como madre soy más fuerte, más mujer. Y eso me ha sorprendido mucho. 
Me siento tan orgullosa de mi hijo, de mi marido y de mi misma... Siento que lo estamos haciendo genial, que nuestro hijo es feliz siéndolo. Y que vamos a seguir sintiendo todo esto tan bonito.

Es absolutamente imposible de explicar lo maravilloso y precioso que es mi príncipe y lo perfecto que es ser su madre, pero supongo que las mamás me entenderéis. Y las que aún no los sois, os enteraréis cuando conozcáis a vuestro hijo.

Lo que mejor puede definir mis sentimientos, vuelvo a decirlo; él es el amor de mi vida. No hay nadie ni nada como él.
Es un amor diferente.