viernes, 1 de agosto de 2014

Mi experiencia con: Béaba Babycook® Solo


He pensado que de vez en cuando iré publicando algún post explicando mis experiencias con los distintos productos que he ido comprando o me han regalado desde que nació mi primer hijo.

La Babycook® me la regalaron, pero la verdad es que es una de las cosas que pensaba comprar yo misma. Había escuchado maravillas sobre ella y me parecía algo muy práctico.
Empecé a utilizarla en marzo de 2013 (que es cuando mi hijo empezó a comer sus primeras papillas) y hasta ahora, agosto de 2014 aún la sigo usando. 

Se trata de un robot de cocina al vapor para las comidas de los bebés. Descongela, calienta, cocina y tritura.
Su principal ventaja es que en apenas 10-15 minutos tienes una papilla completa y 100% casera lista para comer. Además solo ensucias dos cacharros, que se lavan en un segundo a mano o en el lavavajillas.

Su funcionamiento es de lo más simple. La jarra contiene tres medidas (nivel de agua 1, 2 y 3), que se usan dependiendo de la cantidad o el alimento que vayas a cocinar. 
Por ejemplo, yo para hacer una papilla con pollo, calabaza, judías, calabacín y patata, llenando el cestillo de cocción hasta arriba, uso el nivel 3 de agua. Midiéndolo con la jarra, hay que depositar el agua en el agujero que hay en la parte superior. Encajas la jarra en su compartimento, introduces el cestillo de cocción en la jarra, cierras la tapa superior y le das al botón de cocinar. 
En unos 15 minutos, la máquina pitará diciéndote que ya está la comida lista.

Al abrir la tapa, todos los alimentos están cocinados al vapor en el cestillo, solo hay que sacarlo y reservarlo a un lado. En el fondo de la jarra queda el caldo de cocción, yo lo pongo todo en un vasito y así puedo dosificar mejor la cantidad que voy a necesitar.
En la jarra se ponen todos los alimentos y se añade la cantidad de caldo según el gusto de cada uno. Se pone la tapa antisalpicaduras y se cierra la tapa superior. Damos al botón de triturar y ya tenemos la comida de nuestro peque lista para dársela.

Después de todo este proceso, el cual apenas dura 2 o 3 minutos, la comida suele estar bastante caliente  para dársela al bebé, según el tiempo que hayas dejado pasar desde que pitó la máquina, o si hace frío o calor. ¡Hay que comprobarlo siempre!

Yo, como estoy en casa, siempre lo preparo al momento, pero la mayoría de gente suele preparar y hacer raciones para congelar. Mi hermana lo hace así y queda estupendo.

Cuando empiezan con las papillas, con el cestillo hasta arriba tenía para dos raciones, pero Diego sobre los 9 meses ya se lo zampaba todo de una vez. El tema de las cantidades depende mucho de cada bebé. 

Al principio la empecé a usar para hacerle compotas, que se supone que son más digestivas. Salían genial, mi marido rebañaba todo lo que se dejaba el peque, estaba encantado. Después empecé a prepararle la típica papilla de fruta en crudo, pero no tenía mucho sentido hacerlo en la máquina. Con la minipimer se tritura mucho mejor y es más práctico.
Hasta que no empezó a cenar, la hacíamos trabajar una vez al día, porque un buen día ya no quiso más compotas.
En estos 16 meses hemos usado la Babycook una media de dos veces al día mayormente. Nunca me ha fallado en todo este tiempo.
De hecho, aún la sigo usando depende de lo que haga de comer en casa. O si Diego no ha comido mucha "comida de mayor" le preparo un papillón cada vez que me parece.

Solo tengo una queja importante: la cuchilla. Tritura correctamente, pero según que tipo de carnes, cuestan mucho de triturar. La ternera, por ejemplo se le resiste bastante.

Creo que hay tres puntos de la máquina que son mejorables:
- La cuchilla.
- El botón de triturar debería tener una posición fija, para así no tener que estar accionando todo el tiempo el botoncito y poder hacer otra cosa en ese momento. Aunque ciertamente no se tarda mucho tiempo en esta operación, a mi en esos momentos de comidas me falta tiempo para todo, jaja.
- La calidad del plástico de la jarra. Se ha usado muchísimo, sí, pero enseguida se deterioró. Esta bastante hecha polvo, muy rayada y gastada, pero no afecta al funcionamiento de la máquina.

En general, creo que es un producto muy recomendable. Es muy práctico y rápido, algo que se agradece mucho cuando vas falta de tiempo, que con un bebé es casi siempre. Mi madre la adora, dice que a ella le hubiera encantado tener un cachorro así en su época.
Además, el tipo de cocción al vapor es de lo más sano que hay, y añadiendo un buen chorro de aceite de oliva quedan unos purés muy ricos.

Yo le estoy sacando muchísimo partido porque a mi peque le ha costado bastante empezar a comer trozos, y ya os digo que con casi dos años aún la sigo usando.
Además, cuando guarde la Babycook no será por mucho tiempo, porque de aquí a unos meses volveré a repetir todo el proceso con mi segundo hijo. ¡Espero que la máquina aguante!

martes, 8 de julio de 2014

Preparando la llegada del bebé III: La habitación


El tema de la habitación del bebé está claro que depende de muchos aspectos, pero yo creo que los más importantes son: el factor espacio y económico y si el bebé va a dormir de inmediato en ella.
Yo voy a hablar de como lo enfoqué yo y de como ha sido y vuelve a ser esta experiencia para mí.

Mi marido y yo empezamos a vivir en nuestra casa hace ya casi diez años, cuando apenas teníamos veinte y nos quedaba muy pero que muy lejos lo de ser padres. 
Así que no pensamos ni tuvimos en cuenta para nada el tema a la hora de montarnos la casa. Entre una cosa y otra solo dejamos libre una habitación de las cuatro que tenemos. Montamos una habitación de invitados muy básica y listos.

Cuando me quedé embarazada de Diego, esa habitación tuvo que desaparecer por completo, porque en las otras dos (un vestidor y un despacho) no dejé hueco ni para una cama de 90 cm.
Es la habitación más grande después de la nuestra y la verdad es que es más bien pequeña, pero bueno, por lo menos tiene una forma bastante cuadrada y es luminosa. Tiene una ventana que da a nuestro jardincito y que tiene vistas al parque que tenemos en frente de casa, con unos pinos altísimos con muchos pájaros. No me puedo quejar, aunque preferiría una habitación de 20 metros, jajaja.

El caso es que a la hora de amueblarla decidí ser práctica. Evidentemente me hubiera gustado gastarme un pastón en una cuna de súper diseño y en un mueble cambiador de lujo pero pensé que ese capricho ya me lo daría más adelante. Al fin y al cabo la cuna y el cambiador los van a usar máximo hasta los 2-3 años. Y la habitación que va después de esa, si la planteas bien, les durará hasta la adolescencia, que son muchos años más.

De hecho, el cambio de habitación de mi chico se va a precipitar un poco con la llegada de su hermanito. El nuevo miembro de la familia va a usar los muebles de Diego, aunque eso sí, lo ubicaré en otra habitación. Y mi niño este verano estrenará su habitación infantil, aunque eso lo contaré más adelante.

Antes de comprar cuna y cambiador lo primero de lo que me ocupé fue del armario. Tenía muy claro que eso iba a ser lo único que se quedaría por muchos años en la habitación y que tenía que ser capaz de adaptarse a varias etapas y a mucha ropa. Así que decidí hacerlo lo más grande posible.
Lo ubiqué en la pared más grande y la única en la que no estorbaba ni la ventana ni otras cosas. Así que encargué a un carpintero un armario de pared a pared y de suelo a techo totalmente a medida tanto interiores como exteriores. Es en blanco lacado y con puertas correderas. Muy sencillo y muy práctico, y espero que sea por muchos años.

La elección de la cuna fue muy fácil. Tenía que ser blanca, muy sencilla y del tamaño estándar (60 x 120). También tenía que tener el somier regulable a tres alturas y que un lateral fuera móvil, ahora explico porqué me alegro de mi elección.

Hasta los 5 o 6 meses, que es cuando el bebé empieza a adquirir más movimiento, el somier se mantiene a la altura más alta. Es mucho más fácil cogerlo y dejarlo, y tu espalda lo agradece. 
En cuanto el bebé empieza a darse la vuelta solo lo mejor para nuestra tranquilidad es pasarlo a la altura intermedia. Así aún disfrutas de cierta comodidad un tiempo más y evitas movimientos bruscos al dejarlo en la cuna, que lo que hacen es que el peque puede despertarse. Aunque el bebé sea capaz de mantenerse sentado a los seis meses, aun le queda mucho camino aún para aprender a incorporase él solito.
Entre los ocho y nueve meses, cuando el bebé empieza a gatear, es generalmente cuando aprende a incorporarse por si mismo. Es cuando ya no puedes fiarte ni un pelo porque el día menos pensado se pone de pie. Desde entonces está el somier de la cuna a la última altura.

Lo del lateral móvil no tiene mucha utilidad para dejar al niño en la cuna porque se necesitan las dos manos para bajarlo y con el peque a cuestas como que es bastante difícil. 
Sin embargo, si resulta práctico a la hora de cambiar las sábanas y hacer la cuna y si la mamá en cuestión está embarazada, como es mi caso. Ahora es cuando le estoy sacando más partido a esta función.

Nosotros compramos el modelo Estela de la marca Cotinfant a un precio de 219, 95€



Tal y como se ve en las fotos, opté por una decoración muy clásica y sencilla. El resto de mi casa es bastante moderna y me apetecía hacer algo diferente en la habitación del bebé.

El otro mueble imprescindible (por lo menos para mí), es la cómoda cambiador. Hay que tener en cuenta que te pasas una gran parte del día cambiándole el pañal al bebé, con lo cual es importante que tanto él como vosotros estéis cómodos en el proceso y tengáis todo a mano.
Es importante que el mueble tenga espacio de almacenaje para evitar tener que desplazarse a otros lugares a buscar las cosas con el peque a cuestas en muchas ocasiones, berreando.

Mi mueble tiene tres cajones, una puerta con dos estantes y una estantería exterior.
Sobre la cómoda tengo una cajita con las cremas que más usamos y las toallitas. En la estantería exterior que está en la parte más superior del mueble tengo las cestas con los pañales. También tiene espacio para dejar una pequeña palangana por si tiene el culto irritado, ya que en esos casos es mejor evitar el uso de toallitas para que cure más rápido.
En los cajones tengo los bodis y pijamas, que es la ropa que más a menudo se cambia. Y en la puerta el resto de productos que no tienen tanto uso y los recambios de pañales, toallitas, cremas, etc.

La colchoneta cambiador es bastante sencillita. De hecho, acabo de cambiarla por una nueva (en cuanto pueda le hago fotos y cuento qué tal), ya que como viente otro peque en camino, la inversión me va a compensar porque es algo a lo que le estamos dando mucho más uso del que pensaba en un principio. Diego tiene 22 meses y aún sigo cambiándolo en el cambiador, cada vez es más difícil mantenerlo ahí ya que no para quieto y apenas cabe, pero a mi me va muy bien esa altura para mi barriga y mi espalda. Y tener todo (menos la ropa) en un mismo sitio es muy práctico.

El mueble capricho fue la mecedora. Cuando la compramos, realmente eso pensé, que era un capricho, pero al final resultó que no. Durante toda la lactancia la usé casi todo el tiempo, era el sitio dónde estaba más cómoda para dar el pecho al peque. La mecedora y el sofá, porque en la cama me resultó imposible.
El único inconveniente es que cuando deje de usarla no tengo ni idea de dónde la colocaré...

La cortina no se aprecia apenas en las fotos, pero es que no tengo ni idea de como fotografiar una cortina para que se vea bien. El caso es que es muy sencilla, es un estor de lino blanco con rayas azules muy finitas. Espero poder mantenerla en el cambio de habitación.

Con la decoración, he de reconocer que he sido bastante escasa. Pero sabía que esta habitación no iba a durar mucho y no me he equivocado, no ha llegado ni a los dos años...
Colocamos dos estanterías blancas muy básicas para poner cositas, un cuadro y un vinilo. Para mí, quedó justo como quería; tranquila, despejada y limpia.
Mi intención también era que fuera fácil de limpiar, que pudiera limpiarla cada día sin tener que retirar mil cosas cada vez.

Ahora ya ha empezado la transformación. La he hecho pintar de blanco, hemos empapelado una pared y hemos cambiado la lámpara. Solo la cómoda y la cuna siguen ahí a la espera de que lleguen los nuevos muebles de Diego y poder trasladar lo del bebé a su habitación.

Voy justa de tiempo porque salgo de cuentas a finales de Agosto y los muebles nuevos llegarán o la última semana de julio o (gracias a que medio país se paraliza en agosto) la primera de septiembre.
Mi prisa es básicamente porque no quiero tener que pensar en muebles y decoración cuando llegue el bebé... Él los primeros meses va a dormir en nuestra habitación y Diego puede seguir en su cuna tranquilamente...

Si tengo suerte y llegan los muebles a finales de julio, intentaremos a ver qué tal se las apaña Diego en su cama de mayor. Sólo por aquello que dicen que es mejor no introducir cambios drásticos con la llegada del hermanito. Si este mes de margen hasta que nazca el peque nos da para que Diego se adapte a su cama, genial, si no pues no pasa absolutamente nada, lo intentaremos más adelante y ya está.

Espero que mi experiencia pueda ayudaros a algunas a la hora de planificar la habitación de vuestros bebés.
Yo en general estoy bastante contenta con los resultados, y ahora que estoy repitiendo la experiencia, no me arrepiento de las decisiones que he ido tomando. Incluso me doy cuenta de que en algunas cosas he sido demasiado práctica (o austera, jaja, como en la decoración) Aunque he de decir que tiene sus ventajas, puesto que ahora, con la planificación de las habitaciones no estoy teniendo ninguna dificultad ya que no hay muchas cosas que quitar o mover...

En cuanto pueda me gustaría dedicar una entrada al armario. Ahora mismo lo estoy reorganizando todo para repartirlo entre mis dos niños. Estoy empezando a lavar la ropita del bebé a menos de ocho semanas de salir de cuentas. Con Diego ya lo tenía todo absolutamente listo a estas alturas desde hacía un tiempo... ¡Qué diferente es todo cuando es el segundo embarazo!

jueves, 8 de mayo de 2014

Mi segundo embarazo


¡Vuelvo a estar embarazada!

Si Dios quiere mi hijo se convertirá en hermano mayor en agosto, o sea que se van a llevar dos años justos.
La verdad es que no lo habíamos planeado, pero bueno, tras un fallo "logístico" pues ha pasado y estamos muy contentos e ilusionados.

Ya sabemos con toda seguridad que va a ser otro machote y estamos encantados. Mi marido prefería una niña y se llevó un pequeño chasco, pero la idea de que yo esté en minoría junto con Kira (nuestra perra) le compensa.

He de decir que este embarazo esta siendo muy diferente al primero, en muchos aspectos.
Para empezar, después del aborto que tuve en verano, el primer trimestre lo he vivido con mucho miedo. Esa experiencia me ha cambiado y me ha afectado más de lo que yo pensaba.
Después, no he podido estar muy tranquila tampoco, porque han ido surgiendo dificultades que no tuve en mi primer embarazo.

Está claro que el hecho de estar embarazada no te garantiza que vayas a tener un hijo. El camino está lleno de dificultades, aunque por suerte la mayoría de las veces todo va bien y acabas teniendo a una personita sana.
Desde que decidí ser madre siempre he preferido tener la justa intervención médica. Me he hecho las pruebas justas y necesarias y he ido al médico lo imprescindible. He tenido suerte y con mi primer embarazo apenas surgieron pequeños imprevistos sin importancia.

Pero en este embarazo voy de susto en susto y aún no se me acaba de ir el miedo.
El triple screening salió alterado. Una de las hormonas que miden salía con un nivel inadecuado y aunque el riesgo global de tener un bebé con alguna alteración era muy bajo, no dejan de ser unas pruebas de probabilidades basadas en estadísticas. 
Mi ginecóloga me indicó que lo mejor era hacerme la amniocentesis, que era la única forma de asegurarme de que todo estaba bien.

Me daba miedo hacérmela porque siempre existe un riesgo de aborto, aunque es muy bajo, y por supuesto por los resultados. 
Sobre la prueba en sí, he de decir que me sorprendió gratamente. 
En mi caso no fue nada doloroso. Si me dio un poco de impresión el momento en que la aguja atraviesa las capas de piel, músculos y tejidos varios, pero no me dolió. 
Yo me limité a relajarme y a cerrar los ojos para que me fuera más fácil no moverme y aunque sé que la extracción duró bastantes minutos, se me pasó bastante rápido.
Sí sentí molestias en la zona durante el primer día pero lo que peor llevé fue el reposo.
Hacer reposo absoluto cuando tienes a un niño de 19 meses es imposible. Así que mi santa madre se mudó a casa por unos días.

En 48 horas me dieron los resultados parciales. Gracias a Dios todo estaba perfecto de momento, pero aún me quedaba esperar cuatro semanas para tener los resultados completos.
En los parciales sólo te dicen el resultado de las tres trisomías más comunes y aunque te dicen que es muy difícil que en el resto haya algún problema, es inevitable preocuparse.

Una semana después mi ginecóloga me hizo una ecografía y comprobó que el bebé estaba perfectamente y que la cantidad de líquido era correcta.
Así que de vuelta a la normalidad, lo primero que hice fue coger a mi niño en brazos y darle un fuerte abrazo.
Hace ya unas semanas que me dieron los resultados definitivos de la amniocentesis y gracias a Dios, salieron perfectos. Y menos mal, porque en la ecografía de las 20 semanas me dieron otro susto.

Por lo visto es algo bastante frecuente y que suele desaparecer a las pocas semanas y casi con toda seguridad antes del nacimiento. Pero yo no lo había escuchado en mi vida.
Se trata de dos pequeños quistes que tiene en la cabecita mi bebé. Se llaman quistes coroidales y son de líquido encefalorraquídeo. Son benignos y no afectan a las capacidades intelectuales ni de desarrollo del bebé. Además, como he dicho antes, normalmente desaparecen a las 4 o 6 semanas.

Pero aunque te digan todo esto, da un miedo impresionante. En cuanto la doctora me enseñó la pantalla y enfocó la cabecita diciendo la palabra celebro y quistes..., bufff, os podréis imaginar como me puse. 
Inevitablemente empecé a pensar en lo peor e hice mil preguntas; ¿y si...?, ¿y si...?.... Ya sabemos que los médicos no son muy dados a especular pero aún y así intentaron tranquilizarme todo lo posible.
Después, con la explicación completa y el paso de las horas fui calmándome, pero aún y así hasta que no me hagan la siguiente ecografía la semana que viene y me digan que todo está bien, no podré quitarme esa cosa que tengo en el estómago.

Espero que la semana que viene pueda salir de la consulta de mi ginecóloga sólo con noticias positivas, lo necesito, de verdad.

Este es uno de los motivos por los que no he podido volver del todo al blog. Me cuesta bastante concentrarme, no acabo de estar al 100%. 
Además, con mi pequeño monstruito en plena actividad todo el santo día a veces se me hace imposible coger el ordenador para nada. Básicamente porque si el pequeñajo (20 meses) no tiene el iPad entre sus manos, ni de coña puedo acercarme al portátil si no es con él poniendo sus deditos en todas las teclas y la pantalla... Y claro, el iPad sólo se lo dejo un ratito al día, que no es plan de que el niño esté mucho tiempo enganchado al aparato.

Cuando me enteré que estaba embarazada de nuevo, inevitablemente lo primero en que pensé fue en mi niño, en cómo repercutiría en él la llegada de un hermanito cuando cumpla 2 añitos.
No tengo ni idea de cómo reaccionará, aunque supongo que bastante bien. Ahora cuido a mi sobrina de 7 meses todas las mañanas y él está encantado, y eso que antes el tío pasaba de ella. 
No me preocupo demasiado por este tema, mi hermana y yo nos llevamos solo 14 meses y mi madre siempre dice que ni yo tuve celos (que soy la mayor) y que no fue tan difícil. 

No sé yo. Sobre lo segundo si me preocupo. Mi madre siempre ha sido una súper madre todo terreno y yo no sé si seré capaz de llegar a su nivel, la verdad. Lo voy a intentar, eso seguro.

Por ahora, disfruto a tope de mi hijo e intento que mi embarazo influya lo menos posible en mi relación con él. Aunque cada vez es más complicado, con 24 semanas casi, tengo más barriga que la primera vez y más peso, así que intento no cogerlo mucho. 
Aunque él no tiene ni idea de lo que hay dentro, me hace mucha gracia que se dé cuenta de mi barriga y que incluso la acaricie. Ahora que ya se mueve bastante seguro que un día de estos notará a su hermanito, tengo muchas ganas de ver que cara pone.

Ya sea el segundo embarazo, el cuarto o el primero es muy importante vivirlo con tranquilidad y normalidad. Yo llevo unas semanas bastante agitadas emocionalmente por varios motivos y no me gusta nada, no me siento nada bien cuando me altero o disgusto. En seguida noto que mi bebé se agita y se mueve demasiado y me siento culpable.
Hay algunas veces que desgraciadamente, por cuestiones de la vida es inevitable que algo te afecte, al fin y al cabo la vida sigue aunque estés embarazada. Pero hay veces que sí está en nuestras manos (y/o en las de los demás) evitar ese tipo de situaciones.

A pesar de no ser tan consciente de mi embarazo (es imposible volverlo a vivir con la intensidad del primero), sé que estoy muchísimo más sensible y que todo me afecta más de lo normal. 
Muy pocas personas entienden esto de una manera práctica, así que mi consejo es ¡procurar pasar el máximo de tiempo posible con las que si lo hacen!
Los humanos solemos buscar apoyo y comprensión en las etapas y momentos más importantes de nuestra vida, y la maternidad, sin duda, es uno de ellos y uno de los más significativos y vitales.

martes, 11 de febrero de 2014

Cuando un recién nacido se pone malito


Sé que desgraciadamente hay muchos recién nacidos, bebés y niños con problemas de salud muy graves.
La experiencia que voy a contar no es nada comparado con lo que pasan muchos pequeñitos y sus familias.
De hecho, cuando mi príncipe se puso malito, yo pensaba muy a menudo en esas madres y me decía: "Cris, hay muchas mujeres que están mil veces en peor situación que tú y no se vienen abajo."

Mi intención al publicar esto (y cada una de las cosas que escribo en el blog), siempre es dar a conocer mi visión o experiencia sobre la maternidad.
Si alguna mami o futura mami que me ha leído alguna vez se ha enterado de algún entresijo más de la maternidad o se siente comprendida o identificada con alguna experiencia mía, yo doy por satisfechas todas las horas que invierto en el blog. De verdad.

La empatía en la maternidad es un sentimiento muy fuerte. Y muy reconfortante.

Cuando un recién nacido se pone malito

Desgraciadamente, cuando mi príncipe tenía apenas cuarenta días, se puso bastante malito.
Una mañana de domingo noté que algo no iba muy bien, mi hijo estaba bastante raro.

1º Signo de alarma: Falta de apetito.
Eso se nota muchísimo en un recién nacido que sólo toma pecho. Apenas quería mamar.
2º Signo de alarma: Duerme más de lo normal.
Solo quería dormir y dormir. Si se despertaba, se volvía a dormir en un momento, sin teta incluso.
Estos signos son suficientes para darse cuenta de que al pequeño le pasa algo. Lo siguiente es ponerle el termómetro rápidamente.
3º Signo de alarma: Fiebre. En un recién nacido (menos de tres meses) 36,5 - 37ºC se considera fiebre.

Si cumple alguno de estos tres síntomas HAY QUE LLEVARLO A URGENCIAS.

Cuando llegas a urgencias, los bebés de menos de tres meses tienen siempre prioridad, así que no ha de consentirse ninguna espera.

Por suerte, en cuanto nosotros llegamos al hospital nos atendieron.
En seguida, nos vio una pediatra que lo examinó a fondo. Nos hizo todo tipo de preguntas y sobretodo, se fió de mi opinión como madre. Me dijo que como  yo era la que mejor conocía a mi hijo,  no iban a ignorarme. Eso me tranquilizó muchísimo.

Después de examinarlo, me dijo que no sabía que le pasaba a mi hijo. Que en principio, sus constantes eran normales, pero que tenían que hacerle pruebas.
Le pusieron una vía para recoger una muestra de orina y le hicieron una analítica.
En la orina salió un leve rastro de infección.
Decidieron punzarle en la espalda para obtener líquido cefalorraquídeo. Y después, le abrieron una vía en la manita.

Mi bebé que apenas tenía un mes y medio... Pobrecito mío todo lo que tuvo que pasar. Yo ya tenía más miedo por todo lo que le estaban haciendo que por como estaba él. Mi marido incluso por un momento se negó a que le hicieran la punción lumbar. Y es que daba tanta pena.

Nos dijeron que había que esperar al resultado de los cultivos, y que por ahora, obviamente, el niño tenía que quedarse hospitalizado. Le iban a administrar antibióticos por prevención y a controlarlo todo el tiempo.

No hace falta decir que no habíamos pasado más miedo en toda nuestra vida.

Entre prueba y prueba fue mamando un poco más.
Le administraban el antibiótico por la vena, lo cual le molestaba bastante. Además, la vía era un tostón, se le salió tres o cuatro veces y volvérsela a poner era un martirio para el pobre.
Hay que tener en cuenta que a un recién nacido es súper complicado encontrarle la venita...

Estuvimos todo el domingo en urgencias con las pruebas y por fin, a la noche ya nos trasladaron a una habitación.


Teta 24 horas

Yo por lo menos, a mis veintiocho años, cuando no estoy bien, aún sigo recurriendo antes que a nadie a mi madre. Lo que más repito cuando me pasa algo es: ¡Mamá! Y es que como una madre no hay nada.
Ahora yo soy eso para otra persona, y la verdad, aún me cuesta creerlo. 

Después de la primera noche en el hospital, el peque empezó a estar más irritable.
La fiebre apenas le bajaba y debía de tener mucho malestar.
Solo se calmaba cuando le daba el pecho, que era a todas horas. Sí, de acuerdo que yo le daba el pecho a demanda, pero esa demanda era una pasada.
Acababa de curarme unas grietas hacía un par de días y en apenas doce horas de estar en el hospital ya las tenía otra vez.

Lo peor era cuando tenía que salir de la habitación para poder comer algo que no fuera un bocadillo. La verdad es que lo hacía sin ganas, porque yo sólo quería estar con mi hijo. Pero al menos, tenía que salir media hora al día de aquella habitación.
Esperaba a que estuviera dormidito y viniera mi marido o algún familiar para salir corriendo, pero la mayoría de las veces era abrir la puerta y el niño se despertaba y lloraba...

Aluciné con que no me dieran de comer en el hospital. Me peleé con mi mutua y me dijeron que en ningún caso cubren las dietas del acompañante. Ya no digamos cuando lo mencioné en el hospital (público - concertado), casi les dio la risa.
Me parece muy fuerte cuando el "acompañante" es el único alimento del paciente. Cuando el "acompañante" es la madre lactante de un paciente que tiene un mes y medio de vida. En fin...

Mi marido me trajo un sacaleches, pero como ya expliqué, era una tortura. Lo que hubiera dado por tener en esos días el sacaleches eléctrico de Medela que me acabé comprando más tarde. Nos hubiera ayudado muchísimo entonces.


Incertidumbre

Desde el domingo a mediodía estábamos en un sin vivir por no saber lo que tenía el niño.
La espera se hizo larguísima, aún más viendo que la fiebre del pequeño no bajaba y que cada vez estaba más irritable.
Lo controlaban muy a menudo y estaban súper pendientes de él. Las enfermeras no se pasaban ni un segundo cuando le tenían que administrar la medicación.
Me decían que cada vez que el peque hiciera caca (por cierto, verde y rara al principio), las avisara para que pudieran verla.  La verdad es que estuvo muy bien atendido.

Hasta el martes no supimos que lo que padecía mi niño era una meningitis por enterovirus.


¿Qué es la meningitis?

Es una inflamación de las meninges, las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal. En general, la meningitis se contrae a través de un virus ("meningitis aséptica") o de bacterias. 
La meningitis que afecta a bebés desde el nacimiento hasta los 2 o 3 meses se denomina meningitis neonatal. Ya sea viral o bacteriana, puede ser muy grave, y cualquier retraso en iniciar el tratamiento podría llegar a causar sordera, retraso mental y hasta la muerte. 
En bebés mayores y niños, cuando la meningitis se contrae a través de un virus, resulta por lo general más leve y desaparece por sí sola en unos diez días. Sin embargo, la meningitis bacteriana ataca rápidamente y es muy grave. 
La mayoría de los virus que causan meningitis en los niños pertenecen al grupo conocido como enterovirus. Por ejemplo, el virus Coxsackie, responsable de la enfermedad mano-pie-boca es un enterovirus que puede causar meningitis. Extracto de un artículo de BabyCenter.

Más o menos fue esto lo que nos explicaron. Nos tranquilizaron muchísimo al decirnos que no era una meningitis bacteriana y que seguro que no le quedaría ninguna secuela.
Nos dijeron que se suspendía la administración del antibiótico y que no le darían ninguna medicación más aparte del antitérmico, ya que no hacía falta.
Eso sí, hasta que no estuviera veinticuatro horas sin fiebre tendría que estar hospitalizado.

Nuestra breve experiencia con el colecho

Dormía mucho pero muy mal. Entre la fiebre, el malestar general que le ocasionaba el virus, el no estar en su casa, el manoseo de médicos y enfermeros... Buf, horrible. 
El tiempo que estaba despierto lo pasaba en mis brazos o en la teta. Cuando se dormía y lo dejaba en la cuna se despertaba. La única manera de que durmiera decentemente era en mis brazos.

Yo no me había planteado la opción del colecho por varias razones que sigo manteniendo. Pero en ese momento era lo que necesitaba mi hijo. Y la verdad, si yo quería servir de algo a mi niño, tenía que dormir también. 

Así que durante esos cinco días, mi hijo y yo fuimos uña y carne literalmente. Teta y brazos de día, teta y brazos de noche.
La cama que me ponían para que durmiera en el hospital no era la más adecuada, pero no se cayó ni una vez. 
Eso sí, aunque fui capaz de dormir, no he dormido peor en toda mi vida. Todo el tiempo en tensión, acalorada... Pero lo más importante es que él dormía como un bendito.

No tenía ni idea de como sería cuando volviéramos a casa. Yo estaba preparada para todo, tenía muy claro que si aún necesitaba dormir conmigo no lo iba a obligar a dormir solo.


Por fin, ¡el alta médica!

Y al quinto día, le bajó la fiebre.
El jueves al mediodía hizo veinticuatro horas sin fiebre y por fin, pudimos volver a casa.
Simplemente nos indicaron que le controláramos la fiebre varias veces al día y si no volvía a tener, que una semana le viera su pediatra.
Tenía que acabar de pasar la enfermedad sólo y en casa.

La verdad es que mi niño no volvió a ser el mismo por completo hasta que volvimos a nuestro hogar. Es totalmente cierto que el hospital es un entorno nada ideal para una cosita tan pequeña (ni para nadie).
Siguió irritable unos días más pero no volvió a tener fiebre ni a estar desganado. En muy poco tiempo ya se le notaba que no tenía ningún tipo de malestar.

El pediatra del peque lo examinó y lo vio fenomenal. Pero nos recomendó hacerle una ecografía de la cabeza para estar totalmente seguros de que estaba perfecto.
Se la hicimos y así fue.

Y gracias a Dios, no hemos vuelto a tener ningún susto (toco madera).


La vuelta a la normalidad

Yo lo pasé bastante mal durante esos días. Siempre he sido muy pero que muy alérgica a los hospitales y en apenas mes y medio había pasado diez días en dos. Demasiado para mí.
Entre la preocupación por mi hijo, la lactancia materna, el colecho y el agobio de volver a estar encerrada, cuando volví otra vez a mi casa me sentí eufórica.

Mi hijo volvió a dormir en su mini cuna tan a gusto como antes de ponerse malito. No ha necesitado volver a dormir conmigo desde entonces. 
Poco a poco, volvió a comer con normalidad, con lo cuál mis pechos volvieron a curarse. 

Cuando mi bebé estuvo malito, sentí el miedo de verdad. Todo el miedo que había sentido a lo largo de mi vida, no es nada comparado con lo que sentí hasta que supe que él no corría peligro.

Desde este humilde rinconcito en el gran universo de los blogs, quisiera reconocer a esas madres fuertes, generosas y llenas de amor que tienen a sus hijos enfermos.
Mis mejores deseos para ellas y sus hijos.